Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 29

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Amira’s POV.

Estaba sumida en el último párrafo de mi historia y tecleaba sin parar cuando Rhys entró en mi oficina, seguido del sonido de las patitas de Nero.

El sonido de la taza de café al posarse sobre el escritorio se esparció por el silencio de la habitación.

—Gracias —dije sin apartar la mirada de la computadora.

—Con gusto.

Sentí a Rhys acercarse por detrás y, poco después, tuve su rostro junto al mío, mientras observaba la pantalla y leía lo que estaba escribiendo.

Dejé de teclear y suspiré sonoramente.

—Terminé —dije, orgullosa de ver mi trabajo completo.

Luego procedí a enviárselo a Leah por correo y giré el rostro hacia Rhys.

Estaba muy cerca, tanto que mi nariz rozó su mejilla.

Él me miró sin apartar los ojos de los míos.

Giró mi silla hacia él y me regaló una pequeña y casi imperceptible sonrisa, de esas que conseguían acelerarme el corazón.

—¿Eso quiere decir que ahora tenemos tiempo para nosotros?

—¿Qué? —pregunté, embelesada.

Él rio suavemente y me besó la frente.

—Creo que necesitas descansar —señaló.

Se apartó y tomó mis manos para ayudarme a ponerme de pie.

En realidad, era innecesario, pero estaba siendo amable y caballeroso, y eso me gustaba.

—Espera a que beba el café —dije, tomando la taza y dando pequeños sorbos.

Últimamente tenía un pensamiento rondándome la cabeza y no podía quitármelo de encima hasta preguntárselo.

—Rhys, estaba pensando que tal vez podíamos visitar a tu hermano —dije cautelosamente.

Percibí la tensión de su cuerpo casi al instante. Aún sostenía mi mano libre y la miró con detenimiento.

—Aún no estoy listo —murmuró, cabizbajo.

—De acuerdo. No pasa nada. Podemos ir cuando creas que sea el momento adecuado —dije, acariciándole el brazo.

Más tarde, después de dormir una larga siesta porque llevaba varios días escribiendo sin parar, me dirigí a la habitación de Rhys.

Di unos golpecitos a la puerta. Quería asegurarme de que estuviera bien después de nuestra conversación, ya que claramente no quería ejercer presión ni causarle estrés.

Rhys abrió la puerta y lo primero en lo que me fijé fue en que no llevaba camisa.

Su torso desnudo dejaba a la vista sus cicatrices y el tatuaje.

Luego mis ojos se detuvieron en el reloj que sostenía en la mano.

—Hola —murmuré—. Cuando desperté no te encontré por ningún lado —dije tímidamente.

Había buscado a Rhys en la cocina y en la sala después de despertarme, ya que eran los lugares que solía frecuentar. Al no encontrarlo, pensé que quizá estaría decaído.

Él sonrió con cierta tristeza.

—¿Me buscabas?

Asentí y me acerqué a él para abrazarlo.

Bostecé y luego me froté los ojos con el dorso de la mano.

—¿Aún tienes sueño? —preguntó.

Dudó un instante antes de acariciarme la cabeza, pero finalmente lo hizo.

Ya me tenía pegada a él como una garrapata y también acarició mi espalda.

Sus caricias eran tan delicadas y cuidadosas que el calor de su cuerpo hizo que me restregara un poco contra su pecho.

Dejó escapar una risa ronca y profunda.

—Me estás haciendo cosquillas con tu cabello —dijo, tomando un mechón entre sus dedos.

—¿Puedo pasar? —pregunté, separándome e invadiendo su habitación, específicamente su cama.

—Claro. Es tu casa, después de todo —dijo con sarcasmo.

Sonreí.

Se sentó a mi lado y miró hacia la ventana. Comenzaba a llover.

Aún tenía el reloj en su mano y, como lo observaba con atención, me lo mostró de cerca.

—Era de mi hermano —dijo, sosteniéndolo—. Nunca lo uso, pero es un pequeño recuerdo que llevo conmigo.

Su voz adquirió un matiz nostálgico.

—Entiendo —dije, tomándolo entre mis manos—. Es lindo.

Él asintió y se lo devolví.

Rhys se levantó de la cama y lo guardó en una caja de metal junto con otras pertenencias suyas.

En ese momento, mi estómago rugió de hambre.

Rhys me miró con una expresión divertida.

—¿Tienes hambre?

Asentí con las mejillas acaloradas. Estaba avergonzada, así que me cubrí el rostro con las manos.

—Te prepararé algo —dijo con firmeza—. Algo delicioso.

Caminó hacia la puerta y lo seguí hasta la cocina.

No iba a dejar que lo hiciera solo, así que lo ayudé.

Después, ambos nos sentamos en los taburetes.

Sostenía una taza de té con ambas manos mientras miraba la lluvia golpear los ventanales.

—¿Sabes qué es lo más extraño? —pregunté con una pequeña sonrisa—. Al principio te contraté por tu increíble currículum y porque eras intimidante.

Rhys me miró de reojo.

—Lo sigo siendo.

—Sí, pero ahora eres… mi persona favorita.

El silencio cayó entre ambos.

Tardé un par de segundos en darme cuenta de lo que había dicho.

Ni siquiera estábamos saliendo oficialmente, pero yo ya daba por sentado que lo estábamos.

Me sentí avergonzada.

—Quiero decir, no es que…

—Lo sé.

Rhys no apartó la mirada.

Me observó durante unos segundos, como si estuviera reuniendo el valor necesario para hacer algo mucho más difícil que enfrentarse a un arma.

—No soy bueno con esto, Amira —dijo con seriedad—. He pasado años manteniendo a la gente lejos porque, cuando alguien importa, existe la posibilidad de perderlo —hizo una pequeña pausa—. Y contigo fracasé miserablemente.

Solté una pequeña risa, una mezcla entre nervios y felicidad.

Él negó con la cabeza.

—No te rías. Estoy hablando en serio.

—Lo sé.

Rhys dejó la taza sobre la mesa.

—Me preocupo cuando sales sola. Me molesta cuando te expones al peligro. Y cada vez que sonríes, siento que el día fue un poco menos pesado.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—No sé en qué momento dejaste de ser mi trabajo.

Permanecí atenta, pero en silencio.




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