Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 23

════ ∘◦❁◦∘ ════

Rhys’ POV.

Volví al penthouse lo más rápido que pude.

Cuando entré, el departamento estaba en silencio. Inquieto, caminé hacia la habitación de Amira y abrí cuidadosamente la puerta. Solo la abrí un poco para echar un vistazo y asegurarme de que estuviera bien.

Ella se removió entre las sábanas y abrió lentamente los ojos.

—Perdón, no quise despertarte —dije abriendo ahora la puerta por completo.

—Está bien. De todas formas no dormí bien —dijo sentándose sobre la cama.

Se veía agotada; las ojeras bajo sus ojos delataban que apenas había dormido. Ni siquiera tenía que decirlo.

—Voy a hacer el desayuno —declaré antes de caminar hacia la cocina.

Amira tardó un rato en venir, y cuando llegó, noté que traía el cabello húmedo.

Se había bañado.

Serví el desayuno y me senté a su lado.

—Si sigues así, en vez de ser mi guardaespaldas, vas a convertirte en mi chef personal —dijo con una sonrisa amarga.

—¿Y eso no te gusta?

Amira me miró y se tomó un par de segundos para responder.

—No me molesta que cocines, es solo que… —dudó, pero aún así prosiguió—. Haces mucho por mí y no quiero que pienses que me aprovecho de ti.

Así que eso era lo que pensaba. Creía que para mí debía de ser una especie de compromiso.

—No lo haces. Me preocupo genuinamente por ti, y no espero nada a cambio. Lamento si no soy muy claro al expresar mis sentimientos —mi mano se acercó cautelosamente a ella y acarició con suavidad su cabello.

Sus ojos me miraron anonadados.

No la culpo. Cuando la conocí, pensé que sería la típica celebridad caprichosa… y no lo fue. Aunque Amira era muchas cosas: era amable, paciente, bondadosa, divertida, calculadora y demostraba amor de una manera que no tenía límites.

Si algo envidiaba de ella, era que su corazón era tan grande que las limitaciones podrían ser solo el cielo.

Lamentablemente, algunas personas no podían ver eso.

—Amira, quiero que sepas, que la persona con la que estamos tratando es muy peligrosa. Más peligrosa que Sabina —dije honesto, quería que ella estuviera al tanto de todo—, así que pensé, que lo mejor es que no nos separemos.

Ella estaba distraída, pensando. Quería volver a acariciar su cabello, pero no quería incomodarla, así que me contuve.

—Entonces… ¿piensas quedarte aquí todo el tiempo? —preguntó, e inmediatamente noté que su tono quería confirmar lo que ya pensaba.

—Sí. Si te sientes cómoda, puedo estar aquí día y noche.

—Está bien —respondió de inmediato.

No veía rastro de incomodidad o duda, así que eso me tranquilizaba.

—Después de desayunar, quiero que me acompañes a un lugar —dije un tanto nervioso.

—De acuerdo.

Amira sonrió y suspiré.

No podía dejar de mirarla. Captaba toda mi atención y quería mantenerme cerca, no solo por todo lo que sentía, sino también para protegerla. No me sentiría tranquilo sabiendo que estaba sola en casa.

Estábamos apunto de salir del penthouse, cuando un cuadro que no había visto antes decoraba una de las paredes de la sala de Amira.

—¿Es nuevo? —le pregunté a Amira cuando se acercó.

—Sí, lo compré recientemente.

Lo observé con atención. Había un gran lago celestino, muchas montañas, las cuales eran especialmente altas y con las puntas cubiertas de nieve. También había un par de cascadas a lo largo y junto al lago, un extenso césped verde.

—¿Es un lugar real? —pregunté interesado. Se veía lindo y tranquilo.

—Sí, es Interlaken, en Suiza. Hay varios pueblos bonitos por allí según Internet.

Mis labios dibujaron una sonrisa casi imperceptible.

Cada vez que mencionaba Suiza, sus ojos se iluminaban. Se notaba que realmente quería viajar allí.

—Ya veo —mencioné mirándola cautivado—. Es hora de irnos.

—Claro.

Salimos del penthouse y subimos al auto con destino a mi departamento.

Tomaba el volante con demasiada fuerza.

Estaba muy nervioso y ansioso. Mi corazón no dejaba de palpitar con fuerza.

Quería ser sincero con ella, y para eso, debía enfrentar mis propios demonios.

—¿Estás bien? —preguntó Amira de repente.

—Sí, estoy bien —dije intentando relajarme. Sabía que Amira había notado lo tenso que estaba. Era muy observadora.

Al llegar, estacioné el auto y subimos al piso.

Inserté la llave y lo primero que nos recibió fue Nero.

Su cola se movía alegre de un lado al otro y en cuanto vio a Amira, sus orejas se levantaron y su cola dejó de moverse.

La miraba con mucha atención y cautelosamente se acercó a ella.

La comenzó a oler y Amira, empezó a reírse.

—Me haces cosquillas —dijo riendo.

Nero estaba oliendo sus piernas y el hocico y el pelaje la estaban haciendo reír.

—Así que tú debes de ser Nero —dijo agachándose y acariciándole la coronilla.

—Es bien educado —dije tranquilo—, y también manso.

—Ya lo creo.

Siguió acariciándolo y Nero otra vez comenzó a mover su cola.

Le estaba lamiendo el cuello y ella volvió a reír.

—Es muy lindo —dijo poniéndose de pie.

Cerré la puerta y me dirigí a mi habitación.

—Puedes observar alrededor si quieres —dije sacando una maleta.

—Está bien —la escuché decir.

Saqué ropa del armario y empecé a organizarla.

Ya estaba por terminar cuando Amira entró en mi habitación.

—Eres muy ordenado —dijo mirándome.

—¿Sorprendida? —pregunté con tono divertido.

—Más o menos. Por lo general los hombres son desordenados, con excepciones, por supuesto.

—¿Entonces soy una de esas?

—Sí, aunque yo se lo atribuiría a que fuiste un militar —dijo sonriendo y acercándose peligrosamente al mueble que estaba al costado de la cama.

No intenté detenerla, simplemente dejé que lo viera. Ya me había preparado mentalmente para responder sus preguntas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.