Frecuencia Cero: Venganza ( Saga Genesis 4)

Prologo: Jaula de Voltaje

El olor a metal quemado nunca se iba.
Se pegaba a la piel.
A la garganta.
A los recuerdos.
El cuarto era blanco.
Demasiado blanco.
Pero las paredes estaban marcadas.
Negras.
Chamuscadas.
Como cicatrices.
Y en el centro
él.
Tai.
De rodillas.
Respirando lento.
Forzado.
Controlado.
El visor negro cubría sus ojos.
No para protegerlo.
Para contenerlo.
—Nivel de carga estable.
Una voz fría.
Mecánica.
—Iniciar prueba.
Tai no respondió.
Nunca respondía.
Dos hombres entraron.
Trajes aislantes.
Guantes reforzados.
Miedo en los ojos.
Aunque intentaban ocultarlo.
—Objetivo designado.
Un tercero fue empujado dentro del cuarto.
Atado.
Desesperado.
—No… por favor…
Tai levantó apenas la cabeza.
No lo miró.
No podía.
Pero lo sintió.
El pulso.
La electricidad en su cuerpo.
La vida.
—Descarga controlada.
Ordenó la voz.
—Ahora.
Silencio.
Tai cerró los puños.
Las manos comenzaron a temblar.
Pequeños arcos eléctricos saltaron entre sus dedos.
—No…
Susurró.
Casi inaudible.
—Ejecución obligatoria.
Y entonces la pantalla se encendió.
Dos imágenes.
Una chica.
Asustada.
Encadenada.
Otra.
Llorando.
Intentando mantenerse fuerte.
Su hermana y su novia.
El mundo se quebró.
Otra vez.
Tai apretó los dientes.
El aire vibró.
Las luces parpadearon.
—No me obliguen…
—Cumplí.
Un segundo.
Y lo hizo.
DESCARGA
El sonido no fue un trueno.
Fue peor.
La electricidad salió de él como un animal salvaje.
Violenta.
Imparable.
El hombre gritó.
Un segundo.
Nada más.
Y luego silencio.
El cuerpo cayó.
Sin vida.
Sin forma.
El olor a quemado se volvió insoportable.
Tai no se movió.
No habló.
No respiró por un momento.
—Prueba completada.
Dijo la voz.
Satisfecha.
Las imágenes desaparecieron.
Y él…
se rompió un poco más.
TIEMPO DESPUÉS
Nadie supo exactamente cuándo pasó.
Ni cómo.
Solo que una noche las alarmas no sonaron.
Las cámaras fallaron.
Y la electricidad…desapareció.
Toda.
Oscuridad total.
DENTRO DE LA JAULA
Tai estaba de pie.
Por primera vez en mucho tiempo.
El visor roto.
Sus ojos iluminados.
Azules.
Eléctricos.
Vivos.
—No más…
Susurró.
Las cadenas explotaron.
Las puertas se abrieron solas.
Los pasillos se iluminaron…
y luego murieron.
Uno por uno.
CAZA INICIAL
Gritos.
Disparos.
Caos.
Pero no importaba.
Porque esta vez.
Tai no estaba obedeciendo.
Estaba eligiendo.
Un hombre corriendo.
Desesperado.
—¡DETÉNGANLO!
Tai apareció delante de él.
Sin hacer ruido.
—¿Dónde están?
Silencio.
Temblor.
—No… no sé…
Un arco eléctrico le rozó el cuello.
—Mentís.
La luz explotó.
Y esa noche no escapó un experimento.
Nació algo peor.
Alguien que ya no tenía nada que perder.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.