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Rhys’ POV.
Me desperté con los rayos del sol que iluminaban la habitación y mi rostro.
Bostecé y me di cuenta de que, para dormir en una silla había dormido demasiado a gusto. Demasiado bien.
Aunque mi torso se encontraba sobre la cama de Amira.
La miré. Ella dormía pacíficamente y aún abrazaba mi mano, como si quisiera que no me alejara.
Me tomé la libertad de acariciarla con mi mano libre.
Y coloqué los mechones rebeldes detrás de su oreja.
Aún sudaba y la temperatura de su cuerpo aún no bajaba, pero al menos estaba mejor que la noche anterior.
Suspiré, mirando sus largas pestañas, su nariz respingada y sus labios carnosos.
Amira despertaba en mí emociones que había enterrado: ternura, deseo, miedo de volver a perder a alguien…
¿Pero qué podía hacer? Después de todo lo que sucedió en ese entonces, yo no merecía ser feliz, pero estaba decidido a proteger a Amira hasta mi último aliento, de ser necesario.
La seguí observando hasta que decidí retirar mi mano y, con delicadeza y sin despertar a Amira, la reemplacé por una almohada.
Caminé hasta la cocina y empecé a preparar el desayuno. Necesitaba recuperarse pronto y, para ello, debía alimentarse y tomar el medicamento.
Mientras cocinaba, recordé el incidente de la noche anterior.
Había recibido las grabaciones del metro cuando íbamos en el ascensor.
Se veía muy claro el rostro del chico, ya que había retirado su mascarilla y su gorra negra.
Fue una sorpresa verlo en el evento, pero fue más sorprendente el hecho de que se desviara para hablar conmigo en un lugar tranquilo y advertirme.
—Amira está en peligro. Sé que ella es Kaia Roux, pero juro que no lo sabía, lo descubrí por accidente hoy —había dicho—. Nos hicieron creer que ella era una mala persona, pero no lo es. Ha hecho muchas cosas buenas por Aetherion, y me arrepiento de todo lo que sucedió con Amira.
Observé su lenguaje corporal. Había arrepentimiento verdadero en él y, ya que había descifrado que me había alejado a propósito de la multitud para advertirme, era hora de hacer mis preguntas.
—¿Entonces todo este tiempo las amenazas fueron hechas por fans?
Él asintió.
—Lo siento, estoy muy arrepentido —dijo con ojos afligidos.
—Antes mencionaste que les hicieron creer que era una mala persona, ¿quién fue?
Estaba a punto de responder cuando escuché algunos gritos y mucho ajetreo.
Entonces recordé que había dejado a Amira sola.
Corrí rápidamente de vuelta para ver que la multitud se había acumulado al borde de la piscina.
Mi corazón latía con fuerza y mis ojos buscaban a Amira, pero no la encontraban.
No fue hasta que reconocí su vestido en el agua. Era ella y alguien más.
Cuando salió a la superficie, pude notar que la otra persona se trataba de Leo.
Allí fue donde la ayudé a sacarlo del agua y darle RCP.
Después de eso, perdí al chico de vista.
Me sentí molesto, porque la respuesta estuvo al alcance de mi mano, pero se desvaneció.
Era probable que la persona que mal informó a los demás fuera la cabecilla de todo esto.
Terminé de cocinar y, cuando giré para llevar la comida hasta su cama, la vi de pie, con ojos cansados, mirándome.
—Amira —murmuré preocupado—, es mejor que te quedes en cama, aún estás débil.
—Me siento mejor —murmuró con desgana y tomó asiento en la isla—. Huele bien.
Dejé la comida frente a ella y un té de jengibre.
Admiraba a Amira por ser tan valiente. No le importó mojarse para salvar a una persona ni mucho menos se quejaba de estar enferma.
Y respetaba el hecho de querer mantenerse en el anonimato para proteger a los suyos.
Desayuné con ella, en la paz y la calidez que se sentían como un hogar, aunque ella y yo no fuéramos familia.
Hacía mucho tiempo que no comía con alguien.
Luego del desayuno, Amira tomó su medicamento, se duchó y volvió a la cama.
Para entonces, su fiebre había disminuido y sus mejillas empezaban a recuperar el color.
Había dejado un cambio de ropa en el auto, así que tomé una ducha y me entretuve dando vueltas por el penthouse.
Era realmente grande, eso demostraba parte de la vida que llevaba Amira, pero a pesar de vivir una vida demasiado cómoda, ella se mantenía humilde y, de no ser porque ella me trajo aquí, jamás habría pensado que era una persona adinerada.
Volví a su habitación cuando recibió una llamada. Era de Leah.
Amira me miró de reojo y respondía con monosílabos.
Estaba ocultando algo.
Cuando colgó, no pude evitar preguntar:
—¿Está todo bien?
—Sí —respondió y me miró fijamente.
Eso solo significaba una cosa: estaba comprobando si había creído en su mentira.
—Amira —murmuré severamente—, sabes que no puedes engañarme.
Frunció los labios y terminó por suspirar, agobiada.
—Lo siento, pero no me dejaste más remedio —dijo con un mohín—, así que investigué por mi parte.
Me extendió su teléfono con un video.
Era el chico del evento. En la grabación se observaba cuando entraba en las instalaciones de la editorial y llevaba consigo la misma caja que Amira había dejado caer el otro día.
—Eres muy astuta —susurré, y sonreí.
Me sentí ciertamente orgulloso.
Amira era muy inteligente y no necesitaba ser del servicio de inteligencia ni investigadora privada para recopilar información.
—Es el mismo chico que te entregó la nota —le mencioné—. Seguí su rastro por las cámaras de seguridad y tomó un metro en la estación. Averiguaré más sobre él —le dije.
Por ahora mantendría en secreto el hecho de que él estuvo en la fiesta y me advirtió sobre el peligro que acechaba a Amira.
No quería asustarla más de lo que ya estaba.
—Me parece bien… Por cierto —empezó a decir algo dudosa—, me gustaría ir a ver el concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, así que compré dos boletos —mencionó mientras miraba sus manos.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 18.07.2026