Hoy de nuevo la depresión tocó mi puerta,
y la ansiedad la abrió sin ningún problema.
No sé qué es lo que espera de mí…
Ya basta.
No quiero seguir sintiéndome así:
de que no valgo la pena,
de que no hago nada bien.
Sé que me estoy cargando demasiado,
y cuando explote, nada quedará en pie.
¿Será hora de buscar ayuda,
o tragarme esto como siempre he hecho?
No lo sé, no lo sé…
Pero ¡odio la idea de pedirla!
Yo que siempre me levantaba de las cenizas
como un ave fénix,
yo que estuve por encima de muchos…
Ahora me ahogo en mis propias lágrimas.
¡Qué patético soy!
¿Es tonta sentirme así?
Anhelo esos días en los que mi ego controlaba todo;
ahora ni yo me domino a mí mismo.
Estoy harto de despertar en las madrugadas
y preguntarme por qué no acabo con esto,
de una vez por todas,
de la manera más cobarde y ruin.
No merezco ni la mejor atención ni nada por el estilo.
De hecho, he hecho demasiado daño:
a unos porque se lo merecían,
a otros porque no.
Me llevado a todos por delante
por no callar mi lengua,
todo por desahogar mi frustración,
mi ira de dragón que ni yo controlo.
Es tan desastroso decidir con la sangre caliente
y luego arrepentirse…
Pero lo hecho está hecho,
nada se puede cambiar.