Fria como el hielo

Capítulo 26: tú no sabes lo que es amar.

Grayson

—Jade…Jade… ¡JADE! 

No he parado de gritar su nombre desde que desperté. 

Al parecer estuve en coma, aunque algunos prefieren decir inconsciente, por treinta y dos horas. No me acuerdo de absolutamente nada. Bueno, recuerdo el accidente y que hice lo imposible por llegar a Jade, pero por más que lo intenté no puede alcanzarla. El mundo se volvió negro para mí y de allí no recuerdo nada más. 

Ahora, después de despertar, tengo una angustia obstruyéndome el pecho por no saber nada de Jade. Me importa una mierda mi salud. Lo único que me interesa saber es que Jade esté bien, pero el hecho de que no me digan nada sobre ella sólo empora mi angustia. Porque, vamos, si ella está bien, ¿por qué no me informan de su estado? 

Además, estoy casi seguro que ella estuvo aquí, a mi lado. Podría reconocer su tacto, literalmente, hasta dormido. Sé que estuvo aquí porque, pese a estar inconsciente, pude sentir su mano en la mía y sus labios en los míos minutos antes de yo abrir los ojos.

—¡Jade!—vuelvo a gritar.

—Caray, joven, estoy aquí. Puedo escucharte perfectamente—dice la enfermera que se encuentra revisando mis signos vitales y tomándome una muestra de sangre para hacerme unos análisis—. Acabas de despertar después de treinta y dos horas, ¿acaso no te duele la garganta? ¿Quieres agua?—ha de rondar por los cincuenta y tantos, es muy dulce y todo, pero al parecer sigue sin entenderme.

—Señora, es usted muy amable, pero no me entiende. Mi novia fue ingresada a este hospital, el mismo día que yo, y lo único que me interesa es saber de ella, me importa un comino mi garganta. Podría ser tan amable y darme noticias de ella, su nombre es Ja…

—Jade—me corta—. Ya lo sé, y probablemente mitad del hospital también lo sepa. Hagamos algo—veo como sirve un vaso de agua antes de continuar—. Tú te bebes esté vaso de agua para aliviar tu garganta, y yo veo qué información puedo conseguir de tu novia, ¿tenemos un trato?

—Tenemos un trato—digo afirmando con mi cabeza, para luego tomar el vaso que me ofrece y beber el agua—.Ya—le entrego el vaso vacío. Ansioso de que se vaya y me traiga noticias.

—Está bien. Ya vuelvo.

Pero antes de que la enfermera rodee mi cama para ir hacia la puerta, esta se abre de golpe y un torbellino rosa viene directo hacia mí.

—¡Graysooon!—es lo primero que grita Lily antes de subir a gran velocidad la silla al lado de mi cama, para saltar y lanzarse a mis brazos.

La verdad es que su gran muestra de afecto ocasiona que todo mi cuerpo magullado duela, pero no voy a decirle eso a Lily, en realidad ella me hizo mucha falta. 

Sin embargo, la enfermera ve la mueca de dolor que hago y se dirige hacia mí para quitarme a mi hermanita de encima, pero le pido con una mirada que no lo haga. Necesito a Lily aquí conmigo.

Dejo de prestar atención a mí alrededor en cuanto noto que el cuerpo de mi hermanita se ve envuelto de temblores por sus sollozos silenciosos. 

—Hey…—comienzo a besar la cima de su cabeza, y con mi mano tomo su cara para que me mire—¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?

—Yo...yo…—dice hipando, pero luego toma un respiro para calmarse. —Estaba muy asustada, tú no despertabas y pensé que perdería a mi hermano, y eso me dolió mucho aquí…—pone su manita en su pecho—en mi corazón. Hasta fui a la capilla del hospital a hablar con Dios y le pedí que no te llevara con él, que te quedaras conmigo, y que a cambio yo dejaría de ser tan revoltosa y malcriada, y que me portaría bien.

Mi pequeña hermanita, me duele tanto que haya sufrido. Así que sin importarme el dolor en todo mi cuerpo, vuelvo a tomar a Lily entre mis brazos para un abrazo.

—Era imposible que te dejara sola. Eres una de mis alegrías, y por esa misma razón no quiero que dejes de ser como eres. Puedes seguir siendo la misma revoltosa y malcriada que me vuelve loco, es lo que necesitaré ahora y siempre.

—Bueno…—me mira con el ceño fruncido como si estuviera meditando algo—en ese caso, supongo que Dios no se molestaría si sigo siendo como soy. Total, tú fuiste quien me lo pido y debo hacerte caso.   

—Claro que si—vuelvo a besarla, pero esta vez en la frente—. Te amo, Pinki.

—También te amo, Cere.

Un sollozo proveniente de la puerta nos alarma de que no estamos solos.

—¿Mamá?—digo.

—Mi bebé—es lo único que dice antes de lanzarse a abrazarme—. Estuve tan preocupada.

—Mamá, me estás apretando mucho—y vaya que lo hace. Con fuerza.

—Oh, lo siento—se aparta para sentarse en la silla junto a mí y luego toma mi mano entre las suyas. Se ve cansada, con ojos hinchados y ojeras, me duele verla así.

Lily sigue acurrucada a mi costado, probablemente no se quitará de allí por un tiempo.

—Vaya susto nos has dado a todos, hijo—es lo primero que dice mi padre al entrar por la puerta—. ¿Te importaría no volver hacer lo que hiciste? Casi me matas de un infarto. Y soy muy joven y guapo para morir—ante eso ruedo los ojos. Mi padre siempre hace comentarios de ese tipo para aligerar la situación, pero, ¿cuántos años cree que tiene? ¿Veinte? 




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