El mundo… se estaba rompiendo.
No lentamente.
No con advertencia.
Se estaba apagando.
La ciudad desaparecía en fragmentos. El cielo se quebraba como vidrio. El aire… dejaba de existir.
Y en el centro de todo…
Tai.
De pie.
Inmóvil.
La oscuridad lo consumía desde adentro hacia afuera.
—…no…
Iris lo sostenía.
Pero ya no alcanzaba.
—¡TAI, PARÁ!
Él la miró.
Y en sus ojos…
ya no quedaba mucho.
—No hay otra forma…
Su voz era distante.
Lejana.
—Sí la hay…
—No.
Silencio.
—Esto termina conmigo.
El Director observaba.
Sin intervenir.
Sin apuro.
—Finalmente… —murmuró—. elige.
Las naves resistían como podían.
Pero incluso EON…
no controlaba esto.
—No te voy a dejar —dijo Iris.
—No podés quedarte.
—No me voy.
—Te voy a borrar.
—Entonces borrame.
Silencio.
Golpe directo.
Más fuerte que cualquier poder.
Tai cerró los ojos.
—No digas eso…
—Entonces no me dejes.
El mundo colapsó otro nivel.
La grieta invisible… presionaba desde todos lados.
—…ahora… —susurraron las voces—
—…abrir…
Iris tembló.
—Está volviendo…
—Lo sé.
Tai respiró hondo.
Por última vez… como humano.
—Escuchame.
Ella negó.
—No.
—Escuchame.
Su voz… firme.
Real.
—Si me quedo así…
Una pausa.
—Voy a destruir todo.
Silencio.
—Incluyéndote.
Iris lo miró.
Y esta vez…
no discutió.
Porque lo entendió.
De verdad.
—Entonces no te quedes así.
Tai frunció el ceño.
—¿Qué?
—No absorbas…
Se acercó.
—Equilibrá.
Silencio.
—¿Qué…?
—No sos solo destrucción.
Le tocó el pecho.
—Yo tampoco soy solo una puerta.
El aire vibró.
—Somos… lo mismo.
El mundo dudó.
Literalmente.
Por un segundo…
todo se frenó.
—Si vos te volvés el ancla… —continuó Iris—
—yo puedo ser el límite.
Silencio.
—Juntos.
Tai la miró.
Algo en él…
recordó.
—…equilibrio…
—Sí.
—Eso no garantiza nada.
—Nada de esto lo hace.
El Director entrecerró los ojos.
—Interesante…
Las voces gritaron.
—…error…
—…no permitido…
La presión aumentó.
—¡AHORA! —gritó Iris.
Tai tomó su mano.
Y no soltó.
Por primera vez…
no resistió su poder.
Lo aceptó.
Oscuridad.
Frecuencia.
Choque.
No violento.
Perfecto.
El mundo no explotó.
Se alineó.
La grieta apareció.
Pero no como antes.
Más pequeña.
Más débil.
Inestable.
—…no…
—…rechazo…
Tai avanzó.
Pero no solo.
Iris con él.
—No van a pasar —dijo él.
—No otra vez —dijo ella.
Y juntos…
cerraron.
No con fuerza.
Con equilibrio.
La grieta…
desapareció.
La entidad…
desconectada.
El otro lado…
sellado.
Silencio.
Total.
Absoluto.
Las naves cayeron.
Sin energía.
Sin control.
Los Herederos…
inertes.
El Director…
retrocedió.
Por primera vez.
—Imposible…
El mundo volvió.
Lento.
Frágil.
Pero vivo.
Tai soltó el aire.
—…terminó…
Iris no respondió.
Porque algo no estaba bien.
—Tai…
Él bajó la mirada.
Sus manos…
no eran las mismas.
Oscuridad pura.
Estable.
Pero permanente.
—…no…
—No puedo volver.
Silencio.
—No completamente.
Iris miró a su alrededor.
El mundo.
La gente.
Todo eso…
—Nos va a rechazar…
Tai asintió.
—Sí.
—¿Y si me quedo?
—Te va a consumir.
—No si estás vos.
Silencio.
El viento pasó.
Suave.
Humano.
Pero ya no para ellos.
Tai la miró.
—Podés volver.
—No.
—Podés tener una vida.
—No sin vos.
Silencio.
—Esto no es vida.
Iris sonrió apenas.
—Es la nuestra.
El mundo empezó a alejarse.
Literalmente.
No ellos.
El mundo.
Como si ya no compartieran el mismo plano.
El Director observó.
—…evolución…
Una pausa.
—No controlable.
Y entonces…
desaparecieron.
No murieron.
No se perdieron.
Solo…
dejaron de estar.
Nora del autor: Mí única red social es IG: danielvalmontof
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Editado: 24.04.2026