Camino con precaución y paranoia. Después de anoche, casi no pude dormir. Ahora tengo esa extraña sensación de que soy observada, y sinceramente por ahora no quiero comprobarlo.
En cuanto entro al mall, le marco a Jude.
―Bueno días, Regina. ¿Qué tal tu noche? ―pregunta ansiosa.
―Si de verdad quieres saberlo, será mejor que vengas y desayunamos juntas, ¿te parece?
―Pero por supuesto. Le avisaré a Rose.
―¡No! ―exclamo de pronto.
Si le avisa a Rose, ella le avisará a Susan. A ellas les gusta mucho el chisme, y no quiero empeorar más las cosas. Así que esta vez no las veré en el desayuno.
Pero si no vamos, comenzaran a hacer especulaciones sobre mí.
Mejor sí vamos a desayunar, todo normal y por la tarde veré a Jude.
¡Maldita sea!, terminaré volviéndome loca.
―¿No? ―pregunta confundida, sacándome de mis pensamientos paranoicos―. ¿Regina?, ¿está todo bien?
―La verdad es que no, Jude. Pero vamos a desayunar con las chicas. Las veré a la misma hora y me tomaré la tarde para ir a buscarte. Lo que tengo que contarte es delicado.
―Regina, estás asustándome. Te escuchas nerviosa. Si quieres podemos vernos en otro lugar, por mí no hay problema.
Creo que estoy exagerando con este asunto.
Quizá nadie me está siguiendo, y yo pienso que sí...
—Regina, ¿estás ahí?
―Sí. Perdón, Jude. Te veo en el desayuno.
Sin decir más, cuelgo la llamada y me encamino al trabajo.
—¿Regina? ―Escucho a Ray exaltándome internamente, por lo que busco tranquilizarme—. ¿Qué es lo que te pasa? —inquiere con un gesto de preocupación en su rostro, pero me hago la desentendida―. Tus ojeras me dicen que no dormiste bien. ¿Qué fue lo que pasó contigo?
―Necesito... ¿Desayunamos juntos?
—Eh..., okey —Asiento y continuo hacia mi oficina, pero Ray no lo deja así, y me sigue—. Me estás preocupando, Regina —dice cerrando la puerta detrás de él.
―Estaré bien ―aseguro concentrándome en el ordenador. Hacer mi trabajo me ayudará a mantenerme cuerda.
―¿Segura? ―Asiento―. Te ves ojerosa y cansada y sospecho que tiene que ver con ese ex tuyo, ¿o me equivoco?
―No te equivocas. Tiene mucho que ver ―respondo sin mirarlo.
―De acuerdo, ya habláremos de ese tema con más calma.
Mi amigo regresa a su área de trabajo y yo continuo con lo mío. Tras un rato, tengo a Raymond tocando la puerta de mi oficina. Me levanto tomando mi bolso en cuanto él asoma por la puerta, y ambos nos encaminamos a la salida.
―Debes relajarte, Regina. Yo entiendo que todo este asunto te tiene un poco alterada, pero...
―No Raymond. Alterada es poco. Toda esta energía que provoca mi paranoia debe desap...
Dejo las palabras al aire en cuanto veo a David parado en el área de Raymond conversando con uno de los empleados.
Se le ve sonriente, pero mi reacción no es la más agradable ni más educada. Me regreso pro donde venimos, pero Raymond me da alcance.
―¿Qué rayos te pasa, Regina? ―reclama tomando mi mano para detenerme.
―Es que, ahora que lo recuerdo, tengo que organizar un montón de papeleo porque necesitamos los permisos de una marca que patrocinará el desfile de...
―Tranquila ―dice preocupado colocándose frente a mi posando sus manos sobre mis hombros estudiando mi rostro.
―No es la marca del desfile lo que te preocupa. Es el sujeto que está en los libros. ¿No te agradó su compañía? ―La curiosidad se asoma cambiándome la cara.
―¿De qué hablas? ¿Qué compañía?
—David Macfadyen ―Mi sorpresa aumenta dejándome boquiabierta, y Raymond solo sonríe con picardía―. Llegó casi enseguida de ti por esta mañana. Buscaba un libro parece, me acerqué a ofrecer mi ayuda y surgió una plática entre ambos. Me preguntó sobre una amiga que trabaja aquí. La conoció en un evento de la administración que se dio anoche. El mismo al que me invitaste de hecho. Qué casualidad, ¿no crees?
―Con lo que me está pasando, te juro que no sé si deba hacer más amigos.
―No se ve muy interesado en una simple amistad. Y deja de comportarte así. No podrás evitarlo siempre así que, vamos ―ordena y no me queda más que obedecer porque tiene razón.
Estoy comportándome como una niña.
Pero me llevo una gran sorpresa, pues vemos que Susan se encuentra con él.
―Sí que eres tonta, Regina ―regaña Raymond negando con la cabeza.
—¡Buenos días, Regina! —saluda Susan acercándose. Raymond se detiene detrás de mí.
—Buenos días, Susan. Señor Macfadyen, qué sorpresa ―saludo de la mejor manera posible.
Su cara de asombro no comprende mi saludo, o quizá es por mis ojeras. Debo verme terrible.
―Ay, Regina ―interviene Susan sin disimular su falso asombro―. Que seria te pusiste ¿Y qué te pasó? Te ves fatal ―dice casi en un tono de burla.