No hubo explosión.
No hubo sonido.
Solo… ausencia.
Como si el mundo hubiera sido apagado por un instante.
La luz blanca del recinto desapareció por completo. Las paredes, el suelo, el aire mismo… dejaron de responder como materia.
Todo vibraba.
Todo fallaba.
Y en el centro…
Tai.
De rodillas.
Con la cabeza baja.
Inmóvil.
Pero algo estaba mal.
Muy mal.
Su electricidad ya no chisporroteaba.
No había arcos.
No había descargas.
Había…
vacío.
Un espacio muerto a su alrededor donde nada funcionaba.
Donde la energía simplemente…
dejaba de existir.
Jennefer retrocedió un paso.
Instinto.
Por primera vez desde que él llegó.
—Esto… no es posible…
Intentó estabilizar el entorno.
Liberó su frecuencia perfecta.
Ondas limpias.
Precisas.
Pero cuando tocaron ese espacio alrededor de Tai…
se desintegraron.
Sin resistencia.
Sin choque.
Como si nunca hubieran estado ahí.
—Anulación total… —murmuró, procesando—. Eso no es energía…
No.
No lo era.
Tai levantó la cabeza.
Sus ojos…
no brillaban.
No tenían color.
Eran pozos oscuros.
Profundos.
Sin fondo.
—¿…Tai? —dijo jennefer.
Pero la respuesta no llegó.
Porque eso…
ya no era solo Tai.
Se puso de pie.
Lento.
Mecánico.
Cada movimiento… hacía que el mundo crujiera.
El aire se comprimía.
El sonido se distorsionaba.
—Frecuencia… —susurró.
Su voz venía de todos lados.
Superpuesta.
Rota.
—Cero.
Y el concepto mismo de energía…
murió.
El suelo bajo sus pies se volvió gris.
Sin vida.
Sin reacción.
Una zona muerta que se expandía lentamente.
Jennefer apretó los dientes.
—No.
Levantó ambas manos.
Su poder al máximo.
La sala entera respondió.
La luz volvió.
Más intensa.
Más pura.
Más perfecta.
—Yo soy el equilibrio —dijo—. Yo corrijo el error.
Lanzó todo.
Un pulso masivo.
Capaz de reescribir cualquier anomalía.
Directo a Tai.
Impacto.
Silencio.
Nada.
La onda se desvaneció antes de tocarlo.
Consumida.
Borrada.
Los ojos de jennefer se abrieron apenas.
—No podés… existir así…
Tai inclinó la cabeza.
—Tampoco ellos… podían.
Un paso.
La zona muerta creció.
El suelo bajo jennefer comenzó a perder color.
Su frecuencia… a fallar.
—Esto termina acá —dijo ella.
Se movió.
Velocidad perfecta.
Apareció frente a él.
Golpe directo al núcleo.
Pero cuando su mano tocó ese espacio…
dolor.
Real.
Brutal.
—¡Aaaaaa!
Su brazo se desestabilizó.
La energía… se apagó.
Retrocedió de inmediato.
Mirando su propia mano.
—Está… desapareciendo…
Tai la observó.
Sin emoción.
—Todo desaparece.
Un paso más.
—Es cuestión de tiempo.
Jennefer respiró hondo.
Procesando.
Adaptando.
—Entonces… no te voy a corregir.
Bajó la postura.
—Te voy a eliminar.
Por primera vez…
decisión real.
No lógica.
No cálculo.
Decisión.
Liberó todo su poder.
Sin contención.
Sin perfección.
La sala explotó en luz.
El sistema entero reaccionó.
Sobrecarga.
Advertencias.
Pero Jennefer no se detuvo.
—Si no podés ser salvado… no podés existir.
Tai no se movió.
Esperó.
La luz la envolvió completamente.
Su cuerpo brillaba como un núcleo vivo.
Perfecto.
Absoluto.
—Adiós… hermano.
Se lanzó.
Todo su poder concentrado en un solo punto.
Impacto directo.
Contra Tai.
Y por un segundo…
el mundo volvió.
Luz y oscuridad chocando.
Existencia contra anulación.
Orden contra vacío.
Y en ese instante…
Tai reaccionó.
No con fuerza.
No con violencia.
Con decisión.
Extendió la mano.
Y tocó la de ella.
Silencio total.
La luz de Jennefer parpadeó.
Su cuerpo se congeló.
—¿…qué…?
Tai la miró.
De cerca.
Muy cerca.
Y por un instante…
algo volvió.
Un eco.
—Yo… también te quería salvar.
La zona muerta la envolvió.
Lento.
Inevitable.
Su luz empezó a apagarse.
—No… esperá… —susurró Jennefer, por primera vez… con miedo.
Real.
Humano.
—Tai…
Pero él ya no dudaba.
—Este lugar… este mundo…
Su voz era un abismo.
—Se terminó.
La luz en los ojos de Jennefer tembló.
—Yo… no quería… perderte…
Silencio.
Un segundo eterno.
Y Tai…
cerró los ojos.
—Yo ya te perdí.
Y soltó.
La energía de Jennefer colapsó.
No explotó.
No gritó.
Simplemente…
se apagó.
Su cuerpo cayó.
Sin vida.
Sin luz.
Sin perfección.
Nada.
La zona muerta dejó de expandirse.
Pero no desapareció.
Se quedó ahí.
Como una herida en la realidad.
Tai permaneció de pie.
Solo.
Otra vez.
Pero esta vez…
no quedaba nada.
Ni objetivo.
Ni familia.
Ni razón.
El silencio era absoluto.
Hasta que…
una voz.
Distinta.
Nueva.
Desde lo profundo del sistema.
—“Frecuencia Cero… confirmada.”
Pantallas ocultas se encendieron.
Datos.
Registros.
Observación.
—“Fase final del experimento: completa.”
Tai no reaccionó.
—“Procediendo a activación global.”
La estructura entera comenzó a vibrar.
Pero no como antes.
Esto era más grande.
Mucho más.
—“Liberación en 3…”
Tai levantó la cabeza.
Por primera vez desde la transformación…
algo cambió.
—“2…”
Miró alrededor.
El lugar.
Los cuerpos.
El vacío.
—“1…”
Y entendió.
Tarde.
Pero claro.
—…no.
—“Frecuencia Cero… desplegada.”
Y entonces…
el mundo…
empezó a apagarse.
#1469 en Fantasía
#162 en Ciencia ficción
accion tristeza lucha amor, fantasía drama romance acción misterio, acción / suspenso
Editado: 19.04.2026