Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 17

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Amira’s POV.

¿Qué había pasado?

Entré a casa sintiéndome ridículamente decepcionada.

Todo había sido perfecto.

¿Pero qué podía hacer?

Me senté en el sofá y dejé el bolso en la mesita.

Parecía que Rhys no tenía una buena relación con su familia, porque en caso contrario, no creo que hubiera una razón para no hablar sobre ellos.

Suspiré, pensando en lo que me había costado obtener esos boletos en los palcos, y que incluso había pagado demás por los miserables revendedores.

Lo único que me consolaba era que Rhys había mencionado que le había gustado el concierto.

También recordé, un poco avergonzada, que había fingido que me moría de hambre solo para pasar más tiempo con él.

Se acababa de ir, pero ya me hacía falta.

Me dejé caer en el sofá y empecé a quejarme en voz alta, seguida de un par de patadas en el aire.

Estaba intentando sacar mi frustración, aunque parecía más un berrinche.

Cansada, me dirigí a mi habitación. Debía descansar, ya que tenía trabajo por hacer.

Al día siguiente, Rhys me estaba esperando fuera del penthouse.

Lo observé cuidadosamente.

Se veía cansado, y tenía grandes ojeras.

Pensé que tal vez no había dormido bien, y no pude evitar preguntarme la razón de su desasosiego.

Aunque era buena leyendo a las personas, no podía descifrar a Rhys por completo, y eso no solo me desconcertaba, sino que me intrigaba.

El camino a la compañía fue silencioso, y al llegar, me dirigí con apuro hacia la sala de ensayos.

Quería deshacerme lo antes posible de la incómoda situación.

Los chicos estaban bailando y sostenían micrófonos en sus manos.

Había muchas personas, más de lo habitual, ya que generalmente solo estaba yo y Rhys, y en algunas ocasiones estaba el manager o Elliot.

Traté de hacerme hacia un lado, evitando estorbar, lo cual fue prácticamente imposible en cuanto Leo me notó.

—Amira —dijo feliz de verme y me desconcertó, cuando sus brazos rodearon mi pequeño cuerpo.

Los bailarines y el personal que se encontraba en la sala de ensayos giraron a vernos.

Estaba en shock, y traté de apartarlo, pero no pude.

—¿Qué haces? Nos están observando —dije incómoda.

No por el abrazo de Leo, sino porque estábamos siendo el centro de atención y podía dar paso a malinterpretaciones.

—Que lo hagan —dijo con tono juguetón—. De todas maneras, quería darte las gracias, Amira —dijo susurrando a mi oído, y acariciando tiernamente mi cabello.

Se apartó un poco, y sus manos se posaron sobre mis hombros. Sus ojos estaban brillantes y una pequeña sonrisa surcó sus labios.

Pude notar que Rhys estaba tenso y observaba las manos de Leo con seriedad.

—Quiero invitarte, como agradecimiento, a un almuerzo. ¿Te parece? —inquirió aún con su rostro iluminado.

Dudé, ya que no quería malentendidos, y en parte, no quería que Rhys se sintiera incómodo… pero, ¿realmente estaba irritado por la cercanía que Leo estaba teniendo conmigo, o solo era mi imaginación?

Pensé que había una gran probabilidad de que fuera la segunda opción y, de todos modos, era solo un almuerzo como agradecimiento. No significaba nada.

—De acuerdo.

—Bien —ahora sonreía ampliamente.

Se alejó y siguió ensayando con los chicos.

Cuando terminó el ensayo, Leo, Rhys y yo fuimos a almorzar. En el restaurante, Leo pidió una sala privada para comer cómodamente.

Rhys estuvo tenso todo el tiempo, su mandíbula estaba apretada y sus labios formaban una línea fina.

Estaba más serio de lo habitual, y sus ojos nos miraban con gravedad.

Me pregunté qué estaría pasando por su cabecita, y me permití observarlo más.

Su mandíbula estaba atractivamente tensa y sus cejas levemente fruncidas dejaban ver que se encontraba fastidiado.

Lejos de darme miedo su frialdad e imponencia, me parecía sumamente fascinante y seductor.

—Para ser honesto, quiero confesarte un secreto —dijo Leo sacándome de mis pensamientos. No le había prestado mucha atención durante todo este tiempo—. Cuando era niño, mis padres nos llevaron de visita donde mis abuelos. Iban a festejar el cumpleaños de mi tío allí, así que toda la familia se reunió después de mucho tiempo —comenzó a narrar mientras su mano jugaba con el tenedor y con los fideos y la albóndiga—. Mi padre había prometido que me llevaría en la tarde al lago para pescar, pero seguí insistiendo en que me llevara porque estaba aburrido. Y como no cedió, convencí a mi hermana menor para que fuera conmigo —dijo cabizbajo, como si estuviera recordando ese momento—. Subimos a un pequeño bote y remé lejos de la orilla. Mi hermana tenía solo tres años… —mencionó agobiado y sus ojos se cristalizaron—, se puso de pie y perdió el balance. El bote se volcó y los dos caímos al agua. Intenté ayudarla… pero no pude.

Las lágrimas se desbordaron por sus mejillas y me cambié de asiento para estar a su lado.

Lo abracé, y acaricié su espalda.

—No pude salvarla —sollozó—. Fue mi culpa que muriera en ese lugar.

—No fue tu culpa —me apresuré a decirle—. Fue solo un accidente.

Se separó para mirarme a los ojos.

—Pero lo pude evitar, de no haber sido porque insistí en querer ir allí. De hecho, por poco me muero también, de no haber sido porque mi padre me vio.

—Eras solo un niño —insistí—. Esas cosas pueden suceder en cualquier momento y en cualquier lugar. Tus intenciones no fueron malas, solo querías que ella te acompañara. Fue un acto totalmente inocente, así que no te culpes. Fue solo un accidente —remarqué la última palabra.

Leo me volvió a abrazar, y escondió su rostro en mi cuello mientras sollozaba.

Le di palmaditas en la espalda para tranquilizarlo.

Estaba en lo correcto cuando pensé que Leo le tenía miedo al agua. Lo que no sabía era que, la manera en que había desarrollado ese trauma, había sido por un trágico accidente con su hermana.




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