Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 24

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Amira’s POV.

Me desperté al escuchar ruido en el departamento. Por un instante entré en pánico y me incorporé sobresaltada sobre la cama, pero luego recordé que Rhys también estaba allí.

Salí de mi habitación y me dirigí hacia la cocina. Rhys estaba preparando el desayuno. Llevaba las mangas de la camisa arremangadas y un delantal negro para no ensuciarla.

Suspiré al ver lo atractivo que se veía.

De pronto sentí un cosquilleo en mis piernas.

Reí inevitablemente y llamé la atención de mi guardaespaldas.

Nero movía la cola de un lado a otro mientras me observaba con curiosidad.

—Buenos días —saludó Rhys, mientras servía el desayuno en la isla.

—Buenos días —dije, acercándome a él y sentándome en el taburete.

Ambos empezamos a comer en silencio.

Reconocía que Rhys era muy valiente.

El día anterior, cuando me llevó a su departamento, dejó ver un lado muy vulnerable.

Había perdido a su hermano en combate y, meses después, también a su mejor amigo. Desde entonces cargaba con la culpa por ambas muertes.

Cuando me entregó el informe sellado y el cuchillo, supe de inmediato el origen de las cicatrices de su brazo: un enfrentamiento cuerpo a cuerpo durante aquella misión. Las demás marcas eran consecuencia de la metralla de la emboscada. Y eso no había sido lo peor. También habían sido capturados y torturados; solo Rhys sobrevivió.

No podía imaginar lo doloroso que fue. Haber perdido a su hermano, y meses después sufrir el fallecimiento de una persona en la que tanto confiaba.

Y debido a la exposición a situaciones de combate, había sido diagnosticado con Trastorno de Estrés Postraumático y, aunque ya le habían dado de alta, los pacientes podían volver a recaer si no se cuidaban.

Ahora entendía por qué era tan frío y distante, y la razón por la que en ocasiones se mostraba empático con los chicos.

Con Leo, por ejemplo, cuando contó lo que había sucedido con su hermana y el atisbo de tristeza que se había reflejado en los ojos de Rhys. O Ren, cuando lo diagnosticaron con Trastorno de Ansiedad.

Él los entendía.

Ahora sabía que estaba herido, no solo físicamente, sino emocionalmente, y que detrás del hombre frío hay una historia igual de compleja que mis novelas.

—¿Por qué trabajas como guardaespaldas? —solté la pregunta sin evitarlo.

Rhys dejó de comer y clavó los ojos sobre mí.

—Elegí ser guardaespaldas para proteger a civiles… como una manera de redención por todo lo que ocurrió —dijo sincero y sin apartar la mirada—. Soy muy selectivo con mis clientes, y tú eres mi primer caso en el mundo del entretenimiento.

¿Redención?

Aunque nada de lo que había sucedido había sido su culpa, eran situaciones que habían calado en lo profundo de su ser.

—Entiendo.

—Además, soy bueno en lo que hago, no sé hacer otra cosa.

Me reí suavemente, y su sonrisa fue casi imperceptible.

¿Cuándo obtendría una risa de Rhys?

—Sobre ese cuchillo… ¿Por qué aún lo conservas?

Me pregunté por qué aún no se había deshecho de eso.

—Lo guardo como un recordatorio de “el instinto salva, pero la conciencia pesa” —dijo seriamente.

‹‹Qué profundo››, me dije a mí misma.

Rhys era un mundo completamente diferente al mío, pero eso no quería decir que me alejaría de él. Al contrario, quería estar más cerca.

Terminamos de desayunar y me apresuré a prepararme para ir al trabajo.

De camino, Rhys dejó que pusiera música de fondo.

Y mientras iba sonando, yo iba cantando.

Él levantó una ceja con una expresión divertida, y luego miró hacia la ventana.

Aproveché para mirarlo por el retrovisor, y resultó que estaba escondiendo una sonrisa.

Poco a poco estábamos construyendo una confianza sólida.

Y eso era lo que quería, que confiara en mí como yo le había confiado mi vida a él.

Al llegar a Lunaria Entertainment, caminamos por el pasillo rumbo a la sala de prácticas, pero cuando abrí la puerta, los chicos no estaban.

Me pareció muy extraño, ya que siempre estaban muy ocupados desde temprano en la mañana con las prácticas.

Me dirigí hacia la sala de canto, pero tampoco estaban allí, ni en el estudio de grabación, ni en la cafetería o la terraza.

¿Dónde rayos se habían metido?

Suspiré, y miré a Rhys buscando sugerencias con la mirada.

—Creo que podrían estar por allá —dijo señalando una puerta mientras íbamos caminando por el pasillo.

Tomé el pomo y abrí la puerta.

Estaba muy oscuro, y lo único que iluminaba el lugar era la luz de una pantalla.

Los chicos miraron de inmediato hacia la entrada, tenían una mezcla de asombro y sobresalto.

Leo, que tenía un bote con palomitas, las había tirado por todos lados del susto.

Era una imagen bastante divertida.

Entré con Rhys en el lugar.

—¿Qué hacen aquí? —dije mirando todo a mi alrededor, curiosa.

Niko, Zeke y Jay tenían controles de videojuego, mientras que Ren comía un hot dog y tomaba gaseosa.

Él ni se inmutó, siguió comiendo como si nada.

—Cierra la puerta —se levantó Zeke como un rayo para cerrarla.

Miré a Rhys, un tanto confundida, y él solo se encogió de hombros, restándole importancia.

—Esta es nuestra guarida —declaró Niko.

—¡Niko! —se quejaron todos al unísono.

—Deberías saber cuándo cerrar la boca —le espetó Leo, con la boca llena.

Tenía una mano metida en el bote y la sacó repleta de palomitas para luego metérsela en la boca.

Jugaban a Fortnite y la sala tenía unos cómodos sillones de colores. Había una mesa de billar y otra de ping-pong. Había un pequeño marco en la pared con una malla para baloncesto y muchos otros juegos. Entonces vi la montaña de comida chatarra que tenían sobre una pequeña mesa frente a los sillones, y lo entendí todo.

—Así que aquí se ocultan cuando no quieren hacer dieta ni practicar, ¿eh? —me reí—. Ahora entiendo por qué a veces desaparecían, y cuando les preguntaba por mensaje dónde estaban siempre me daban excusas —los señalé.




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