N-Necesito ser cauteloso… o… este podría ser nuestro final. Pensé fríamente, dejando sonar nada más que mi respiración.
Habían pasado unos diez minutos desde nuestra exitosa huida de la celda de piedra, y por suerte, gracias a la pesada celebración que tuvieron los mercenarios, aún no habían descubierto nuestra fuga ni los cadáveres que dejé atrás, algo que sabía que cambiaría irremediablemente con el pasar de los escasos minutos que nos quedaban.
Después de dejar a Zoe descansando en una grieta rocosa donde no corría tanto peligro, me despedí de ella, quedando en que ella se encargaría de liberar a Mork y Ness aprovechando que no había guardias por esa zona, mientras que yo provocaría la distracción para ganar los segundos suficientes para escapar de esa zona.
Empezando a moverme por la periferia del campamento, me escabullí en absoluto silencio entre las rocas para llegar al otro lado de la hondonada, justo al extremo opuesto de donde tenían encadenados a los dragones.
Aprovechando la oscuridad y la libertad de mis manos, asomé ligeramente la cabeza por encima de un peñasco, analizando por primera vez el campamento con mis propios ojos, ya que durante todo el trayecto me habían mantenido vendado y sin la posibilidad de usar mis habilidades como Perception.
Vaya... esto es mucho más grande de lo que imaginé. Pensé, frunciendo el ceño al notar la cantidad de tiendas armadas en el centro del campamento.
Por suerte, gracias a la fiesta que hubo, había un gran silencio que solo era interrumpido por los ronquidos de los mercenarios dormidos y las pisadas de los cinco únicos guardias que hacían sus rondas. Sin embargo, mientras me escabullía por las sombras, noté que no todos eran combatientes, porque al pasar cerca de una de las tiendas más lejanas, escuché la voz de una mujer y la de un niño.
“Mamá, ya tengo sueño… quiero irme a dormir.” Dijo con cansancio una voz infantil del otro lado de la tienda, voz que fue respondida por una mujer.
“Lo sé, cariño, pero tenemos que esperar a que tu padre acabe su turno para darle la buena noticia, recuerda que recién mami se enteró de que tendrás un hermanito, y quiero que estemos ambos para darle la buena noticia lo antes posible.”
“Sí, mami… sé que eso se hace, pero… ya no creo aguantar más…”
“Ay, hijo… Mira, solo esperamos diez minutos más, si no viene hasta ahí, puedes dormir y mañana te unes a nuestra celebración.”
¿Guardia? Espero que no fuera uno de esos dos… Dije, antes de volver a enfocarme y seguir en mi trayecto hasta llegar a un punto ciego en la parte trasera del campamento, lejos de la vista de los guardias.
Agachado en la oscuridad mientras mi corazón empezaba a latir poco a poco más rápido, detuve mis movimientos por un instante, dudoso de si usar el convertidor que me había dado Angélica o no.
Ahhh… ¿qué hago? Pensé suspirando, sacándolo de mi runa dimensional para después volverlo a poner en mi muñeca, al igual que los viejos tiempos.
Con la yema del pulgar, acaricié la fría superficie del cristal que me dejó Angélica hace varios años atrás, aquel extraño objeto encantado que guardaba pasivamente todo el maná de los seres vivos que morían cerca de él.
Por el color rosado que tiene ahora... debe de contener una gran cantidad de maná por todo lo que absorbió. Pensé, sabiendo que esa energía me serviría muchísimo para una situación como esta. Pero...
Apretando los dientes, negué con la cabeza, recordando lo que significaba gastar ese recurso ahora. Decidido a no usarlo de momento, lo dejé conmigo como seguro mientras pensaba en que solo lo usaría cuando en verdad estuviera en una situación totalmente desesperada.
Descartando esa idea y sintiendo el peso del tiempo en mi contra, usé Atlas nuevamente para sacar de mi espacio dimensional un par de piedras con una propiedad que conocía, un vaso metálico y un odre de cuero que contenía agua, colocando todo en el suelo de tierra con sumo cuidado.
Haciendo un pequeño agujero en el suelo cerca de las ramas secas con mis manos, puse las piedras ahí, para luego posicionar el vaso y perforar la parte baja del odre con la daga de Zoe.
La idea era simple y silenciosa: el agua gotearía llenando el vaso, cuyo peso terminaría venciéndolo y haciéndolo caer sobre las piedras que contenían grandes cantidades de sodio puro, provocando una reacción violenta de fuego parecida a una pequeña explosión en más o menos unos seis minutos.
Dejando todo preparado, empecé a alejarme lentamente para no hacer ruido, hasta que un crujido de grava a mis espaldas me hizo pensar que me habían descubierto.
Girando la cabeza con lentitud, me topé de frente con la pequeña silueta de un niño que había salido a orinar en la oscuridad.
El niño, pareciendo estar medio dormido y con los ojos achinados, me miró de pie a escasos metros. Frotándose un ojo y girando la cabeza hacia un lado, confundido por mi presencia.
“¿Q-qué pasa...?” Preguntó con una voz adormilada. “¿Tú quién eres?”
Sintiendo mi respiración atascarse por un momento, tomé aire antes de sonreír, aferrándome a la calma de mi núcleo.
“Shhh… Soy el nuevo niño.” Dije, poniendo mis dedos en mis labios pidiendo que guardara silencio también. “Este lugar está ocupado, así que mejor ve a orinar a otro lado.”