Punto de vista de Angelica Yue
“Wow… el tiempo en verdad pasa rápidamente.” Pensé en voz alta, refugiada del ruido que había en las calles desde mi cuarto. “Ahora… ahora que seré por fin una adulta, podré hacer lo que quiera… y con quien quiera.”
Dibujando una sonrisa en mi rostro me puse de pie, para abrir un mapa viejo que tenía para ver la ruta que tanto me había costado planificar.
“Pronto… pronto nos volveremos a ver, Drake….”
Habían pasado varios años desde que me mudé a Swaford, la ciudad costera, ciudad que recibió con un cálido abrazo a mi dolida familia después del asesinato de mi hermano mayor, Paul.
Tras llegar, mis padres se adaptaron rápidamente gracias a la ayuda de unos viejos amigos que tenían en la ciudad. Mientras que por mi parte, me fui adaptando gradualmente, todo por culpa de mis inseguridades tras aquel incidente. Por suerte, gracias a mis estudiantes, un par de nobles humanos, que crecieron rápidamente hasta parecer ya casi de mi edad, logré sentirme aceptada nuevamente.
Actualmente tengo 39 años, a solo uno de entrar en la edad adulta, por lo que mis padres no se opusieron a la idea de que viajara por el continente central como aventurera. Con su aprobación y bendición, recuerdo empezar a planear en secreto cada detalle de las cosas que haría en estos casi seis años que tenía antes de verme con Drake, mi primer amor en la capital del Reino de Alum, Slorah.
¡¡Ahh!! ¡Me pregunto si él estará contando los días como yo! Pensé emocionada mientras veía el mapa. ¡Seguramente sí!
Con una sonrisa y mi cara sonrojada, enrollé el mapa, que titulaba: ‘Camino para estar con mi amado’ antes de guardarlo en un lugar secreto para que mis padres no lo vieran. Tras unos minutos, logré calmarme, antes de que mi mente me traicionara y volviera a pensar en él, haciendo que me ocultara entre las telas de mi cama llena de una emoción que me costaba ocultar.
Haciéndome ideas de cómo se vería tras todos estos años fueron pasando las horas, hasta la noche, cuando mis padres y hermana finalmente volvieron del festival que había en Swaford.
Tras escuchar el sonido de la puerta principal abrirse, seguido de unas risas que inundaron el pasillo, me sacaron rápidamente de mis pensamientos sobre Drake. “Están cerca.” Susurré.
“¡Hermanita! ¡Hermanita!” Gritó una voz aguda antes de que la puerta de mi cuarto se abriera de golpe, revelando a Susam, mi hermana pequeña, que entró saltando con una energía que parecía no agotarse nunca. Detrás de ella, mis padres se dejaron ver desde el pasillo con expresiones más tranquilas, pero con una calidez que siempre traían consigo últimamente.
“¿Angélica? ¿Qué haces aquí?” Preguntó mi madre de forma amable, mientras me veía sentada en la cama con Susam intentando treparse encima de mí. “Pensamos que estarías afuera con Gean y Ángel aprovechando el festival.”
“Tiene razón tu madre, nos preocupamos al ver que no estabas en la plaza principal.” Añadió mi padre, cruzándose de brazos con una expresión un poco molesta.
“Sí, lo siento, pensábamos acompañarlos como acordamos, pero... antes de salir de su mansión les surgió un imprevisto de último momento y pasaron varias horas hasta que finalmente me dijeron que no podrían.” Respondí rápidamente, tratando de sonar natural mientras ocultaba mis nervios tras la ligera mentira. La verdad es que me dijeron desde la mañana que no irían, pero quería estar a solas para terminar los últimos detalles para mi viaje.
Mi madre apenada por mis palabras asintió, pareciendo conforme con la explicación. “Ya veo, es una pena. Pero bueno, aprovechando que estás aquí, trajimos algunas cosas deliciosas del mercado para comer. Ve preparándote para la cena, ¿está bien?”
Antes de que pudiera responder, Susam se abalanzó sobre mis piernas, tirando de mi ropa con sus manitas inquietas y una cara de asombro total.
“¡Hermanita, hermanita! ¡Adivina! ¡Hoy vi a muchos animales en la calle!” Dijo con su vocecita infantil, agitando los brazos. “¡Estaban volando! ¡Eran como globos gigantes por todo el cielo!”
Me reí suavemente ante su emoción, antes de acariciarle el cabello mientras la miraba a los ojos. “¿En serio? ¿Y dime, esos animales estaban sujetos por una cuerda que sostenía la gente?”
“¡Sí! ¡Así es!” Respondió ella, dando un saltito de alegría. “¿Tú también los viste, hermanita? ¿Porque no entendí cómo volaban?”
“Jeje, verás, Susam, esos no eran animales como tal, sino que eran globos especiales para el festival.” Respondí sonriendo, contagiada por su inocencia mientras la acompañaba hacia el comedor.
“¿Globos?” “Sí, no son muy comunes por acá, pero como este es un festival que se da cada 10 años, los hicieron para el entretenimiento, seguramente.”
La cena transcurrió entre risas y anécdotas del festival. Mis padres hablaban sobre lo mucho que había crecido la ciudad, mientras yo disfrutaba de la comida, sintiendo un nudo en la garganta por lo que estaba a punto de decir, porque sabía que este ambiente familiar era algo que extrañaría muchísimo.
Al terminar de comer, dejé los cubiertos sobre la mesa y respiré hondo, captando la atención de todos por mi extraña respiración que se dejó entrever más de lo que pretendía.
“Por cierto… quería decirles que la mayoría de mis cosas ya están listas.” Empecé, tratando de que mi voz no temblara. “Y, por cómo van las cosas, probablemente parta cuando acabe el festival, en unos tres días.”
El silencio cayó sobre la mesa de golpe. Mi padre dejó su taza a medio camino, mirándome con una sorpresa evidente que rápidamente se transformó en una expresión de tristeza.
“¿Qué? ¿En tres días? ¿Tan pronto, hija?” Dijo, dejando escapar un suspiro pesado. “P-pero, ¿por qué no esperas un poco más? Al menos hasta que cumplas los 40 y entres oficialmente en la edad adulta. Podríamos celebrar aquí, con calma y…”
Agradecí el gesto con la mirada, sintiendo el calor de su cariño, pero mi decisión ya estaba tomada.