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Esa noche Rhys durmió en el sofá, y yo en su cama.
Aún no me sentía segura y tenía miedo de volver a mi habitación sola. De hecho, no pude evitar sentirme ansiosa por lo que había pasado y observaba constantemente la puerta, esperando que una sombra la abriera, pero cuando recordaba que el único que estaba tras esa puerta era Rhys, las palpitaciones descontroladas por la ansiedad disminuían, hasta que, en algún momento, me quedé dormida sin notarlo.
Al día siguiente tuvimos que ir a la estación policial para dar nuestras declaraciones. Rhys no se separó de mí en ningún momento.
Además, él ya les había dado las evidencias que había estado recopilando, y me sentí más tranquila cuando salimos de la estación.
Por otro lado, los chicos no podían dar crédito a lo que escuchaban. No fue hasta que Leo dijo: ‹‹Ahora entiendo por qué estaba tan insistente el día del listening party››. ‹‹Quería que nos alejaramos de ti porque nos arruinarías››, había mencionado.
‹‹Así que era ella la chica con la que había hablado antes de caer en la piscina››, había pensado, y cuando se lo pregunté a Leo, lo confirmó.
La chica lo había empujado al agua a pesar de saber que él no sabía nadar, luego de que él le dijera que no lo harían.
Y cuando le pregunté porqué no había dicho nada, me comentó que era una persona con la que habían tenido mucho contacto debido al trabajo, que no quería lastimarla y además de que siempre parecía apoyar al grupo. Por supuesto, jamás imaginaron que ella le haría daño a nadie.
‹‹Tal vez siempre ocultó muy bien quién era realmente››, pensé.
Pero al menos ya estaba tras las rejas.
Rhys me ayudó a subir al auto para ir de vuelta a casa. Necesitaba descansar, y ahora sí o sí debía hacerlo, al menos hasta que sanaran las heridas.
Pero había algo que me preocupaba.
—Rhys —llamé su atención.
—¿Sí? —respondió sin quitar la vista de la carretera.
—He estado pensando… que aunque ya hayan atrapado al culpable, podrías seguir trabajando para mí —sugerí un poco insegura e intentando ocultar cuánto deseaba que aceptara.
Rhys no respondió de inmediato y su ceño estaba levemente fruncido.
Di por sentado que no aceptaría. Debía reportar a la agencia que la amenaza ya había sido neutralizada y que le podían asignar un cliente nuevo.
Solo de pensarlo sentía un vacío en el pecho.
—Está bien —respondió con simpleza.
Iba a sonreír, pero controlé mis impulsos.
Me sentía aliviada de que hubiera aceptado, aunque sabía que no podía mantenerlo a mi lado para siempre.
Rhys’ POV.
Sabina Grütter era alguien complicada.
Había planeado atacar a Amira en un espacio íntimo, creyendo que estaría vulnerable.
Cuando el hotel se quedó sin luz, supe de inmediato que algo andaba mal, y cuando salí de la habitación, había varias personas iluminando el pasillo con las linternas de sus celulares, entre ellos los chicos de Aetherion y parte del staff. Estaban todos, excepto Amira.
Seguido de eso escuché su grito, no esperé más y le di una fuerte patada a la puerta, ya que estaba bloqueada.
Y fue entonces cuando las vi. El cuchillo estaba penetrando la piel de Amira.
La furia me atravesó y avancé hacia ella sin dudar, la sujeté de la camisa y la tiré hacia el mueble que se encontraba en medio de la sala.
La chica se golpeó, e intentó levantarse y apuñalarme.
Fue un error creer que podría enfrentarse a mí.
En el ejército nos entrenaron para cualquier tipo de situación, y eso incluía los simulacros nocturnos.
Sin ver, aprendimos a usar los sonidos y el tacto a nuestro favor.
Cuando el cuchillo estuvo cerca de mi abdomen, tomé su muñeca y la presioné con fuerza, haciendo que dejara caer el cuchillo.
Luego le propiné una patada que la derribó en el piso y, de no haber sido porque necesitaba que llegara viva a la policía, habría seguido golpeándola.
Nadie, absolutamente nadie tocaría a Amira mientras yo estuviera a su lado.
Solté un suspiro casi imperceptible.
Conducía en dirección al penthouse de Amira, y ya estábamos cerca del lugar.
Me aliviaba saber que, aunque no lo admitía, Amira me quería a su lado.
Y yo quería estar al suyo.
Reconocía que, todo esto que me hacía sentir Amira me asustaba.
Ella empezaba a romper mi coraza, no porque lo intentara, sino porque sé que, de cierta manera, ella me ve con otros ojos. No me juzga, no me exige nada. Y eso me estaba desarmando lentamente.
Llegamos al penthouse, y le ayudé con su maleta.
Se veía cansada y débil.
Me preocupaba mucho su salud, no solo física, sino mental.
Mientras íbamos en el ascensor, no pude evitar pensar en que ella había visto mis cicatrices.
No me gustaba que las vieran, y por eso siempre me cubría con camisas de manga larga incluso en los días más calurosos.
Realmente lo odiaba, pero ella, ni siquiera preguntó.
No dijo nada al respecto, y me gustaba la manera en que siempre esperaba el momento adecuado para que las personas depositaran confianza en ella para ellos contarles sus problemas.
Aetherion era la prueba de ello.
Las puertas del ascensor se abrieron, dándonos paso al pasillo.
Una vez en el penthouse, empecé a desempacar la maleta de Amira, ya que ella no podía moverse del todo.
—No es necesario.
—Estás herida, déjame hacer esto —dije ordenando su ropa.
—De verdad no tienes que hacerlo. Yo puedo hacerlo después —insistió apresuradamente con algo de incomodidad.
En ese momento, tomé una prenda que, al verla, me di cuenta que era un sostén.
Amira me lo arrebató de las manos y lo escondió detrás de su espalda.
—No lo hagas. Déjalo así —dijo avergonzada.
Estaba perplejo.
Sus mejillas se sonrojaron y de cierta manera, la hacían ver adorable.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 08.08.2026