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Observaba el reflejo del auto deslizándose por los vidrios de los edificios. La luz del sol se deformaba en los cristales como pinceladas líquidas, bailando al ritmo del tráfico.
Uno de mis guardaespaldas hablaba sobre algo de lo que no prestaba atención.
Estaba tan agotada, que solo podía mantener los ojos abiertos como acto reflejo.
Unas vacaciones no me caerían mal… o tal vez una vida nueva.
De hecho, no recordaba la última vez que había descansado adecuadamente.
La pesadez en mis párpados se parecía a una manta mojada. Cada pensamiento tenía que abrirse paso entre una niebla espesa. El agotamiento ya no era cansancio; era parte de mí.
Volví a centrar mi atención en la tablet. Mientras mi dedo se deslizaba de abajo hacia arriba, ojeaba rápidamente unos informes enviados de recursos humanos.
Bostecé mientras los leía, y fue entonces que ya no escuché a mi guardaespaldas hablar ni a los otros reír, así que levanté la vista para mirar por qué se habían quedado en silencio.
Tres de ellos me miraron cautelosamente.
—Lo siento —me dirigí al que había estado hablando—. No bostecé porque estaba aburrida, es el cansancio —aclaré con una sonrisa fatigada.
—Jefecita —dijo Marcos, el más bromista del grupo—, realmente le vendría bien descansar. Últimamente se ve más cansada de lo normal.
—Sí, yo también lo creo.
Volví a bostezar, cuestionándome realmente tomar unas vacaciones, pero luego pensé en todos los informes que tenía que leer, en todos los proyectos que tenía que aprobar, y en todos los reportes financieros que tenía que analizar, y un sinfín de cosas más.
‹‹Mejor ni me lo pienso››, me dije a mí misma, ‹‹Más tarde estarían apilados en mi oficina››.
El auto se detuvo frente a la compañía.
La sede de la corporación se alzaba en el corazón del distrito financiero como una torre de vidrio y acero, elegante pero imponente. Sus líneas minimalistas y fachadas reflejantes hablaban de éxito, innovación y prestigio. Desde el vestíbulo con techos altos y pantallas interactivas hasta las salas de juntas insonorizadas con tecnología de punta, todo gritaba eficiencia.
Mis guardaespaldas bajaron, dejando la puerta abierta para mí, y se acomodaron en dos filas.
No me gustaba llevar tantos guardaespaldas por ahí, pero Leah había insistido en que unos cuatro no me vendrían mal, ya que todos los CEO llevaban muchos de ellos en caso de alguna represalia.
Pero, mi vida era demasiado aburrida como para que me pasara eso. Lo único interesante que me había pasado eran los libros.
Caminé hacia la entrada principal donde vislumbré a mi asistente.
—Señorita Delacroix, ¿ya revisó los informes de recursos humanos que le envié? —dijo mirando la agenda en su tablet.
—Sí, ya lo hice.
Nos encaminamos hacia el ascensor.
—Muy bien, ¿y qué hay del proyecto de marketing para el próximo libro de Kaia?
—¿Próximo? —enarqué una ceja—. ¿Kaia ya confirmó de qué tratará su nuevo libro?
La observé dudar.
Uno de mis guardaespaldas marcó el piso al que tenía que ir.
—No, pero los ejecutivos están presionando, ya sabe… las acciones…
—Lo sé. Lo que mantiene el valor de las acciones bastante alto son los libros de Kaia, pero le recuerdo que también tenemos otros escritores tan buenos como ella.
—Pero señorita Delacroix…
—Está bien, lo consultaré con Damien —puntualicé al verla un tanto preocupada.
Obviamente Kaia no había escrito otro libro porque estaba demasiado ocupada manteniendo a flote su corporación.
A veces desearía no haberme convertido en empresaria.
En vez de dirigirme a mi piso, marqué entre los botones el que me llevaría a la oficina de Damien Voss.
Él era un alto ejecutivo de mi corporación, y la persona a la que podía recurrir por consejos.
Si alguien me había ayudado desde siempre, era él, además de Leah.
Las puertas del ascensor se abrieron, y salí al pasillo con dirección a su oficina. No sin antes decirle a mis guardaespaldas que se dieran el resto de la tarde libre.
No quería tenerlos pegados a mí todo el día como si fueran chicles.
Toqué la puerta con mis nudillos, esperando pacientemente.
—Adelante.
Abrí la puerta y entré para tomar asiento frente a su escritorio.
El cuero negro del mobiliario y las paredes en gris grafito daban a la oficina de Damien un aire de severidad. Incluso el aroma —una mezcla tenue de madera y menta fría— parecía estar calculado. Muy diferente a mi oficina, donde el blanco, los tonos pastel, el olor a lavanda y los cuadros de flores secas ofrecían al menos una ilusión de calma.
Lo único que mantenía un poco de claridad en el lugar era la luz que entraba por las ventanas.
—Amira, ¿qué te trae por acá?
Damien vestía como si el lujo fuera parte de su piel: trajes hechos a medida, gemelos discretos, y ese aroma a poder contenido.
—¿Por qué finges inocencia? —su rostro se mostró entre sorprendido y dudoso—. Paso más aquí que en mi propia oficina —dejé salir una risilla.
Él sonrió ampliamente. Era extraño verlo sonreír, por lo general siempre estaba serio, pero conmigo se mostraba amable. Era una faceta que los demás no veían de él.
—Amira, siempre eres bienvenida aquí, pero, ¿qué es lo que te preocupa? Te ves cansada.
Suspiré con desgana.
—Mi asistente mencionó que el equipo de marketing está trabajando en un nuevo proyecto para promocionar la próxima historia de Kaia, pero lo más interesante es que ella aún no ha escrito un libro —dije tomando un chocolate del tarro de vidrio que Damien conservaba en su oficina.
—¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó, mirándome con una ceja apenas levantada.
Me detuve en seco, y mi mente hizo un cortocircuito por un momento.
—Mm… bueno… Leah me lo dijo —mentí.
Le quité la envoltura al chocolate y me lo comí.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 16.05.2026