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Sentía algo deslizarse de arriba hacia abajo por mi mejilla, no estaba segura de lo qué era, pero se sentía cálido.
Cuando abrí los párpados, lo primero que vi fue una imagen borrosa de Rhys, que pronto se fue aclarando.
Se veía preocupado, y me di cuenta de que era su mano la que estaba en mi mejilla, acariciándome con el pulgar.
—¿Cómo te sientes?
—Siento que todo me da vueltas —dije, llevándome la mano al rostro, solo para darme cuenta de que tenía una vía intravenosa.
No fue hasta ese momento que fui consciente de que estaba en un hospital y, al observar la habitación con más atención, me di cuenta de que era una habitación VIP.
También noté las flores y los globos atados a la cama.
—Los chicos y los miembros del staff los trajeron —comentó Rhys al verme confundida.
—¿Qué día es hoy? —pregunté desconcertada, intentando sentarme en la cama.
—Calma —dijo Rhys, tomándome de los hombros y haciendo que volviera a acostarme—. Solo pasaste la noche aquí.
Me relajé un poco, pero luego recordé que ese día era el segundo concierto.
—¿Los chicos están ensayando? —pregunté agobiada.
Rhys asintió.
—Pero tú no irás —declaró con firmeza.
Lo observé, preguntándome qué le hacía pensar que podía darme órdenes.
—No me mires así. El doctor lo ordenó —dijo, como si hubiera adivinado lo que acababa de pensar.
Hice un puchero mientras sentía la mano de Rhys acariciarme la cabeza. Al principio dudó, pero de todas formas lo hizo.
Era un gesto muy íntimo, pero me gustaba, así que no dije nada.
‹‹Podría acariciarme todo lo que quisiera››, pensé.
—¿Cómo se veían los chicos?
—Aunque el doctor dijo que estabas fuera de peligro y que el corte no había sido profundo, se veían inquietos y desanimados —dijo pensativo—. Estuvieron aquí varias horas hasta que el manager les dijo que debían descansar y volver hoy. Vinieron muy temprano, se quedaron otro rato y luego se fueron a ensayar.
—Ya veo —dije suspirando—. ¿Y cómo se ven mis heridas?
Rhys parpadeó varias veces antes de responder.
—No las he visto —comentó con los ojos bien abiertos.
Reí suavemente.
—¿Cuándo me darán el alta?
—Parece que hoy.
En ese momento, el doctor entró.
Llevaba una tablet y una enfermera lo acompañaba.
—Hola, Amira. ¿Cómo estás? —preguntó sonriendo.
Lo reconocí de inmediato.
No era solo un doctor; era el director del hospital.
Lo recordaba porque me había reunido con él en varias ocasiones para donar al hospital.
—Oh, hola —dije intentando sentarme.
—Está bien, puedes quedarte acostada. Solo necesito revisarte.
Asentí, y la enfermera revisó mis signos vitales.
El doctor levantó ligeramente la blusa, dejando al descubierto la herida de mi costado. Luego la bajó y apartó el cuello de la bata para revisar la clavícula.
—Se ven mucho mejor —dijo inspeccionando las heridas—. Los hilos se caerán solos, así que no debes preocuparte por eso. Los cortes no eran profundos y, gracias a tu acompañante, no perdiste mucha sangre —comentó mientras anotaba algo en la tablet.
Miré a Rhys, que jugaba distraídamente con la manga de mi bata. Su actitud casi aniñada me enternecía. Era un lado suyo que no había visto antes.
—Te resetaré algunos medicamentos para el dolor y, si presentas algún otro síntoma, puedes llamarme. Ya puedes irte.
—De acuerdo. Muchas gracias.
El doctor y la enfermera salieron de la habitación y, con ayuda de Rhys, me senté en la cama.
—¿Se conocen?
Por supuesto, Rhys había notado mi cercanía con el director del hospital.
—Sí. Hice varias donaciones al hospital.
—Ahora tiene sentido.
—¿El qué?
—Nada —respondió cortando la conversación.
Entrecerré los ojos. Estaba segura de que sabía algo más, pero decidí no insistir.
Con su ayuda me puse en pie y me extendió una bolsa.
—Tu ropa estaba manchada de sangre.
Hasta ese momento noté que la ropa de Rhys también estaba manchada.
Tomé la bolsa y la abrí. Era ropa nueva.
—Gracias —dije antes de caminar hacia el baño para cambiarme.
Tardé bastante debido a los tirones en las heridas, pero Rhys no se quejó.
Él me ayudó a caminar hasta la recepción, donde pregunté por el costo de la factura
—No debe pagar. La factura fue cubierta por el hospital —dijo la recepcionista.
Me quedé perpleja hasta que recordé las palabras de Rhys.
Le di las gracias y salimos del edificio.
—Así que a eso te referías —mencioné levantando ambas cejas.
—En parte.
—¿En parte? —pregunté confundida.
—Lo noté por el lenguaje corporal.
—Ah —dije, recordando su currículum.
Subimos al coche y nos pusimos los cinturones.
—¿Te quedó bien la ropa? —preguntó mientras empezaba a conducir.
—Sí. De hecho, es de mi talla —dije recordando las etiquetas.
Fue entonces que lo entendí.
‹‹¿Acaso Rhys sabía mis tallas? Hasta la ropa interior me quedaba bien. Oh, por Dios››, pensé llevándome una mano a la boca.
—¿Acaso tú…?
—No —negó de inmediato—. Los de emergencias tuvieron que cortar tu ropa. Yo solo recogí tus pertenencias y vi las etiquetas porque luego tuve que desecharlas —dijo con las mejillas ligeramente sonrojadas.
Me quedé en silencio, avergonzada.
No podía creer que Rhys hubiera visto mi ropa interior. Al menos era bonita, pero aun así me apenaba.
Al llegar al hotel, noté que estaban reparando la puerta de mi habitación.
Rhys la había destrozado.
—Por ahora puedes quedarte en mi habitación —dijo abriéndome la puerta—. Pregunté por más habitaciones disponibles, pero debido al concierto todas están ocupadas.
—Entiendo.
En realidad, no me molestaba en absoluto quedarme allí.
Tomé asiento en uno de los sofás mientras miraba todo a mi alrededor.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 08.08.2026