Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 4

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El fan meeting estaba a la vuelta de la esquina, por lo que hubo muchos preparativos con antelación.

El equipo de operaciones artísticas corría por todas partes. Había muchos pedidos, muchas cosas que revisar y personas a quienes contactar.

Cuando me entregaron la agenda, recuerdo haberme sorprendido al ver lo cargada que estaba, casi como mi agenda en la corporación. Tenían práctica de baile en la sala de ensayos, práctica vocal, clases de idiomas, entrevistas, asistencia a programas de variedades... y se volvía peor cuando debían grabar un álbum. Al menos eso había dicho Jay.

Durante la semana siguiente, los chicos cumplieron con esa agenda tan intensa. ¿Cómo era posible que incluso practicaran con tanta energía hasta las once de la noche? Especialmente Niko, que apenas tenía veintidós años.

Tampoco es que yo fuera tan mayor. Tenía veintisiete y quizás trabajaba tan duro como ellos, pero mi cansancio era más mental que físico.

Sentí empatía por ellos porque me recordaban a mí misma. Y al mismo tiempo, sentí pena por mí.

Trabajaba tanto que no tenía tiempo de visitar a mi familia ni de descansar como debía, y tampoco dormía las horas que el médico recomendaba.

Lo único que me consolaba era que comía bien, me cuidaba con chequeos médicos regulares, tomaba vitaminas cada mañana al despertar, hacía ejercicio en el gimnasio, practicaba natación y a veces practicaba un poco de yoga.

¿Pero de qué servía todo eso si seguía encerrada en esta burbuja, sin encontrar la manera de salir?

Cada día sentía que me perdía más a mí misma.

Respiré hondo y revisé qué era lo siguiente en la agenda.

Había un programa de variedades al que el grupo debía asistir.

La furgoneta los recogió en la entrada de la compañía, y yo subí a otro vehículo con los guardaespaldas del grupo.

Me resultó gracioso; me recordó a cuando viajaba a la corporación.

Al llegar al canal, muchos fans los esperaban. Algunas chicas llevaban carteles, otras diademas con los nombres de los chicos y objetos diversos en las manos.

Los guardaespaldas bajaron primero y se colocaron en cadena frente a las fans, impidiéndoles avanzar.

El grupo descendió del vehículo, y los gritos fueron tan fuertes que creí quedaría sorda. Ellos se mantuvieron sonrientes todo el tiempo, firmaron algunos álbumes y camisetas con sus rostros impresos, y saludaron con amabilidad.

Me quedé junto al manager, Brant, con quien no tenía mucho contacto, ya que siempre estaba ocupado. Apenas lo veía, salvo en eventos públicos. También él revisaba la agenda y se reunía con productores, directores y demás personal.

Brant no hablaba mucho, tenía alrededor de treinta años, era alto y de tez pálida. Su cabello castaño estaba bien peinado, y sus ojos color miel siempre estaban pendientes de la tablet que llevaba consigo a todas partes.

Los chicos se desplazaron hacia el interior del edificio, y el manager y yo los seguimos de cerca.

No dejaron de sonreír ni de saludar, incluso adentro. Pensé que yo me vería como un robot, pero ellos lo hacían con naturalidad. Supongo que ya estaban acostumbrados.

Caminamos hasta los camerinos, donde revisaron su maquillaje, peinado y vestuario para asegurarse de que todo estuviera en orden. Luego, nos dirigimos a una gran sala donde Brant y yo aguardamos detrás de las cámaras.

El lugar era cerrado, con iluminación artificial. La mitad de la sala se utilizaba para grabar, y la otra mitad estaba ocupada por el personal de sonido, producción, vestuario y otros equipos.

Los presentadores ya estaban en sus puestos esperando al grupo. Les dieron la bienvenida, y los chicos entraron.

Tras los saludos, comenzaron a elogiarlos por su apariencia y a hacerles preguntas personales y sobre su música. De vez en cuando, ellos giraban discretamente la vista hacia el manager.

Pronto entendí sus miradas: querían asegurarse de que lo que decían era apropiado. Era obvio que no podían revelar demasiada información.

Después pasaron a hacer algunos juegos, tanto individuales como en equipo, y pude ver que se divertían.

Yo también me divertí viéndolos.

No recordaba que los programas de televisión fueran tan entretenidos. Tal vez era porque no tenía tiempo de verlos, y lo poco que veía eran películas o algunas series.

Al finalizar el programa, les llevé una botella de agua a cada uno.

—Gracias —dijo Zeke, que había estado corriendo todo el rato—. ¿Qué te pareció?

—Lo hicieron muy bien. Fue muy divertido —respondí, sonriendo.

Comenzamos a caminar por el pasillo, de vuelta a la compañía.

—A los fans también les parece muy divertido —comentó Leo.

—Creo que lo más importante es si a ustedes les parece divertido —dije, pues si no lo disfrutaban, no tenía sentido que asistieran.

Todos guardaron silencio por un momento, hasta que Jay habló:

—En realidad, la compañía agenda muchos eventos, incluso si no nos gustan.

Me sorprendí.

—¿Por qué?

—Porque, si pasamos más tiempo al aire, más personas nos reconocerán —respondió Ren.

—Pero si ya son celebridades...

—Sí, pero si dejamos de promocionar por un tiempo, la gente simplemente se olvida de nosotros —añadió Leo.

Me entristeció pensar que, aunque estuvieran agotados, tuvieran que promocionarse constantemente, incluso en programas que no disfrutaban.

—Si te consuela, a veces logramos convencer a la compañía de no asistir a ciertos programas —comentó Jay, notando mi expresión de desconcierto.

—Aunque a veces es difícil, considerando la cantidad de ofertas que recibimos —añadió Leo, mientras tiraba su botella vacía al contenedor de reciclaje.

De regreso en la compañía, decidí ir a la cafetería a buscar algo dulce para los chicos, quienes se quedaron descansando en la sala de prácticas, salvo Niko, que quiso acompañarme.




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