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Amira’s POV.
Había tenido un buen progreso con mi libro. Llevaba días escribiendo sin parar y, de repente… nada.
No pude escribir nada más.
Incluso intenté releer el outline que había hecho para la historia, pero seguía sin avanzar. ¿Por qué me estaba costando tanto conectar las ideas?
Mientras llevaba con frustración ambas manos a mi cabeza, una llamada de Leah se reflejó en mi celular.
—¿Hola?
—Hola, Amira. ¿Cómo va el libro?
Resoplé.
—¿Ni siquiera un “cómo estás”? ¿Me llamas como amiga o como editora? —inquirí, más frustrada todavía.
Llamó en el peor momento.
—Como editora —respondió de inmediato.
—Entonces déjame darte las malas noticias, tengo un bloqueo —le fui sincera.
—Ya veo —susurró—. Esto es malo. ¿Has hecho algo para despejarte…? Lo pregunto como amiga —agregó.
Casi me hace reír.
—Sí, pero no he logrado nada.
La línea estuvo en silencio durante un par de segundos, hasta que la volví a escuchar.
—¿Estás en casa ahora mismo?
—Sí —respondí algo dudosa.
—Muy bien, te ayudaré —dijo con convicción—. Voy para allá.
Y colgó.
¿Realmente venía a ayudarme?
Hoy era sábado, y por supuesto era uno de sus días libres, pero de todos modos me sorprendió. Me hizo preguntarme qué se traía entre manos.
Leah no tardó mucho en llegar. La dejé entrar y traía consigo varios juegos de mesa.
—¿Esto es lo que me va a ayudar? —inquirí, levantando una ceja.
—Cualquier cosa puede ayudar —dijo encogiéndose de hombros.
Estuvimos un rato jugando hasta que me di por vencida. Leah me había ganado en varias partidas y solo estaba logrando que me frustrara más.
—Esto no está funcionando —dije caminando a mi habitación y dejándome caer en la cama.
Abracé una almohada y recosté mi cabeza en ella. Leah se sentó a mi lado, pensativa.
—¡Tengo una idea! —exclamó ella entusiasmada. Dejé la almohada a un lado para prestarle atención—. Vamos a un club.
—¿Qué? —dije confundida—. No quiero salir —dije, volviendo a abrazar mi almohada.
—No estás de ánimo, así que lo mejor sería que salieras un rato para despejarte —replicó ella—. Además, ya no hay peligro, ¿verdad?
Leah tenía un buen punto. No había razón para quedarme en casa.
—Está bien. Pero cuando te diga que nos vamos, nos vamos.
—Como tú digas —dijo sonriendo.
No me agradaba la idea de salir a bailar y menos estar rodeada de tanta gente, pero hacía mucho que no salía a un club. Creo que la última vez fue cuando estábamos en la universidad, y siempre era Leah la que me decía que la acompañara.
Suspiré, me puse de pie y fui hacia el armario.
Allí me preparé, e incluso le presté ropa a Leah. Ambas llevábamos vestido corto, ceñido al cuerpo y con tacones.
Salimos del penthouse y subimos a mi deportivo.
Nos dirigimos hacia el club y allí mismo estacioné.
Bajamos y no hicimos siquiera fila para entrar.
Éramos clientas VIP, aunque yo no lo sería de no ser porque Leah lo frecuentaba.
En el interior, los rayos de luces de colores se movían al ritmo de la música, y como lo supuse, el lugar estaba atestado de personas.
Seguimos al guardia de seguridad que nos llevó a una parte aislada, solo para clientes exclusivos y tomamos asiento.
—¿Qué desean tomar? —preguntó el mesero.
—Una margarita —pidió Leah.
—Y yo una piña colada —dije intentando convencerme de que quería estar allí.
—Muy bien, enseguida las traigo.
Leah movía sus manos en el aire al ritmo de la música. Estaba muy entusiasmada.
Los cócteles llegaron y Leah bebió apresuradamente. Cuando la reñí, dijo que quería ir a bailar y me arrastró con ella.
No me quedó más remedio que bailar. Al principio me sentía muy tiesa, casi como un robot, pero tres canciones después me sentí más suelta, más libre.
Y comencé a moverme con más naturalidad.
El DJ tenía una canción de electrónica que yo había estado reproduciendo constantemente desde que salió.
‹‹So come up with me
I’ll take you high
That prime donna
spice up your life
You know I got that
shit that you like
So come up with me
run up uh jump››
Leah y yo saltábamos y las personas a nuestro alrededor gritaban: ‹‹¡JUMP!››
El DJ mantuvo la electrónica hasta que acabó su turno y llegó el siguiente.
La dinámica siempre era así, varios DJs se presentaban en el club, pero algunos tocaban música diferente.
El siguiente puso música más sensual.
Leah y yo estábamos cerca la una de la otra, y nos estábamos divirtiendo, hasta que sentí unas manos tomar mi cintura y bajar descaradamente hasta mis caderas.
Leah vio la incomodidad en mi rostro y tomó mi mano para jalarme hacia ella, sin embargo, el tipo ejerció fuerza y me pegó a su cuerpo.
Era realmente desagradable.
Empecé a tratar de quitar sus manos y él no quiso ceder, al contrario, estaba bajando más allá de lo que debería.
—¡Suéltame! —dije forcejeando, y cuando Leah estaba a punto de pisarle el pie, alguien la tomó del brazo y se la llevó.
Me quedé en shock, sin saber qué hacer.
—¡Déjame en paz! —grité furiosa.
En ese momento, sentí cómo desaparecían la fuerza y el peso que ejercía sobre mí.
Me giré molesta e indignada, pero fue más mi asombro al observar a alguien que no esperaba ver esa noche.
—Dijo que la soltaras.
Rhys tenía agarrado por el cuello de la camisa al sujeto, quien evidentemente perdía en altura.
Intentó deshacerse de su agarre y Rhys lo empujó, haciendo que este perdiera el equilibrio y cayera sobre el piso.
Entonces varios sujetos, probablemente amigos del tipo, salieron a defenderlo.
Rhys esquivó un golpe y luego otro. Era muy ágil, veloz y fuerte.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 08.08.2026