Fria como el hielo

Capítulo 27: Nona.

Jade

Tú no sabes lo que es amar.

Las últimas palabras que me dijo Grayson se repiten una y otra vez en mi cabeza. 

Contesté pensando que era Sam, creyendo por un momento que algo le había pasado a Grayson y por eso llamaba, pero al escuchar a mi gran amor decirme esas palabras tan desgarradoras tuve que cortar la llamada. El simple hecho de escuchar su voz me dolía, pero saber lo que piensa de mí ahora, fue aún más doloroso. Fue atroz oír cómo su voz comenzaba a destilar dolor, rabia, y me atrevería a decir que odio. 

Que ahora piense que yo nunca lo amé, que fue un error haberme conocido, de haberme amado, es horrible. Siento como todos mis otros sentimientos son drenados poco a poco de mí, dándole paso a un gran dolor. Este dolor es tan grande como el que sentí al perder a mis padres. Y aunque Grayson no murió, y doy gracias a Dios por ello, sé que lo perdí. Y lo peor es que ahora no estoy segura de haber tomado la decisión correcta, porque de haberlo hecho, ¿por qué nos causa tanto sufrimiento a ambos? 

Para cuando me fijo en mí alrededor, me percato de que estamos frente a mi casa.

—Iré a buscar tus cosas, ¿de acuerdo?—dice Angie apangando el motor de la camioneta de Ben. No sé en qué momento él le dio las llaves, pero no es como si tuviera cabeza para pensar en eso ahora. Un asentimiento es toda mi respuesta—¿Quieres que empaque algo en especial?—De nuevo, no recibe gran respuesta de mi parte. Sólo una negación con la cabeza y un encogimiento de hombros—. Bien, ya regreso.

No necesito muchas cosas. No es como si fuera a salir del sitio al que voy.

Mi mente está en blanco y muy lejos de aquí. Tengo la mirada perdida a través de la ventana y no sé en qué momento Angie regresa con una pequeña maleta y mi mochila. Tira ambas cosas en el maletero de la camioneta antes de subir al asiento de piloto nuevamente.

—¿A dónde piensas ir?—pregunta cuando ya ha encendido la camioneta nuevamente. 

Nona—es lo único que sale de mi boca.

El único lugar en el que pienso estar es en la casa de Elizabeth y Steve Baker. Los abuelos de Angie. 

Nunca conocí a mis abuelos biológicos, pues mis abuelos paternos murieron antes de que Liv naciera, y los maternos fallecieron un año antes de mi nacimiento. Pero a mis siete años conocí a los abuelos de Angie y ellos nos adoptaron a Liv y a mí como sus otras nietas, para ellos no existe diferencia entre nosotras. Son los mejores abuelos que podemos tener.

Recuerdo tener ocho años e irme a la casa de los abuelos junto a Angie, a pasar todo un fin de semana. Ambas estábamos en la sala, viendo televisión con la abuela, cuando apareció esta publicidad de una pasta italiana y nombraron la palabra Nona. Cuando le preguntamos a la abuela qué significaba, ella nos respondió que Nona es abuela en italiano. Desde ese día, Angie y yo comenzamos a llamar Nona a la abuela, y aunque de italiana no tiene nada, nos pareció lindo y distinto.

Y en estos momentos necesito a mi Nona. Necesito de sus abrazos, sus mimos, y sobre todo de sus consejos. Si hay alguien que puede decirme qué hacer es ella.

Por fortuna, la casa de los abuelos no queda tan lejos, tardamos más o menos media hora en la carretera antes de llegar. Y otra vez, por el estado de ánimo que tengo, no me percato de que llegamos sino hasta que la camioneta se detiene.

Las luces de la casa están encendidas y la puerta principal abierta. Mi Nona está en el pórtico, con cara de preocupación. Angie apaga el motor y me ayuda con mi equipaje.

Nona, yo…—comienzo, pero me veo silenciada cuando ella me jala a sus brazos.

—No tienes que decir nada, mi niña. Liv llamó y me contó todo. Ya tengo el cuarto listo para ti, puedes quedarte el tiempo que quieras—Nona me aparta un poco, dejando de abrazarme, y toma mi rostro entre sus manos—. Sabes que te amo, ¿verdad?

Yo sólo puedo asentir en tanto siento que mis ojos comienzan a inundarse de lágrimas.

—Entremos—nos dice la Nona.

Cierra la puerta detrás de nosotras y nos lleva directo a la que sería mi habitación por tiempo indefinido. Yo me dejo caer en una de las camas individuales e inhalo el olor a tiempos más felices.

—Su abuelo ya estaba dormido para cuando Liv llamó, así que le contaré todo mañana—dice la Nona—. ¿Te quedarás a dormir, Gigi?

—No, Nona. Debo regresar para devolverle la camioneta a Ben, pero mañana vendré—Angie mira el reloj que tiene en la muñeca y me mira—. Es más, debería irme. Las amo. —Se acerca a mí, a la cama donde estoy sentada, y me besa la cima de la cabeza. Lo mismo hace con la Nona, que se ha sentado a mi lado, y se va.

Tras escuchar la puerta de la entrada cerrarse, dejo escapar el suspiró más largo que pueda haber. Un suspiro que ni siquiera era consciente de estar reteniendo. 

—Un suspiro es el aire que te sobra por alguien que te falta—dice la Nona sin mirarme.

—¿No decías que un suspiro significa que la persona tiene hambre o sueño?—le pregunto, mientras me acurruco en posición fetal, con mi cabeza en su regazo. 




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