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Rhys’ POV.
La noche llegó a su fin, y el canto de un gallo me despertó.
Había olvidado lo que era vivir lejos de la ciudad.
Tardé unos segundos en darme cuenta del pequeño peso que sentía en parte de mi pecho y mi brazo.
Amira aún dormía plácidamente y uno de sus brazos me rodeaba el tórax, de hecho, también fui consciente de su pierna encima de mi entrepierna.
Tenía que controlar mis impulsos con ella, porque era alguien importante para mí.
No era que antes no lo fuera. Es solo que de joven estaba muy ocupado como para tener citas, y luego con lo de Liam… solo quería aislarme.
Pero de alguna manera, Amira había encontrado la manera de colarse entre los muros que tanto había tardado en construir. Se coló en mis pensamientos como un intruso… y también en mis sueños.
No recordaba la última vez que había dormido tan bien, pero desde que conocí a Amira, el insomnio ya no era tan frecuente. De hecho, rara vez tenía problemas para dormir.
Amira se removió, y traté de no moverme para evitar despertarla. En cambio, la abracé más.
El calor de su pequeño cuerpo me producía sueño.
Bostecé y mis ojos se cerraron de a poco.
Desperté al rato, cuando escuché unos golpes en la puerta.
Amira también se despertó, se talló los ojos con el dorso de la mano, me miró y luego escondió su rostro en mi pecho.
Los golpecitos se volvieron a escuchar seguido de la voz de mamá.
—Rhys, ¿estás despierto?
Ambos nos sentamos alarmados.
—Eh… sí, mamá.
—Está bien, el desayuno está listo —dijo del otro lado de la puerta.
—Muy bien, mamá. Voy… a vestirme y salgo enseguida —mentí, porque no quería arriesgarme a que entrara y me viera con Amira así.
—De acuerdo, veré si Amira está despierta.
En ese momento, ella y yo nos miramos con horror.
—¡No, mamá! —dije brincando fuera de la cama—. No es necesario, Amira está acostumbrada a dormir hasta tarde.
—Okay… —la escuché decir con tono inseguro—. Te veo abajo.
—Está bien —dije cerca de la puerta, y recosté mi oreja para escuchar sus pasos alejarse—. Ya se fue —dije apartándome y mirando a Amira.
Mis ojos se clavaron en sus piernas desnudas, la camiseta estaba muy arriba de sus muslos, dejando mucho a la imaginación, y luego se dirigieron a su hombro descubierto. La camiseta se le había corrido de lado, su cabello estaba despeinado y aún estaba somnolienta.
Fue una imagen preciosa de Amira. Tierna, pero sexy al mismo tiempo.
Me pregunté si así sería despertar con ella cada mañana.
La idea era peligrosa. Porque, por primera vez en años, no me daba miedo imaginar un futuro.
Sacudí la cabeza ante el repentino pensamiento.
¿Pero qué estaba pensando? Apenas y ayer nos estábamos besando, y ni siquiera éramos novios.
Quería decirle todo lo que llevaba tiempo callando. La manera en que me sentí atraído por ella desde hacía tiempo y lo mucho que me gustaba, pero debía encontrar el momento adecuado, ya que justo ahora tenía a mamá y papá esperándonos a desayunar.
Tomé la cobija y cubrí sus piernas, Amira no fue consciente de lo que sucedía, por supuesto. Me senté a su lado y acaricié su mejilla.
—¿Quieres desayunar?
Ella asintió aún sin hablar, y con los ojos entrecerrados todavía por el sueño.
Se los tallaba otra vez con el dorso de la mano.
Suspiré, aún contemplando la belleza de esta mujer.
—Ve a cambiarte —dije pasando un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Está bien —dijo saliendo de la cama adormilada.
Mientras Amira se vestía, me acosté en la cama, boca arriba, y rememoré lo que había pasado el día anterior.
El encuentro con mis padres fue emotivo. Desde luego no esperaba que me recibieran con los brazos abiertos después de no visitarlos en casi cinco años, y sin contar que el contacto que había mantenido con ellos había sido casi nulo.
Cuando Amira y mamá abandonaron la sala esa tarde, mi padre y yo no conversamos mucho. Solo sobre cómo habíamos estado y ya. Fue muy incómodo, y solo deseaba que Amira y mi madre aparecieran pronto, pero los minutos se me hicieron eternos.
Di gracias a Dios cuando volvieron con té y pan, pero luego sucedió la discusión.
Me sentía avergonzado delante de Amira, estaba viendo un lado muy vulnerable de mí y de mi familia, y era obvio que en algún momento discutiríamos, fue así desde que murió Liam.
Y también recuerdo muy bien la conversación con mamá.
—Los dejaré para que hablen a solas —había dicho Amira, y la miré suplicándole que se quedara, pero de todas formas se fue.
Fue como tener un déjà vu, como cuando me había dejado solo con papá y me había comenzado a estresar y tensarme.
Miré a mamá que me observaba atenta.
—¿Por qué decidiste trabajar como guardaespaldas? —preguntó afligida.
—Para proteger a la gente —respondí mirando nuestras manos aún juntas.
—¿Es por lo que le pasó a Liam? —mis ojos se clavaron en los de ella.
—Puede ser —dije sin querer hablar mucho del tema.
—Entiendo —dijo mamá vislumbrando que no quería hablar más sobre eso.
Acarició mi mejilla y me dio un beso en la frente.
La abracé, y nos quedamos así unos minutos.
Los abrazos de mamá siempre habían sido un refugio. Los de Amira… eran otra clase de paz.
Además, mi madre siempre había sido tan comprensible. Papá era todo lo contrario. No se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor con profundidad hasta que alguien más se lo decía.
Suspiré cerrando mis ojos por un momento, y me pareció escuchar gotas de lluvia.
Mamá y yo nos separamos. Ella puso las noticias, era un hábito para mamá verlas, ya que decía que eran muy importantes.
Fue cuando nos dimos cuenta que la carretera estaba bloqueada por un deslizamiento, entonces Amira y yo tuvimos que quedarnos a dormir.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 29.08.2026