Frecuencia Cero: Venganza ( Saga Genesis 4)

Capitulo 1: Ruido muerto

La ciudad nunca dormía… pero había aprendido a callar.
Tai lo sabía mejor que nadie.
Desde lo alto del edificio, con el sobretodo negro ondeando apenas por el viento helado, observaba el caos contenido allá abajo. Luces de neón parpadeando como si el sistema nervioso de la ciudad estuviera fallando. Sirenas a lo lejos. Gente caminando rápido, sin mirar a nadie. Sin meterse en problemas.
Porque en esta ciudad… meterse en problemas era morirse.
Su visor negro ocultaba sus ojos, pero no la tensión en su mandíbula.
—Frecuencia estable… —murmuró.
Un leve arco eléctrico recorrió sus dedos.
Crack.
Azul. Vivo. Peligroso.
No era un poder. Era una maldición.
Y esta noche… iba a usarla.
Abajo, el edificio objetivo se alzaba como una cicatriz de concreto: sin ventanas visibles en los pisos inferiores, con guardias armados en cada acceso. No había cartel, ni nombre.
Pero Tai lo conocía.
—Sector 9… —susurró.
Donde todo empezó.
Donde se las llevaron.
Su hermana.
Su novia.
Dos nombres que ya no pronunciaba en voz alta… porque decirlos hacía doler demasiado.
Cerró los ojos un segundo.
Y el recuerdo lo golpeó igual que siempre.
Gritos.
Luces blancas.
Descargas.
El olor a carne quemada.
—“Tu frecuencia es inestable, Tai… no servís.”
Los puños se le tensaron.
El aire vibró.
La electricidad respondió.
—Sí sirvo —dijo, abriendo los ojos—. Sirvo para destruirlos.
Sin más, dio un paso al vacío.
Cayó.
El viento le desgarró el rostro mientras descendía a toda velocidad. A mitad de caída, su cuerpo se tensó… y la electricidad explotó a su alrededor.
BOOM.
Una descarga brutal frenó el impacto justo antes de tocar el suelo. El pavimento se agrietó bajo sus botas.
Los guardias ni siquiera tuvieron tiempo de reaccionar.
El primero levantó el arma.
Tai ya estaba enfrente.
Un golpe.
Electricidad directa al pecho.
El cuerpo salió despedido contra la pared, inerte.
El segundo disparó.
Dos balas.
Tai inclinó apenas la cabeza.
Una le rozó el hombro.
La otra… se desvió.
Un chispazo en el aire la empujó fuera de trayectoria.
—Error —dijo Tai.
Extendió la mano.
Y lo atravesó con una descarga que iluminó toda la entrada.
Silencio.
Humo.
Carne quemada.
Respiró hondo.
No había vuelta atrás.
Nunca la hubo.
Avanzó.
Las puertas del Sector 9 eran de acero reforzado. Blindadas. Electrificadas.
Tai apoyó la mano.
Sonrió apenas.
—Mala elección.
La electricidad de su cuerpo invadió el sistema como un virus furioso. Las luces explotaron. Los circuitos se derritieron.
Y las puertas…
cedieron.
Se abrieron con un gemido metálico.
Oscuridad adentro.
Fría.
Artificial.
Esperándolo.
Tai dio el primer paso hacia el interior.
—Aguanten… —susurró, casi sin voz—. Ya voy.
Pero en lo profundo del edificio…
algo lo estaba esperando.
Y no era humano.
Las luces se encendieron de golpe.
Rojas.
Alarma.
Y una voz distorsionada inundó el lugar:
—Sujeto Tai detectado. Protocolo de contención: activo.
Tai levantó la vista.
Y sonrió.
Esta vez… de verdad.
—Perfecto.
Los arcos eléctricos estallaron alrededor de su cuerpo.
—Mi venganza… comienza ahora.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.