Frecuencia Cero: Venganza ( Saga Genesis 4)

Epílogo: Eco

No hubo monumentos.
No hubo nombres.
Nadie levantó una estatua por lo que pasó… porque nadie entendía realmente qué había pasado.
Solo quedó el cráter.
Un hueco limpio en medio de la ciudad, cercado, vigilado, estudiado… pero nunca explicado.
La gente lo evitaba.
No por órdenes.
Por instinto.
Porque al acercarse…
algo no estaba bien.
El sonido se volvía raro.
Los pasos… huecos.
Y a veces…
demasiado a veces…
los dispositivos dejaban de funcionar por un segundo.
Como si el lugar recordara.
Como si algo… siguiera ahí.
Una noche, meses después.
El perímetro estaba en silencio.
Un solo guardia.
Cansado.
Apoyado contra la valla.
Mirando el vacío.
—Otra noche más… —murmuró.
Sacó el celular.
Pantalla encendida.
Normal.
Por un segundo.
Después…
interferencia.
—¿Eh?
La imagen se distorsionó.
Líneas negras.
Ruido.
El aire cambió.
El guardia frunció el ceño.
—No jodas…
Un paso hacia el cráter.
Solo uno.
Error.
El sonido murió.
No de golpe.
Sino como si alguien bajara el volumen del mundo.
—…¿hola?
Su voz no respondió.
No había eco.
No había nada.
El celular… se apagó.
Y entonces
un pulso.
Pequeño.
Casi invisible.
En el centro del cráter.
El guardia entrecerró los ojos.
—¿Qué…?
Otro pulso.
Esta vez… más claro.
El suelo no se movió.
Pero el aire…
se curvó.
—No… no me gusta esto…
Intentó retroceder.
Pero algo lo detuvo.
No físicamente.
Algo más profundo.
Como si el lugar lo estuviera mirando.
Un tercer pulso.
Y entonces…
la vio.
Una silueta.
Negra.
De pie.
En el centro.
Inmóvil.
—…
El guardia no respiró.
No pensó.
No reaccionó.
Porque su cuerpo…
sabía.
Eso no era humano.
La silueta inclinó la cabeza.
Lento.
Antinatural.
Y dio un paso.
El suelo bajo ella…
perdió color.
El guardia cayó de rodillas.
No por fuerza.
Por miedo.
Puro.
Primario.
—No… —susurró.
La figura avanzó un paso más.
Y por un instante…
muy breve…
algo cambió.
Un parpadeo.
Un fallo.
Donde había oscuridad…
aparecieron ojos.
No vacíos.
No muertos.
Humanos.
Cansados.
Rotos.
—…
—…corre…
La palabra salió apenas.
Como un eco que no debería existir.
El guardia reaccionó.
Instinto.
Se levantó y corrió.
Tropezando.
Sin mirar atrás.
La silueta no lo siguió.
Se quedó ahí.
En el centro.
Respirando.
Si es que eso era respirar.
El mundo… volvió lentamente.
El sonido regresó.
El viento sopló otra vez.
Pero el cráter…
ya no estaba vacío.
La figura miró sus manos.
La oscuridad se movía bajo su piel.
Inestable.
Peligrosa.
Pero contenida.
Apenas.
—…
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces…
una voz.
Dentro.
No ajena.
Propia.
—Aún… no termina.
Los ojos se cerraron.
Cuando se abrieron otra vez…
ya no había duda.
Ni caos total.
Ni control perfecto.
Algo intermedio.
Algo nuevo.
La figura dio media vuelta.
Y caminó hacia la oscuridad de la ciudad.
Sin ruido.
Sin prisa.
Dejando atrás…
una leve distorsión en el aire.
Como un recuerdo.
Como una advertencia.
Frecuencia Cero… no se apagó.
Solo cambió de forma.




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