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No era que realmente estuviera muerta. ¿Pero cómo le explicaría a mamá la presencia de Rhys en el penthouse?
Además, estaba consciente de que era lo suficientemente mayor como para tener novio, pero ciertamente me avergonzaba que mamá me hubiera atrapado en el acto, como si estuviera haciendo algo malo.
‹‹Voy a tener que cambiar la contraseña››, pensé.
Ahora nos encontrábamos los tres sentados en los taburetes de la isla. Rhys a mi lado y mamá frente a nosotros.
Noté que las manos de Rhys se movían inquietas bajo la isla, deslizándose suavemente sobre sus muslos, pero no se dejaba intimidar por la mirada atenta y curiosa de mamá.
—Entonces… ¿Ustedes…?
—Somos amigos —me adelanté antes de que pudiera hacer un millón de preguntas—, y me estaba ayudando con las bolsas —aclaré.
—Claro —dijo ella incrédula.
De pronto, mamá dio un respingo en su asiento.
Nero había llegado al escuchar tanto ruido.
Primero la olfateó, luego movió la cola de un lado a otro y entreabrió el hocico.
—Nero. Sentado —le ordené.
El perro obedeció, y Rhys me miró levantando las cejas.
Había sobornado a Nero con comida para que me obedeciera, y funcionó.
—¿Desde cuándo tienes una mascota? —preguntó mamá asombrada.
—En realidad no es mío. Es de Rhys, pero cuando Rhys no lo puede cuidar, yo me hago cargo de él —mentí.
—Ya veo —comentó ella.
Parecía que sabía que ocultábamos algo.
—Entonces, ¿te llamas Rhys?
—Sí, señora —respondió él en automático.
Lo observé, estaba demasiado rígido.
—Entiendo. Bueno, por obvias razones ya sabes que soy la madre de Amira —lo miró fijamente y él asintió—. ¿Hace cuánto se conocen?
—Hace unos meses —respondí de inmediato—. Por cierto, compré algo para ti —añadí levantándome del asiento y tomando la bolsa con la blusa—. Espero que te guste.
Me sentía un poco culpable por ocultar ciertos secretos, pero si no lo hacía, descubriría todo el infierno por el que estaba pasando, y eso incluía el incidente del hotel.
No quería ni imaginarlo, mamá se preocuparía demasiado.
Por suerte, ella se distrajo viendo la blusa, y sonrió al instante. Le había gustado.
Tomamos café juntos, y luego vimos una película de comedia.
Mamá y yo reíamos. En algún momento, mis ojos repararon en Rhys, quien nos miraba con ternura y con una sonrisa sutil.
Al percibir que lo estaba observando, carraspeó y volvió la vista hacia la pantalla.
Cuando terminamos de ver la película, mamá se despidió de Rhys, quien luego se fue a lavar los platos.
—Es guapo —susurró emocionada—. No me tienes que decir nada si aún no han formalizado la relación, pero cuando lo hagan, por favor llevalo a casa. Tu padre querrá conocerlo.
—Mamá —murmuré por lo bajo.
No quería que insistiera con el asunto, ni mucho menos quería presionar a Rhys por algo que claramente aún no sucedía.
—Mi corazón —dijo acariciando mi cabello—, sé que te gusta, y sé con certeza que le gustas. Cada vez que te mira, sus ojos brillan —explicó aún con emoción.
Sin querer, desvié la mirada hacia la cocina. Rhys seguía lavando los platos de espaldas a nosotras, pero por un instante noté que el movimiento de sus manos se detenía apenas un segundo antes de continuar.
—¿Cómo estás tan segura de eso? —pregunté con curiosidad.
Ni siquiera Rhys había hablado claramente sobre lo que sentía, entonces ¿cómo podía asegurarme eso?
—Digamos que es el sexto sentido de las madres —sonrió confidente—. Ya me debo ir —dijo besando mi coronilla—. Te amo.
—Yo también te amo —dije cerrando la puerta.
¿Sexto sentido? ¿Era algo así como mi don para deducir situaciones?
Caminé hacia la cocina, donde Rhys terminaba de lavar los platos.
Se secó las manos y giró. Apoyó su cuerpo en el mueble y me miró.
—Tu madre es muy simpática —comentó.
—Lo sé.
Nos quedamos un momento en silencio, hasta que le pregunté, por lo que había estado tan curiosa en aquel momento.
—¿Cómo es tu mamá? —pregunté con una pequeña sonrisa y sentándome en el taburete.
No estaba segura de si respondería mis preguntas, ya que en el pasado evitó hablar de su familia en general.
—Ella… —comenzó a decir—... es como tu madre. Es amable, simpática y se preocupa mucho por los demás —comentó pensativo—. Ella solía hacerme un chocolate caliente con malvaviscos cada noche. Decía que me ayudaría a dormir mejor. También solía leerme cuentos antes de ir a la cama —dijo con una pequeña sonrisa.
—¿Y tu padre?
Él se enderezó, y parecía un poco tenso.
—Él siempre fue estricto. Es bastante serio, y no expresa mucho sus sentimientos, pero es una buena persona. De hecho, ellos son completamente opuestos.
—Ya veo.
‹‹De tal palo, tal astilla››, pensé.
—¿Y a qué se dedican?
Caminó hacia la isla y tomó asiento en el taburete frente a mí.
—Papá fue un soldado condecorado, y mamá fue una enfermera de guerra. Desde niño me enseñaron disciplina.
—Vaya —dije sorprendida.
Rhys creció en una familia militar.
—Ambos están ahora retirados.
—Entiendo —murmuré pensativa—. ¿Los extrañas?
El semblante añorante de Rhys cambió a uno más apagado.
—Mucho —susurró.
—¿Hace cuánto no los ves?
Se quedó en silencio, como si estuviera recordando.
—Hace mucho tiempo.
Eso sonaba como que no los había visto en años.
—De seguro ellos también te extrañan —le aseguré.
No sabía lo que había pasado entre ellos, pero por la manera en que Rhys los describía, indudablemente los amaba.
Él se limitó a asentir, se levantó del taburete y se quitó el delantal.
—Me iré a dormir. Descansa, Amira.
—Tú también —dije mientras lo miraba marcharse a su habitación.
Durante los siguientes días, Rhys y yo no tocamos más ese tema. Quería darle espacio para que hablara cuando se sintiera preparado. Además, el trabajo apenas nos dejaba tiempo para pensar en otra cosa.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 08.08.2026