Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 15

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Me encontraba en la piscina, nadando sin parar para aliviar un poco el estrés que había acumulado durante los últimos días.

Después de unos minutos, simplemente “coexistí” con el agua; así le decía a quedarme flotando boca arriba. El techo, que era totalmente de cristal, me permitía ver a las aves volar.

Fue maravilloso poder disfrutar de un instante así, así que me permití cerrar los ojos por unos segundos.

Sin embargo, las imágenes que quería reprimir inundaron ese pequeño momento de relajación, así que los abrí.

Era tan difícil de olvidar las cartas, la paloma muerta y ahora el auto cubierto de sangre con palabras horrorosas.

¿Quién podría hacer algo tan cruel?

Por un momento, me pareció ver una sombra. Sentía que alguien me observaba, así que fue momento de salir.

Mi corazón latía con demasiada fuerza y, aunque estaba cansada de nadar, avancé hasta la orilla y entonces, cuando me sujeté del borde, vi unas zapatillas brillantes.

Mis ojos pasaron de las zapatillas al pantalón, y luego al saco.

Un alivio tremendo me inundó cuando vi el rostro de Rhys.

—Buenos días —saludó, tomando asiento en la silla junto a la piscina.

—Hola —saludé.

Decidí salir del agua y Rhys me observó por un par de segundos antes de quitar la mirada y alcanzarme la toalla que estaba junto a él.

—Gracias —la tomé y me sequé lo mejor que pude.

Luego me envolví en ella y me dirigí al interior del departamento.

Le había dado la contraseña del penthouse a Rhys en caso de emergencia y, aquella noche, mientras comíamos juntos, me dijo que me acompañaría durante mis días libres.

No estaba segura de eso, pero ambos estábamos de acuerdo en que debía estar protegida, ya que habían encontrado mi dirección, y eso significaba que podían irrumpir en mi departamento.

Al principio, había pensado en que ya la habían encontrado en el momento en que enviaron la caja con la paloma muerta, pero tenía mis dudas, así que le pregunté a Leah.

Le dije que revisara las cámaras de seguridad en todas las sedes buscando a alguien con una caja.

No era común que las recibiera, pero si buscaba a alguien con una carta sería como buscar una aguja en un pajar; en cambio, encontrar al dueño de la caja sería mucho más fácil.

Aún no le había dicho nada a Rhys, ya que probablemente no dejaría que me involucrara en la investigación, pero esperaba obtener un resultado positivo.

Me duché y, cuando salí, Rhys me esperaba en la sala.

Parecía pensativo y su ceño estaba levemente fruncido. Me pregunté cómo se vería con el uniforme militar y no pude evitar imaginarme lo atractivo que luciría con él.

Sus ojos se enfocaron en mí y me dirigí hacia la cocina. Moría de hambre.

Saqué el yogurt griego y lo vertí en dos bowls. También les puse arándanos, fresas y granola.

Miré a Rhys por un momento; quizá estaba aburrido.

—Puedes poner la televisión si quieres —dije, señalándole dónde estaba el mando.

Lo tomó y la encendió. Estaban transmitiendo un partido de béisbol.

Saqué la botella de miel de la despensa y vertí un poco en ambos bowls. Luego los tomé y me senté junto a Rhys.

Le extendí uno para que lo tomara.

—Gracias.

Cuando terminó el partido, Rhys estuvo buscando algo interesante, pero parecía que nada le llamaba la atención, hasta que se detuvo en un canal donde transmitían una noticia sobre el próximo concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Sus ojos brillaron; entonces lo supe.

—¿Te gusta la música clásica? —pregunté, ansiosa por su respuesta.

—Sí —respondió sin apartar la mirada de la pantalla.

—¿Tocas algún instrumento?

—El piano —sus ojos se posaron en mí.

—Vaya —comenté sorprendida—, eso es genial.

Una sonrisa casi invisible apareció en sus labios.

Luego de eso vimos una película, almorzamos y me preparé para lo que sería el listening party del nuevo álbum de los chicos.

Me vestí con un lindo vestido beige con flores en tonos rosa y unos zapatos de tacón beige.

Ondulé mi largo cabello solo en las puntas, me maquillé sutilmente y, por último, tomé mi bolso rosa.

El atuendo combinaba bastante bien.

Rhys me esperaba en la sala y, cuando me vio, sus ojos me recorrieron con detenimiento.

No fue una mirada lasciva; fue una mirada admirativa.

—Te ves… bien —dijo indeciso.

Sabía que había escogido con cautela la palabra “bien” en vez de la que realmente quería decir. Eso me confirmaba, una vez más, que aunque estaba sospechosamente interesado en mí, su ética no se lo permitía.

Era demasiado profesional, y eso comenzaba a molestarme.

—Gracias. ¿Nos vamos?

Asintió y salimos del penthouse hacia el ascensor.

En ese momento, su celular sonó. Rhys lo sacó y frunció el ceño.

—¿Pasa algo? —pregunté curiosa.

—No es nada —respondió serio y lo guardó.

Rumbo al club, estuvo muy distante y pensativo. El recorrido fue demasiado silencioso para mi gusto.

Al llegar al lugar, lo primero que notamos fue la gran cantidad de fans que había afuera, pero también estaba consciente de que habían aumentado la seguridad; por eso había tantos guardaespaldas en la entrada.

Rhys estacionó el auto y nos dirigimos al interior del club, no sin antes mostrarle a seguridad nuestros pases de staff.

Al pasar la puerta, la música vibraba por el lugar, las luces neón brillaban por todas partes y la gente bailaba. Otros bebían lo que parecía ponche y había mesas con aperitivos.

También había puertas de cristal que dejaban ver el exterior, donde había una piscina, una zona verde y algunas sillas.

El DJ estaba en un escenario y había una pequeña plataforma.

Además de los miembros del staff, también había personal de la compañía y algunos fans.




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