Con los ojos vendados, el maná suprimido y mis heridas a punto de estar completamente sanadas, Zoe y yo estábamos en una celda improvisada en medio de unos Hoodoos del desierto, lejos de nuestro primer encuentro. Amarrados y resguardados por un par de guardias humanos que apenas nos prestaban atención.
“Drake, ¿cómo te sientes? ¿Ya estás mejor?” Susurró Zoe a un costado mío, asegurándose de que los distraídos guardias no pudieran oírnos.
“Sí… ya mucho mejor, probablemente esté listo en una hora para salir de este lugar.” Respondí con la misma intensidad, verificando que la conexión con mi Runa Atlas estuviera intacta.
Tras mi rendición, tomaron a Belarus y me llevaron con ellos para llamar la atención de Zoe desde el suelo con un par de hechizos, haciendo que esta bajara y se rindiera de igual forma al verme encadenado, vendado y con una actitud relajada.
Confiando en mí, Zoe cooperó con ellos, haciendo que no nos trataran mal del todo desde que nos apresaron. Tras llevarnos a ambos hacia un lugar un poco apartado desde donde estábamos antes, la misma chica humana con la que había hablado dentro del cañón estuvo conversando con nosotros por el camino, explicándonos que no era nada personal y que solo era trabajo.
Gracias a la larga charla que tuvimos con la humana que, de hecho, se llamaba Eris y tenía 16 años solamente, descubrimos que nos iban a llevar a la ciudad fronteriza Fallen God junto a su líder, que nos esperaba allá para luego ser trasladados hacia el Continente Central dentro de un carromato.
Escuchando unos pasos ligeros acercarse a nuestra posición, la voz alegre de la humana rompió el aburrimiento en el que estábamos sumergidos.
“Hola, hola, par de hermanitos.” Saludó Eris en voz alta, deteniéndose frente a nosotros con lo que parecía ser un par de platos metálicos, cuyo olor a estofado caliente hizo rugir mi estómago casi al instante.
Con paciencia y un humor sorprendentemente bueno para alguien que nos había derribado del cielo, casi matándonos, Eris empezó a darnos de comer directamente a la boca con una cuchara, ayudándonos a recuperar las energías físicas que los pesados grilletes en nuestras muñecas nos robaban constantemente al drenar nuestro maná.
“Hola, Eris…” Dije tras masticar y tragar un trozo de carne. “¿Qué tal está afuera? ¿Ya es de noche?” Pregunté, levantando la cabeza en la dirección de donde provenía su voz a pesar de tener los ojos vendados.
“Ya casi, el sol se acaba de ocultar por completo hace unos minutos.” Respondió ella alegremente, acercando otra cucharada a mis labios.
Teniendo una conversación casual y, de hecho, bastante agradable dadas las circunstancias, decidí tantear un poco el terreno con una broma para ver qué tanta información podía sacar esta vez.
“Oye, ya que viste que aceptamos nuestro destino... ¿no podrías bajarle un poco la intensidad a estos grilletes? Absorben tanto maná de golpe que casi me cuesta respirar con normalidad.” Dije con una sonrisa fingida, mostrando incomodidad en mi voz.
“Jaja, me encantaría, guapo, pero no se puede.” Contestó ella riendo con sinceridad. “Porque si los aflojo, podrían intentar escapar rompiendo las esposas con fuerza bruta, y créeme, son demasiado caras como para arriesgarnos a que las rompan por un descuido.”
“Jaja, no pienses tan mal de nosotros.” Respondí haciéndome el resentido, generando una risa en ella mientras me limpiaba la comisura de mi boca con un trapo un poco áspero. “Ya que no lo harás, al menos respóndeme una cosa Eris. Me di cuenta en el camino que esta cosa solo nos debilita a nosotros y no a ti o a los demás guardias que también están a centímetros de nosotros, ¿por qué?”
“¿A que mola? Eso es porque son juguetes especiales de alto nivel.” Explicó con un tono orgulloso, como si hablara de su propia magia mientras alimentaba a Zoe. “Están encantados para absorber únicamente maná Dragontino, y no otros tipos de maná. Por eso a nosotros no nos afecta en lo absoluto.”
Tiene mucho sentido... Pensé, uniendo las piezas de información en mi cabeza mientras me acomodaba hacia atrás para sentarme de una mejor forma en el suelo. Si cada raza tiene su propia firma de maná única, debe ser parecido a los tipos de sangre de mi antiguo mundo, pero aplicado a la energía que producen nuestros núcleos. Han diseñado o comprado un metal que reacciona específicamente a nuestro tipo de maná para que sea más efectivo o más barato…
Terminando de darnos de comer pacientemente, Eris recogió los platos, despidiéndose con un desliz suave y coqueto de su mano sobre mi hombro, dejándonos solos nuevamente bajo la débil vigilancia de los guardias.
Recordando las charlas que tuvimos en el trayecto, sabía que Eris era relativamente nueva en ese grupo de mercenarios. Pero a pesar de ser una novata entre veteranos, logró escalar rápidamente en la jerarquía gracias a su increíble letalidad con hechizos a larga distancia, algo que la hizo muy querida, útil y respetada para el grupo de moles musculosas con las que andaba.
Sintiendo que mis quemaduras ya estaban completamente curadas gracias a mi regeneración pasiva y los nutrientes de la comida, intenté desviar un poco de maná hacia mis ojos para activar Perception de forma discreta, queriendo investigar la fuerza exacta de las personas que nos resguardaban y el tamaño del campamento improvisado en el que estábamos.