Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 13

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Amira’s POV.

Cuando desperté, ya era de día, y Rhys no estaba.

Bostecé y me senté sobre el sofá mientras veía el sol asomarse por la ventana. No recordaba cuándo me había quedado dormida, ni cuándo se había ido Rhys, pero estaba cubierta con una manta.

Volví a bostezar. Me sentía cansada, así que fui a mi habitación con la manta aún cubriendo mi cuerpo.

Me acosté en la cama y no fue hasta que escuché a alguien en mi departamento que me alarmé.

Me senté y miré frenética a mi alrededor.

No tenía nada a mano que pudiera usar para defenderme, así que intentando darme valor, seguí el ruido.

Caminé por el pasillo hasta que, desde la sala, pude ver de espaldas a una mujer, quien estaba en la cocina.

Se giró y dio un respingo.

—Amira —dijo mamá llevándose la mano al pecho—, me asustaste. ¿Por qué estás ahí de pie sin decir nada?

—Lo siento, es que escuché ruido —dije caminando hacia ella.

—No quería despertarte, te veías muy cansada —dijo ella revisando mi cara—. Parece que no has dormido muy bien últimamente.

Me quedé en silencio, pensando lo que había sucedido anoche.

—¿Pasa algo? —inquirió. Sus ojos escudriñaban mi rostro.

Quería contarle todo, pero no quería preocuparla ni ponerla en peligro.

—No, nada. Es solo el trabajo. ¿Qué haces? —dije rápidamente desviando el rostro hacia lo que estaba cocinando y cambiando el tema.

—El desayuno —dijo dándome un pequeño empujón por la espalda—. Siéntate, te prepararé el café.

Tomé asiento en la isla.

Mi madre pasó un gran rato conmigo, hasta que dijo que debía irse a hacer unas compras.

Me tomé mi tiempo para asearme y pensar en qué hacer.

Honestamente aún me sentía cansada y no quería hacer nada, pero… cuando miré la laptop en la mesa que estaba frente al sofá, recordé que debería seguir con las fichas que me quedaban.

Aún no había definido a mi protagonista masculino, así que sería una buena idea buscar inspiración como la última vez.

Decidida a no quedarme en mi departamento con pensamientos negativos por todo lo que había sucedido, tomé mi bolso y mi celular.

‹‹Debería escribirle a Rhys, ¿cierto?››, pensé.

Busqué el chat y le iba a enviar un audio diciéndole que saldría a dar un paseo, pero antes de enviarlo lo eliminé.

Le escribí que si podía venir a mi departamento, y respondió casi de inmediato que sí.

Tomé mi abrigo, ya que estos días habían pronosticado lluvias para la tarde.

Parecía que la temporada de lluvias estaba acercándose.

Abrí la puerta y vi una sombra que me asustó.

Di un par de pasos hacia atrás con el corazón a mil, solo para darme cuenta de que se trataba de Rhys.

No quería que notara lo asustada que estaba, así que desvié la vista.

—Amira —musitó él, como si tratara de calmarme—, ¿estás bien?

Efectivamente se había dado cuenta de lo que sentía.

‹‹No eres inmune a su talento de leer el lenguaje corporal››, me dije a mí misma molesta.

—Estoy bien. ¿Cómo estás?

—Bien, gracias por preguntar.

Lo miré al rostro, y vi, por primera vez un destello de preocupación en sus ojos.

—¿Nos vamos? —pregunté con la mirada fija en él.

Carraspeó y se apartó para dejarme pasar.

—Claro.

Salimos del complejo y nos dirigimos hacia el auto en silencio.

Rhys lo encendió y me miró.

—¿A dónde quieres ir?

Suspiré.

—Había pensado en dar un paseo. ¿Qué tal al parque?

—De acuerdo.

Cuando salimos del edificio, nos dimos cuenta de que había comenzado a llover.

Genial. Últimamente nada salía como quería.

Rhys seguía mirándome expectante, como esperando que dijera algo.

—Parece que el plan se arruinó.

—¿Vamos a otro lugar? —preguntó, y asentí con la cabeza.

No preguntó más, y se mantuvo conduciendo, hasta que estacionó frente a un edificio muy elegante, pero con muy poca visibilidad desde afuera.

No pude evitar sentir curiosidad.

—Puede que te mojes un poco… No traje sombrilla.

—Descuida, lo tengo todo calculado —dije sacando mi sombrilla y sonriendo.

Repentinamente, había sentido una pizca de felicidad.

Rhys tomó la sombrilla y rodeó el auto. Ambos nos dirigimos a la entrada principal del edificio color blanco y de forma redondeada.

En la entrada pude leer que se trataba de un museo de arte.

Estaba emocionada. No recuerdo cuándo fue la última vez que fui a uno.

El edificio era del mismo color por dentro, el piso parecía de porcelana, tenía muy buena iluminación y las paredes estaban decoradas con pinturas. También había muchas esculturas y personas tomando fotografías.

Rhys y yo miramos un lienzo con forma abstracta, y colores en rojo y negro.

Fue entonces cuando se me ocurrió que mi protagonista masculino podría ser un artista. ¡Un pintor!

Saqué mi celular y empecé a escribir todas las características que tendría, así como una lluvia de ideas que se me arremolinó en la cabeza.

—No me malinterpretes —comencé a decirle a Rhys cuando lo encontré mirando la pantalla de mi celular con lo que parecía curiosidad. Rápidamente desvió la mirada—. Me gusta dónde me trajiste, y aunque se suponía que mi paseo al parque serviría de inspiración para el nuevo libro en el que estoy trabajando, creo que venir aquí fue una mejor idea.

Asintió silenciosamente. Otra vez actuaba frío y distante.

Rhys era muy opuesto a los hombres de mis novelas… pero eso no lo hacía menos atractivo, sino más real.

Me tomé el atrevimiento de mirarlo con atención, y detalladamente.

Hoy llevaba un abrigo negro y largo como el mío, que llegaba a cubrir hasta la mitad de sus pantorrillas. Su camisa era negra y de cuello de tortuga, y el resto de su vestimenta era del mismo color.

Su expresión era fría y analítica, miraba alrededor seguido. Como si quisiera mantener todo bajo control, pero al mismo tiempo todo en él gritaba masculinidad.




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