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—No me malinterpretes —comencé a hablarle de forma informal—. No hay intenciones ocultas. Solo… hay algo de lo que quiero hablarte.
Rhys asintió sin chistar y entramos en el penthouse.
—¿Te gusta el té de jengibre, manzanilla o flor de jamaica? ¿O te gusta alguno en específico?
Abrí la dispensa y miré a Rhys esperando una respuesta.
Su cara fue todo un poema, estaba más que sorprendido.
—¿Y entonces?
—¿Acaso eres una adicta al té? —preguntó de repente—. Lo siento, quiero decir…
Me reí a carcajadas.
Era muy raro ver a Rhys siendo él mismo sin estar metido en el papel de guardaespaldas super serio.
—Me gusta mucho el té, especialmente cuando estoy enferma.
Asintió comprendiendo.
—A mí también me gusta mucho el té. De jengibre está bien. —agregó.
—De acuerdo.
Mientras preparaba la tetera, Rhys echaba un vistazo a mi lujoso hogar, seguramente preguntándose cómo una empleada como yo podía permitirse vivir en un lugar tan ostentoso.
—¿No tienes mascotas? —preguntó caminando de un lado al otro, como si estuviera verificando que no hubiera intrusos en mi departamento.
—No. Me gustaría tener un perro o un gato, pero no tengo tiempo para cuidar una mascota. No podría jugar, sacarlo a pasear ni pasar tiempo con un compañero peludo —dije pensativa, pensando en lo sola que me sentía a veces—. ¿Y qué hay de ti? ¿Tienes alguna mascota?
—Sí, tengo un pastor belga… —dudó por un instante mientras hablaba—. Lo rescaté de una misión.
—Oh, vaya. Es genial. —saqué del horno un pan con nueces y almendras que había horneado el día anterior y serví el té—. ¿Y cómo se llama?
—Su nombre es Nero.
Lo puse todo en la isla y me senté en la silla. Rhys también tomó asiento.
—Es un nombre bastante único.
—Lo es —dijo tomando un sorbo de la taza—. Está muy bueno.
—Gracias.
Era la primera vez que teníamos una interacción “normal” y fuera del trabajo.
—Quería hablarte sobre… todo. Sé que aceptaste trabajar conmigo sin siquiera preguntar nada, pero creo que es necesario que sepas quién soy y lo que hago —dije con tono serio—. ¿Has escuchado sobre corporaciones Delacroix? —Rhys dejó la taza sobre la isla y en sus ojos vi la conexión que hizo con mi apellido.
—No, pero puedo deducir, por donde va el camino.
—Soy… la fundadora de Corporaciones Delacroix, pero también… soy la escritora Kaia Roux —confesé. Me puse en pie y saqué de un mueble la primera carta de amenaza que me había llegado y se la entregué—. Esta carta fue la primera que recibí; la de hoy fue la segunda. Esta otra fue enviada a una de las editoriales. Nadie sabe de mi anonimato más que Leah y mi familia, y ellos aseguran que no han hablado con nadie sobre ese asunto. Además, las cartas que envían mis fans a las editoriales son redirigidas hacia mi departamento.
Rhys leyó la carta en silencio y tomó la rosa seca con delicadeza.
—Hay algo extraño en esto —susurró analizando la carta—. Quiero saber algo más. Si eres la fundadora de una corporación, ¿por qué trabajas en una compañía de entretenimiento? —dijo también cambiando a un tono informal.
—Bueno… En realidad, en mi empresa creen que estoy de vacaciones —comencé—, pero honestamente hace un tiempo que quería expandir el negocio. Corporaciones Delacroix se dedica a la venta de libros, tiene editoriales en varias provincias y también se encarga del marketing y seguridad de los autores, pero las adaptaciones a la pantalla siempre recaen en otras compañías, así que apliqué en Lunaria Entertainment con el fin de trabajar como guionista, pero… no fue como esperaba —dije recordando aquella entrevista.
—Entiendo. Entonces, para resumir, eres empresaria de una corporación pero también escritora, y nadie además de tu familia y Leah saben de tu anonimato, ¿cierto? —reiteró y asentí—. Al principio creí que no había un motivo para amenazarte, pero ahora me doy cuenta de que sí los hay.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Antes de hacer una suposición, primero investigaré más el asunto. —dijo terminando el resto del té de un solo sorbo.
Tomó su saco de la silla y me dirigí a acompañarlo hacia la salida.
—Te veré… Nos vemos mañana —dijo cambiando el tono.
—No tengo problemas con que me hables de manera informal.
Él asintió con la seriedad que lo caracterizaba y me despedí. Cerré la puerta y volví a la cocina para lavar los platos.
✎﹏
El fin de semana llegó, y limpiaba mi departamento, a excepción de las ventanas. De eso se encargaba una pequeña máquina similar a un drone.
Miré alrededor, orgullosa, mi penthouse estaba impecable, pero… se sentía tan vacío.
Me pregunté cómo sería tener una mascota en casa que llenara de pelos el lugar, cómo me recibiría al llegar a casa o qué desastres podría causar.
Había visto en internet que las personas se divertían mucho con sus mascotas.
Suspiré mientras tomaba asiento en la alfombra de la sala y recostaba mi espalda en el sofá.
Estaba agotada. Normalmente la empleada del edificio limpiaba también mi departamento, ya que yo no disponía de mucho tiempo por el trabajo. No sé cómo hacía, pero esa señora tenía una energía inagotable.
Abrí la laptop que estaba en la mesa de centro y creé un nuevo documento.
Tecleé “Descripción”, pero pasaron al menos veinte minutos en los que no escribí nada.
Mis dedos no se movían por el teclado como solían hacerlo, y mi mente estaba en blanco.
Quizá no estaba lo suficientemente inspirada.
Mi celular vibró sobre la mesa. Lo tomé y leí un mensaje que Leah me había enviado.
Preguntaba cómo iba mi libro. Decaída, deslicé el dedo para enviarle un audio.
—No muy bien, llevo intentando escribir la primera página del libro y no se me ocurre nada.
Mi estómago rugió de hambre cuando Leah volvió a escribir: ‹‹Sal a caminar, a tomarte un café o busca hacer algo nuevo, quizá puedas inspirarte con algo de eso››.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 27.06.2026