Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 5

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Era fácil verlo desde fuera, ya que las paredes eran de vidrio.

Miré alrededor para comprobar si alguien más estaba observando. Y sí. Había varios curiosos.

—Queremos que quede claro que esto no es un juicio público, pero sí una evaluación seria de lo ocurrido —dijo el jefe con tono firme.

La chica no dijo nada. Mantenía la mirada baja, con el rostro tenso y los dedos crispados sobre su regazo.

—Se filtró la ubicación exacta de los departamentos donde viven los integrantes, así como las direcciones de familiares. El post fue eliminado, sí, pero ya había sido replicado en otros foros. Por lo tanto, la seguridad de todo el grupo ha sido comprometida.

—¡No era mi intención! —saltó ella, alzando la vista—. Estaba trabajando en una campaña paralela para fans, una que iba a lanzar en mi cuenta personal. Alguien me distrajo mientras hacía los cambios en la plataforma y… simplemente ocurrió.

El jefe entrecerró los ojos.

—¿Quién te distrajo?

—Fue… fue la asistente del grupo. Amira. Estaba ahí con los chicos. Me hizo preguntas, y eso me desconcentró.

Los demás en la sala intercambiaron miradas. El jefe suspiró.

—La responsabilidad sigue siendo tuya. Este no es un caso aislado. Desde que te uniste al equipo, se han presentado errores constantes: entregas tardías, inconsistencias en el manejo de redes, y ahora… una violación grave de privacidad. No podemos ignorarlo.

—¡Pero ella me distrajo! —insistió, su voz quebrándose—. Todo iba bien hasta que ella llegó. Desde que apareció, todos parecen hacerle caso a ella. Incluso Zeke y Jay…

—Eso no es relevante —la interrumpió el abogado presente—. El historial de desempeño habla por sí solo, y este último error puso en riesgo a personas reales. Lamentablemente, debemos dar por finalizado tu contrato con efecto inmediato.

Ella quedó inmóvil. Luego se levantó lentamente, con los ojos fijos en el jefe.

—Ya verán… Ella no es tan inocente como se ve.

Y sin decir nada más, salió de la sala, dejando tras de sí un silencio tenso y el leve temblor que queda cuando alguien pierde el control por primera vez.

Me quedé perpleja después de escuchar la discusión. La chica ni siquiera notó que había gente alrededor, incluyéndome.

—No puedo creerlo, fue tan irresponsable —dijo una chica por el pasillo.

—Y encima culpa a otra persona por el desastre que causó —comentó otro empleado.

Seguí mi camino por el pasillo, escuchando cosas que había hecho mal desde que llegó a trabajar en Lunaria Entertainment.

Cierta parte de mí se sentía mal por ella. ¿Era verdad que la había distraído y que por eso había cometido el error?

Pero después de pensarlo un momento, me pregunté por qué si estaba trabajando para una campaña paralela para fans, estaba compartiéndoles esa información tan privada. No tenía sentido, y culparme a mí por su irresponsabilidad, era demasiado.

Resolpé pensativa, y finalmente, luego de un gran rato, localicé al manager.

Le expuse mi incertidumbre sobre lo que podía pasar si los chicos regresaban a sus departamentos y lo que pensaba sobre hospedarlos en el hotel. Asimismo, le aseguré que la cabaña era aislada y totalmente segura, y que los chicos podrían pasar la semana tranquilamente allí.

Lo sopesó por unos segundos, pero aceptó con la condición de que los acompañara.

Bueno, eso no estaba definitivamente en mis planes, ya que planeaba regresar a casa y descansar.

No me pareció buena idea, pero no perdía nada con ir. Por no decir que era mi “trabajo”.

Volví a la sala de prácticas, donde les avisé que nos movilizaríamos a un lugar seguro.

Los chicos estaban desconcertados, pero no me cuestionaron.

De todas maneras, quise explicarles por qué era peligroso que volvieran a sus residencias, ya que era un hecho que los paparazzis estaban allí, así como algunos fans, y les recomendé avisarles a sus familiares que no salieran de casa.

Y, como parte de mi no trabajo como asistente, sentí la necesidad de protegerlos también, así que les dije que si ocupaban comida o algo más, yo me encargaría de eso.

Los chicos sacaron sus celulares y empezaron a marcar.

Por mi parte, en un rincón de la sala de prácticas y asegurándome que nadie me escuchaba, llamé a Leah.

—Necesito que hagas algo por mí —comencé a decirle, y procedí a explicarle lo que estaba pasando.

Le pedí que comprara ropa y zapatos de la talla de los chicos, así como cosas de higiene personal y las enviara en un auto a la cabaña.

Por suerte, Leah conocía la dirección, ya que habíamos ido un sin fin de veces allí.

—Te estaré enviando las tallas, y asegúrate de que Marcos se retire antes de que lleguemos.

—Entendido. Cuídate, Amira.

—Lo haré. Adiós.

Saqué la libreta de mi bolso, donde tenía anotado mis apuntes importantes, busqué las tallas y se las envié por mensaje.

Menos mal las escribí cuando el manager me dijo que era importante saber cuáles eran para identificar las prendas del vestuario de cada integrante.

—Chicos —llamé su atención. Ya habían dejado de hablar por celular—, debo de retirarme un momento —revisé la hora en mi reloj de muñeca—. Estaré de vuelta en media hora para recogerlos. Les estaré avisando cuando los esté esperando en la entrada trasera.

—¿Qué hay de nuestras pertenencias? —preguntó Leo, más serio de lo habitual—. Necesitamos algunas.

—Lo tengo cubierto —respondí firme—. Nos vemos luego.

Salí de las instalaciones tan rápido como pude y regresé a casa.

Tomé una maleta y una mochila, y empecé a guardar cosas que necesitaría durante el viaje, como cepillo de dientes, ropa cómoda, entre otras.

Esperaba que, al menos las aguas se calmaran cuando regresaramos y los chicos no se preocuparan tanto.

Dejé el penthouse asegurado con la alarma programada para una semana, y entré al ascensor.




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