Fria como el hielo

Capítulo 6: Las mujeres somos cursis.

Grayson
 

Jade: Ok. Te daré una oportunidad, pero iremos despacio, no me presiones.

La. Mejor. Jodida. Noticia. 

Jade me aceptó, tal vez no como pareja, aún, pero me está dando una oportunidad de ser…algo. Dios, aún no puedo creerlo. 

Ha pasado una hora desde que hable con Jade, y yo aún sigo aquí, acostado, en mi cama, leyendo el último texto que me escribió una y otra vez. Nada, puede empañar la felicidad que tengo ahora. Tengo una sonrisa tan grande en mi cara, que probablemente me dé calambres.

Me siento en la cama y miro alrededor. Que desastre. Mejor arreglo todo esto antes de que a mi madre se le ocurra entrar aquí, porque si eso pasa y ve todo este desorden, soy hombre muerto. Mi madre puede ser dulce, pero también es una maniática de la limpieza, y si llega a ver eso, su dulzura se transformará en el mismísimo infierno. Me levanto y voy a mi escrito, está lleno de papeles y… esperen, ¿ese es el plato de la cena de hace dos noches? Oh Dios, a ver cómo hago para llevar eso a la cocina y lavarlo sin que mi mamá se dé cuenta.

Ok, escritorio listo. Ahora la ropa. Recojo la ropa que se encuentra tirada por todo mi piso de madera, y comienzo a doblarla. O eso intento. Abro mi closet, también de madera, y acomodo la ropa en él. Ok, solo queda la cama. Acomodo mis almohadas blancas y doblo mi cobertor. Bueno creo que ya está. Me acerco a la puerta, sin abrirla, y observo toda mi habitación. Las paredes son blancas, con franjas atravesadas de color azul eléctrico, mi cama es de madera con almohadas blancas y cobertor blanco con azul. Sip, ya el lugar está perfecto.

Tocan la puerta de mi habitación. Ufff… menos mal limpie mi desorden.

—Graysonnn—grita mi tranquila y dulce hermanita. Nótese el sarcasmo.

— ¿Qué paso pinki?—pregunto mientras le abro la puerta.

—Mamá dice que ya la comida esta lista y…—pasa a mi habitación y se queda con la boca abierta—Eh… ¿Grayson?

— ¿Si pinki?

Se gira y tiene sus ojos estrechados hacia mí, luego me hace una seña con el dedo índice, indicándome que me acerque y agache hacia ella, para decirme algo. Cuando estoy a su altura, comienza a tocarme toda la cara con sus manitos.

— ¿Te sientes bien?—pregunta—. No tienes fiebre—niega palpándome la frente y el cuello—. Pero, enserio, ¿te sientes bien?

—Sí pinki. ¿Por qué?—pregunto sin entender nada.

—Grayson, es que limpiaste tu habitación y tú NUNCA haces eso—ruedo los ojos. Hizo mucho énfasis en la palabra «Nunca».

—Es que estoy contento pinki, eso es todo—le digo, y siento con mi sonrisa se vuelve a ensanchar hasta más no poder.

—Ok… ¿ahora porque sonríes como el gato de Cheshire?

— ¿El gato de qué?

—El gato de Alicia en el país de la maravillas—dice rodando los ojos y pegándome con su mano en la cabeza—. Bobo.

Yo no puedo evitar estallar en risas tras escuchar tal comparación. 

—Ay pinki, que cosas dices—me limpio unas lágrimas que se me han caído de tanto reír—. Ven, sube—me agacho y espero que se suba a mis espalda—. Vamos a ver qué preparó mamá de comer.

— ¿Sabes hermanito…­?—giro mi cara para observarla—Sea lo que sea que te haya hecho sonreír así, no lo dejes. Me encanta verte feliz.

—Lo haré pinki. Lo prometo—le regalo una sonrisa y ella me devuelva una a mí.

Cuando llegamos a la cocina, toda pulcra, blanca y con encimera de granito, mi madre está de espaldas. Lily me mira y con eso ya sé lo que quiere, bueno, lo que queremos los dos. Asustar a mamá.

—Ni se les ocurra jovencitos, ni se les ocurra asustarme porque no lo van a lograr—dice nuestra madre, sin necesidad de girarse.

Bueno, al menos lo intentamos. He llegado a pensar que mi madre puede ser alienígena, es decir, sino ¿cómo se dio cuenta de nuestra presencia sin siquiera darse la vuelta? Es eso o tiene ojos en la espalda. Cuando se gira, trae con ella, hacía la mesa donde estamos sentados Lily y yo, una bandeja con estofado.

—Bueno, cuéntenme ¿cómo les fue en la escuela?—me mira—, y en la universidad—se sienta y procedemos a repartirnos la comida.

—Bien  mami, aunque me molesté con Natalia—le responde Lily con el ceño fruncido.

— ¿Y eso por qué muñequita?

—Agh, no quiero hablar de eso mami—rueda los ojos y niega con la cabeza.

— ¿Y tu cariño?—me mira esperando mi respuesta.

—Bien mamá, ¿te acuerdas de la chica que había mencionado Sam hace unas semanas?

—Sí, cariño, ¿Qué pasa con ella?

—Pues que acabo de hablarle hace un momento, y pues, decidió darnos una oportunidad de conocernos…

— ¿Esa chica de verdad te gusta?—pregunta ella con curiosidad.

—Sí mamá, mucho, y pues, no sé qué puedo hacer para conquistarla—confieso. — Pero si algo tengo claro, es que la quiero para algo más que amigos—mi madre me sonríe y los ojos le están brillando.




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