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Rhys’ POV.
Caminamos a una cafetería que estaba en la misma cuadra.
Era ciertamente acogedora, de color rosa pastel con decoraciones en madera de pino y algunas plantas. La mesera trajo el menú y ambos pedimos café y un postre.
—Sabes, últimamente siento que tengo mucho tiempo y me aburro. —comentó Amira una vez que la mesera se fue.
—¿Qué sueles hacer?
—Bueno… antes solía pasar la mayor parte del tiempo trabajando, y una pequeña parte la usaba para hacer ejercicio, y otra para leer, y una muy pequeña para ver televisión. Aunque, ya no leía tan seguido.
—¿Has considerado volver a leer?
—Lo estoy haciendo, pero aún así me sobra tiempo. Además, hablé con Leah, y ella me recomendó que buscara un pasatiempo nuevo. —dijo rascándose la nuca. Parece que aún no estaba muy convencida.
A Leah la había investigado, y a su familia también. Aunque ella confiara en ellos, había una pequeña posibilidad de que alguno filtrara, con o sin intención, la información. En especial Leah, que trabajaba para Amira en la corporación, y si alguien tenía un motivo, definitivamente podía ser Leah.
—Ya que escribir requiere creatividad, ¿por qué no intentas hacer alguna manualidad?
Me miró atenta, como si lo estuviera considerando.
—No lo había pensado —murmuró, luego sacó su teléfono y tecleó algo—. En internet hay algunos lugares donde enseñan a hacer manualidades. Oh —dijo con sorpresa y la miré—. De hecho, hay un lugar cerca de aquí.
—Después del café, ¿quieres ir allí?
—Sí, me gustaría.
La mesera trajo los cafés y los postres. Un mousse de maracuyá para ella y uno de vainilla para mí.
—¿Y qué tipo de manualidades hacen allí?
—No lo sé, creo que de todo un poco.
—Es una respuesta muy vaga.
Sus ojos se posaron sobre mí. Estaba en silencio, pero pensando.
—¿En qué piensas? —pregunté inquisitivo.
Sus grandes ojos me miraban interesados, mientras yo sentía cada vez más curiosidad por lo que pasaba por su pequeña cabeza.
Normalmente no hablaba mucho, pero ella… Ella despertaba cierta curiosidad en mí.
—¿Me estás… analizando?—preguntó con una mezcla de interés y duda.
¿Qué debía responder?
Por un momento, quise decirle que no, pero eso sería negar lo que sí estaba haciendo.
Sentía curiosidad por ella, pero no podía decírselo. Además, esto solo era trabajo.
—Lo siento, ciertos hábitos nunca desaparecen. —respondí llevándome una cucharada del postre a la boca.
¿Por qué de pronto sentía curiosidad por ella?
—Ya veo —comentó antes de darle un sorbo a su taza con café humeante—. ¿Siempre te pasa eso?
—No —respondí con los ojos fijos en ella—, solo cuando es por trabajo y a veces inconscientemente, pero prefiero no hacerlo o simplemente me detengo cuando estoy consciente de que lo hago.
—Debe ser… un poco incómodo, pero conveniente cuando se requiere. —dijo pensativa.
Asentí al instante.
Terminamos nuestro café y nos dirigimos hacia la tienda de manualidades.
Sentía que solo estaba ayudándola a cumplir sus caprichos. Además, no entendía por qué quería ocultarse de los demás, y eso me hacía desconfiar.
Cuando llegamos a la tienda, lo primero que llamó mi atención fue lo que vi a través de la vitrina.
Había varios estantes y muchos adornos en ellos. Incluso había tazas y platos.
La campanilla de la puerta tintineó, y la dependiente levantó la mirada del monitor.
—Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarles?
El sitio tenía un olor peculiar, pero no estaba seguro de qué era.
—Buenas tardes. Vi que estaban abriendo inscripciones para un curso de manualidades de arcilla por un día.
—Es cierto, pero ya estamos llenos.
—Ya veo.
—Aunque… cancelaron la sesión de hoy. ¿Tienen disponibilidad?
Amira me miró, buscando mi aprobación, así que asentí.
—Muy bien, iré a buscar los materiales. Pueden mirar alrededor si gustan.
Amira asintió y empecé a escudriñar el área. Tenían cámaras de seguridad y parecía que solo se encontraba la dependienta en la tienda. Además de los estantes, había una mesa grande y blanca en el centro del local con un par de sillas, y luego estaba el mostrador donde se encontraba el monitor y la caja registradora.
Mientras esperábamos, Amira miraba con interés los adornos y las tazas que había en las repisas.
—Son lindos —mencionó—. ¿Alguna vez has hecho algo con arcilla?
—No —respondí con seriedad.
—Cuando era niña, había hecho un conejo de arcilla. Fue para un trabajo escolar. —me miró y sonrió.
Su sonrisa… parecía honesta.
—Aquí están los materiales.
La voz de la dependienta rompió el enlace de nuestras miradas.
La chica nos explicó cómo se llamaba cada herramienta y para qué se utilizaba. Cuando le preguntó a Amira qué quería hacer, ella respondió que quería hacer adornos, así que la dependienta le dio una arcilla gris, y comenzó a expandirla por una superficie verde cuadriculada que nos había dado.
Era guardaespaldas, pero ahí estaba: sentado en una silla, con un delantal rosa, haciendo adornos de arcilla.
Mientras Amira hablaba con la dependienta y yo escuchaba en silencio, me di cuenta de que la chica era la dueña de la tienda, que organizaba cursos de manualidades, y que había tenido el local por cinco años.
De repente, cuando la dependienta volvió al mostrador, Amira llevó la arcilla a su rostro.
—Tiene un olor agradable. —comentó, e inconscientemente hice lo mismo.
Era el mismo aroma que nos había recibido al entrar.
—Parece que no eres tan buena con las manualidades —dije al ver que el muñequito que intentaba hacer estaba deforme.
—Hago lo que puedo —dijo y su muñeco literalmente perdió la cabeza.
Amira rió, y me perdí en su risa.
—Está decapitado —mencionó—, ¿cómo vas tú? Oh, nada mal. —dijo al ver mi ratón.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 18.07.2026