Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 26

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Por fin habían llegado mis días libres y me estiré sobre la cama como un gato. Tomé el control para abrir las persianas y me senté.

El día estaba despejado: cielo claro y un sol resplandeciente.

Me sentía llena de energía. Solo me quedaban un par de capítulos y el epílogo para terminar mi libro.

Me levanté y luego me aseé. Tarareaba una canción mientras me cepillaba el cabello.

Salí del baño directo hacia la cocina. Rhys no estaba, así que supuse que estaría durmiendo y que yo me había levantado antes.

Quería cocinarle algo rico, así que me esforcé en hacer platillos deliciosos.

Cuando estaba a punto de poner la mesa, me encontré con un Rhys que caminaba hacia mí mientras se terminaba de poner una camiseta, lo que me permitió disfrutar de la vista unos segundos más.

Su cabello estaba aún húmedo, y el olor de su colonia me estaba embriagando.

Sentí mis mejillas calientes y aparté la mirada.

Coloqué lo que restaba en la isla y me senté al frente de Rhys.

—¿Todo esto para el desayuno? —preguntó con voz ronca.

Su rostro sorprendido me hizo entender que tal vez me había excedido.

—Exageré, ¿verdad? —pregunté un tanto avergonzada—. Será mejor que guarde algunos platillos para más tarde —dije poniéndome en pie y tomando un plato, cuando de repente, Rhys sujetó mi muñeca con delicadeza.

—Déjalo… —dijo en voz baja.

Me pareció que lo dijo casi con súplica, pero no por su tono, sino por la mirada en sus ojos.

Sus dedos seguían rodeando mi muñeca con cuidado, como si hubiera reaccionado antes de pensar.

Algo le estaba pasando, pero no podía descifrarlo.

—De acuerdo —dije poniéndolo en su lugar.

Rhys soltó mi muñeca, pero aún sentía el hormigueo en ella.

—¿Has estado durmiendo bien? —preguntó dando el primer bocadillo.

Cerró los ojos, degustando el sabor.

—Sí, ¿y tú?

—No recuerdo la última vez que dormí tan bien —respondió honestamente.

Me pregunté por qué, y la razón de su desvelo.

—¿Sufres de insomnio? —pregunté, llevándome una cucharada a la boca.

—Algo así —respondió sin dar mucho detalle, así que me decidí a indagar más.

—¿Se debe a tu anterior trabajo?

Terminó de engullir y me miró.

—Sí —respondió con simpleza.

Decidí no seguir preguntando, porque hacerlo sería que él rememorara los malos recuerdos y yo… quería que él se sintiera feliz.

En ese momento, una idea fugaz pasó por mi cabeza, pero no estaba muy segura de que a Rhys le gustara, así que empecé a hacer cálculos.

Había dos probabilidades. Y ninguna incluía que Rhys me perdonara si descubría la verdad demasiado pronto. La primera, él se sentiría feliz y me lo agradecería, y la segunda, él se enojaría conmigo por meterme en asuntos que no me incumbían.

Pero al menos, tenía que intentarlo.

—¿Sabes? Me vendría bien un viaje por aire fresco e inspiración. ¿Qué te parece? —pregunté, anhelando que aceptara.

‹‹Por favor, por favor, por favor››, rogaba una y otra vez.

—Está bien —aceptó.

Muy bien, ahora seguía la segunda parte del plan.

Preparé lo que ocupaba para el “viaje”, cosas esenciales en realidad, ya que sería un viaje de ida y vuelta.

Salí de mi habitación con una pequeña mochila, y Rhys vestía… de traje, como siempre.

—¿No quieres usar algo más cómodo?

Él miró su traje, como si se preguntara qué había de malo con eso.

—Seré honesta, te ves bien de traje —admití sin ninguna vergüenza—, pero este viaje será largo —alargué la última palabra para darle más énfasis.

—Entonces… —dudó por un momento—. Debería cambiarme.

—Así es —asentí repetidamente.

Rhys se devolvió a su habitación, y cuando salió, tuve que morderme el labio para no maldecir en voz alta.

Literalmente me quedé embobada mirándolo.

Su pantalón y chaqueta eran de cuero, y usaba una camiseta blanca que se ajustaba perfectamente a su tórax. Su espalda se veía muy ancha y los músculos se le remarcaban a través de la tela. Además, su cabello revuelto lo hacía lucir muy sexy.

Sus labios dibujaron una pequeña y apuesta sonrisa, entonces percibí que me había atrapado mirándolo.

—¿Nos vamos? —dijo tomando mi mochila y cargándola, aún con la pequeña sonrisa estampada en su rostro.

‹‹Debería controlar mis pensamientos››, me dije a mí misma, y caminé detrás de él.

El viaje era tranquilo, pero cuando me di cuenta de que cada vez estábamos más cerca, más ansiosa me sentía.

Observé de soslayo a Rhys, que mantenía una expresión confundida.

Él miraba todo a su alrededor con detenimiento, parecía algo inquieto.

Detuvo el auto frente a una casa de dos pisos, tenía un pequeño jardín delantero y un corredor con pequeños escalones en la entrada.

Rhys permaneció inmóvil frente a la casa durante varios segundos.

Sus manos seguían sujetando el volante tan fuerte… que los nudillos empezaban a ponerse blancos.

Rhys me miró con seriedad, mientras yo lo miraba con una mezcla de ternura y nervios.

No estaba segura de cómo iba a reaccionar, pero sentía en mi corazón que era lo correcto.

—No quería engañarte… pero tampoco quería darte la oportunidad de decir que no —suspiré—. Te traje porque me dijiste que hace mucho no los veías.

Él no respondió, se quedó en silencio, pensando.

—Si no quieres estar aquí, podemos regresar —comenté empezando a preocuparme.

Él negó con la cabeza, y esperamos un rato, hasta que se armó de valor y salió del auto.

Me apresuré en salir y lo seguí de cerca por la acera.

Una señora abrió la puerta y en cuanto nos vio, salió corriendo y bajó los escalones del corredor deprisa para abalanzarse a los brazos de Rhys.

Él tardó unos segundos en devolverle el abrazo.

Escuché pequeños sollozos, su cuerpo se movía con los espasmos, y Rhys la abrazó con más fuerza.




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