Frecuencia Cero: Venganza ( Saga Genesis 4)

Capitulo 3: El hombre detrás del ruido

El primer disparo casi le atraviesa la cabeza.
Tai se movió antes de pensarlo.
El mundo se volvió lento.
Las descargas de energía surcaron el aire como lanzas blancas, quemando todo a su paso. El pasillo explotó en fragmentos de concreto y chispas.
Tai corrió.
No… se deslizó entre la muerte.
Cada paso era un cálculo.
Cada movimiento, instinto puro.
Se impulsó contra la pared, giró en el aire y lanzó una descarga que hizo estallar dos torretas al mismo tiempo.
BOOM. BOOM.
Pero había más.
Siempre había más.
—¡Vamos! —rugió.
Extendió ambas manos.
La electricidad salió en forma de arco, rebotando entre las torretas, sobrecargando sus sistemas.
Una… dos… cinco…
Explosiones en cadena.
El pasillo quedó envuelto en humo negro.
Silencio.
Otra vez.
Pero esta vez… no duró.
—“Notable.”
La voz no venía de los altavoces.
Venía de todos lados.
Más limpia.
Más… humana.
Las luces rojas se estabilizaron.
El humo comenzó a disiparse lentamente.
Y entonces…
la pared del fondo cambió.
Un panel oculto se deslizó hacia arriba, revelando una superficie de vidrio reforzado.
Detrás…
una sala iluminada.
Blanca.
Clínica.
Y en el centro…
él.
Un hombre alto, delgado, con el cabello perfectamente peinado hacia atrás. Traje oscuro. Guantes negros. Mirada tranquila.
Demasiado tranquila.
Sostenía una tablet en la mano.
Observándolo.
Como si fuera… un experimento más.
Tai apretó los dientes.
—…vos.
El hombre inclinó apenas la cabeza.
—Ha pasado tiempo, Tai.
Esa voz.
Ese tono.
No había duda.
—Doctor… —escupió, con odio—. Kessler.
El Dr. Kessler sonrió levemente.
—Me alegra ver que tu memoria no se vio afectada por el proceso.
—¿Proceso? —la electricidad comenzó a crecer alrededor de Tai—. ¿Así le llamás a esto?
Se señaló el cuerpo.
La energía.
El dolor.
—Te convertiste en algo extraordinario —respondió Kessler, con total calma—. Más de lo que jamás proyectamos.
—Arruinaste mi vida.
—La optimicé.
El aire se volvió pesado.
Peligroso.
—¿Dónde están? —preguntó Tai, directo—. Decímelo… y capaz te mato rápido.
Kessler caminó lentamente hacia el vidrio.
No tenía miedo.
Eso era lo peor.
—Siempre tan emocional —dijo—. Ese fue tu defecto principal.
Se detuvo frente a él.
Cara a cara.
Separados por una pared.
—Y también… tu mayor potencial.
Tai golpeó el vidrio.
BOOM.
Una descarga brutal impactó… pero el vidrio apenas vibró.
—¡¿DÓNDE ESTÁN?!
Por un segundo…
silencio.
Kessler lo observó.
Analizándolo.
Como antes.
Como siempre.
—Tu hermana… —dijo finalmente.
Tai dejó de respirar.
—…sobrevivió mejor de lo esperado.
El mundo se redujo a esa frase.
—¿…qué?
—Su adaptación fue… limpia. Estable. Hermosa, incluso.
No sonaba como alguien hablando de una persona.
Sonaba como alguien describiendo una máquina perfecta.
Tai sintió algo romperse adentro.
—¿Y mi novia?
Kessler no respondió de inmediato.
Eso fue suficiente.
La electricidad alrededor de Tai se volvió caótica.
Salvaje.
—Decilo.
Silencio.
—DECILO.
Kessler suspiró.
Como si fuera una molestia menor.
—No todos los sujetos logran soportar la transición.
Un pitido agudo llenó los oídos de Tai.
—No…
—Pero no te preocupes —continuó Kessler—. Su información… fue muy útil para perfeccionar...
El vidrio explotó.
Esta vez sí.
Tai lo atravesó como un rayo.
Velocidad pura.
Furia absoluta.
Apareció dentro de la sala en un instante.
Mano extendida hacia el cuello de Kessler.
Y se detuvo.
A centímetros.
Su cuerpo… no respondía.
Sus músculos temblaron.
—¿Qué…?
Intentó moverse.
Nada.
Kessler ni siquiera se había inmutado.
—Parálisis neural —explicó, ajustándose el guante—. Sabíamos que eventualmente volverías.
Se acercó un paso más.
Y apoyó dos dedos en el pecho de Tai.
Justo sobre su núcleo.
—Después de todo… esto —susurró— lo hicimos nosotros.
El dolor fue inmediato.
Intenso.
Insoportable.
La electricidad de Tai… se volvió en su contra.
—¡AAAAA!
Cayó de rodillas.
El cuerpo fuera de control.
Convulsionando.
—Tu frecuencia sigue siendo inestable —dijo Kessler, tranquilo—. Pero eso… se puede corregir.
Chasqueó los dedos.
Puertas laterales se abrieron.
Y entraron.
Tres figuras.
Humanas.
Pero no del todo.
Ojos brillando.
Cuerpos modificados.
Soldados.
Mejorados.
—Unidad de contención —ordenó Kessler—. Tráiganmelo.
Tai, temblando, levantó la cabeza.
Los miró.
Y sonrió.
A pesar del dolor.
A pesar de todo.
—…error.
Un pulso.
Pequeño.
Invisible.
Pero suficiente.
El sistema falló.
Un segundo.
Eso necesitaba.
La parálisis se rompió.
Y la electricidad explotó desde adentro.
BOOOOOOM.
La onda expansiva lanzó todo por el aire.
Vidrios.
Equipos.
Cuerpos.
Tai se levantó entre el caos.
Respirando como una bestia.
Los ojos ocultos… pero llenos de algo peor que odio.
—Esto ya no es rescate —dijo, con voz rota—.
Miró a Kessler.
Directo.
—Es exterminio.
Kessler, tirado entre los restos… sonrió.
Por primera vez… de verdad.
—Perfecto.
Y entonces…
aplaudió.
Lento.
—Ese es el Tai que quería ver.
Las luces cambiaron.
Blancas.
Intensas.
Y una compuerta gigante comenzó a abrirse detrás de él.
Algo venía.
Algo grande.
Algo que hacía que incluso la electricidad de Tai… reaccionara.
—Veamos —dijo Kessler— si podés destruir… tu mayor fracaso.
Tai giró lentamente la cabeza.
La oscuridad dentro de la compuerta…
se movió.
Y dio un paso al frente.
—…
El corazón de Tai se detuvo.
—No…
Porque esa silueta…
esa presencia…
—…no puede ser.




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