Frecuencia Cero: Venganza ( Saga Genesis 4)

Capitulo 8: El mundo en silencio

No fue inmediato.
Al principio…
nadie entendió.
En la superficie, la ciudad seguía respirando: autos en movimiento, pantallas encendidas, conversaciones a medias. La rutina… intacta.
Hasta que empezó a fallar.
Una luz parpadeó.
Luego otra.
Un semáforo murió en rojo eterno.
Un celular… se apagó en la mano de alguien.
—¿Qué pasa…?
El sonido se volvió raro.
Como si estuviera siendo absorbido.
Como si algo… lo estuviera comiendo.
Y entonces.
silencio.
Un silencio imposible.
Pesado.
Absoluto.
La energía dejó de fluir.
No explotó.
No colapsó.
Simplemente…
dejó de existir.
En edificios enteros, las luces murieron al mismo tiempo. Ascensores detenidos entre pisos. Sistemas de seguridad apagados. Motores… muertos.
La ciudad quedó congelada.
Y en el centro de todo…
el origen.
Tai.
De pie entre ruinas que ya no reaccionaban.
El laboratorio… o lo que quedaba de él… se deshacía en tonos grises, como si la realidad misma estuviera perdiendo color.
Su zona muerta ya no era una burbuja.
Era una marea.
Y estaba creciendo.
—…
Tai dio un paso.
Y el suelo dejó de ser suelo.
Se volvió inerte.
Vacío.
Cada paso… apagaba el mundo.
—No…
La palabra salió rota.
Débil.
Como si viniera de muy lejos.
Sus manos temblaron.
Miró sus dedos.
La nada los rodeaba.
—Esto… no era…
Fragmentos.
Recuerdos.
Melek.
Jennefer.
Sus voces.
Sus miradas.
Todo mezclado con ruido.
—No…
Cayó de rodillas.
El impacto no hizo sonido.
Nada lo hacía ya.
—Detenete… —susurró, pero no sabía si se hablaba a sí mismo… o a otra cosa.
Dentro de él…
algo respondió.
No con palabras.
Con impulso.
Expandirse.
Consumir.
Terminar.
—No —dijo más fuerte.
El vacío vibró.
Pero no se detuvo.
En la superficie…
la ciudad empezó a morir.
Calles enteras quedaron sin movimiento. Personas inmóviles, confundidas, atrapadas en un mundo que dejaba de responder. Los sonidos se apagaban uno a uno, como si alguien estuviera bajando un interruptor universal.
Los generadores fallaron.
Las redes cayeron.
El cielo…
se volvió gris.
No nublado.
Muerto.
De regreso al núcleo…
Tai apretó los dientes.
—¡PARÁ!
Por un instante…
la expansión titubeó.
Una grieta.
Un fallo.
—Todavía… puedo…
Se levantó.
Con dificultad.
Cada movimiento era una lucha contra sí mismo.
—No voy a… destruirlo todo…
El vacío reaccionó.
Se agitó.
Resistiendo.
—No soy… esto…
Un paso.
Dolor.
Real.
Por primera vez desde la transformación.
—Yo soy…
Su voz tembló.
—…Tai.
La zona muerta se contrajo levemente.
Un centímetro.
Tal vez menos.
Pero fue suficiente.
—Eso… es…
Esperanza.
Y entonces dolor.
Brutal.
Interno.
Como si algo se negara a perder.
Como si su propio poder… lo estuviera castigando.
Tai gritó.
Y el grito…
no hizo sonido.
Pero el mundo lo sintió.
Las estructuras vibraron.
La realidad se tensó.
—¡SALÍ DE MÍ!
Sus manos se clavaron en el pecho.
En su núcleo.
—¡NO TE QUIERO!
El vacío respondió.
Más fuerte.
Más violento.
Se expandió otra vez.
Tragándose todo a su alrededor.
Tai cayó.
Otra vez.
Pero esta vez…
no intentó levantarse.
Respiró.
Lento.
Pesado.
Y cerró los ojos.
—…si no puedo detenerlo…
Silencio.
—…entonces lo llevo conmigo.
Dentro.
Al fondo.
Donde todo empezó.
Donde todo termina.
Sus ojos se abrieron.
Decisión.
Real.
Humana.
—No va a tocar nada más.
Se puso de pie.
Y en lugar de resistir la expansión…
la absorbió.
El proceso fue inmediato.
Violento.
El vacío dejó de crecer hacia afuera…
y empezó a comprimirse.
Hacia él.
El suelo recuperó color.
Las paredes dejaron de morir.
La energía… volvió.
Débil.
Pero presente.
En la superficie…
las luces titilaron.
Algunas… regresaron.
Personas respiraron otra vez.
El mundo… dudó.
Tai gritó otra vez.
Esta vez con sonido.
—¡AAAAAHHH!
Su cuerpo no estaba hecho para eso.
La zona muerta colapsando en su interior lo estaba destruyendo.
Su piel se agrietó.
No sangre.
Luz ausente.
Grietas negras.
—Un poco más…
Un paso.
—Un poco…
Otro.
El núcleo central, detrás de él, comenzó a reaccionar.
Sobrecarga inversa.
—…más…
Cayó de rodillas frente a la cámara principal del sistema.
Lo que quedaba del corazón de la organización.
—Si esto… empezó acá…
Levantó la mano.
Temblando.
—Termina acá.
Apoyó la palma.
Y liberó todo hacia adentro.
No hacia el mundo.
Hacia el núcleo.
Silencio.
Total.
Absoluto.
Un segundo.
Dos.
Y luego colapso.
No explosión.
Implosión.
Todo lo que quedaba del sistema se dobló sobre sí mismo.
La energía.
La estructura.
El espacio.
Todo… comprimido en un punto imposible.
Y en el centro…
Tai.
Desapareció.
En la superficie…
la ciudad volvió.
Lenta.
Confundida.
Dañada.
Pero viva.
El cielo recuperó su color.
El sonido regresó.
El mundo… siguió.
Pero en lo profundo…
no quedó nada.
Ni laboratorio.
Ni cuerpo.
Ni rastro.
Solo…
silencio.




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