―Andrew no cambia. Sigue siendo igual de distraído ―dice el ojiazul para después dar una mordida a su hamburguesa.
―Jude se encarga de quitarle lo despistado.
—Es lo que necesitaba. Por cierto, tenías toda la razón.
—¿Ah sí? —inquiero tratando de no mirarlo a los ojos―. ¿Respecto a qué?
Si evito el contacto visual, quizá me resulte más fácil permanecer tranquila. Así que me concentro en lo que queda de mi hamburguesa.
—Dijiste que era probable esto. Vernos sin planear un encuentro.
―Oh, eso. Vaya casualidad, ¿no crees? ―cuestiono con ironía.
―Bueno, confieso que coincidir contigo hoy ha sido una hermosa casualidad.
No puedo más, es imposible resistirse a mirar al dueño de tales palabras. Está siendo bastante directo y me asusta lo mucho que me estremece su sonrisa porque parece sincera.
—No creo que este encuentro haya sido del todo una casualidad ―aseguro.
—¿Ah, no?
—No. Jude es bastante eficiente cuando se propone algo. Y ya me he dado cuenta de lo que es.
—¿Y qué es?
—Ya deberías saberlo. Ella es tan obvia.
—Entonces, ¿por qué no se lo ponemos fácil?
—¿Sabes?, también me da la impresión de que has tenido que ver en esto.
—No te mentiré. Admito mi culpa. Aunque no fue del todo planeado por mí. Ellos pusieron la idea, yo la apoyé y aquí estamos. ¿Por qué no simplemente lo disfrutamos?
—Quizá no parezca, pero lo estoy disfrutando en verdad —admito.
—Me alegra saber que el esfuerzo no ha sido en vano.
—¿Y en qué te estás esforzando exactamente?
—En llamar tu atención.
—No creo que para eso debas esforzarte —Me atrevo a confesar—. Llamas la atención de cualquier mujer.
—Pero a mí no me llama la atención cualquier mujer, solamente una en especial.
—Muy afortunada, entonces.
No sé qué me está pasando.
No entiendo cómo es que me atrevo a ser tan sincera.
Su mirada, su sonrisa, su voz, su presencia... Todo en él me pone nerviosa, pero no me limita a ser tímida.
—Más afortunado me siento yo por haberla encontrado en mi camino.
—¡Regina! —grita Jude sacándome del trance que me provoca su mirada. Ambos nos encaminamos alertados a la casa—. ¿Puedes quedarte con los chicos? El idiota de Andrew se acaba de cortar la mano, lo llevaré a que le suturen.
—Sí. ¿Pero, está bien? —pregunto alarmada, siguiéndola por la casa.
—Sí, nada más fue un corte. Algo profundo, pero no se morirá por eso —David y yo nos miramos sin saber qué decir.
Yo conozco a Jude y su relación con Andrew, pero en este momento, siento que le resta importancia; más de lo normal, yo estaría muriéndome del susto y ella va sin preocupación.
—Si quieres los llevo —ofrece David.
—No, David. No te preocupes, no pasa nada. Mejor quédate con Regina y los chicos. ¿Podrían hacerme ese favor?
—¿Segura? —insiste.
—Sí, no te preocupes. ¡Andrew! ¡Envuélvete bien esa mano, vas a ensuciar el auto! —grita caminando hacia el vehículo levantando una mano―. Trataré de no demorarme. ¡Gracias!
Grita sobre su hombro sin dejar de caminar al tiempo que nos observa desde la puerta. Sube al auto y lo pone en marcha.
—Qué intensa —menciona.
—Bastante.
—¿Ya se fueron? —pregunta Olivia a nuestras espaldas y ambos nos volteamos al mismo tiempo.
—Sí ¿Qué fue lo que pasó? —cuestiono cerrando la puerta. Después camino hacia la sala detrás de ella.
—Mamá le dijo que cortara algunas frutas como botanas, ya sabes... Pero papá estaba distraído observándolos a ustedes.
—Oh, vaya ―expresa David con asombro.
—Bueno, se han ido y los han dejado de niñeros ―revela Víctor―. ¿Monopolio?
—De acuerdo ―acepto.
—¿Juegas? David.
—Claro.
—Bien, pero ¿Qué les parece si primero limpiamos lo que hay en el jardín? ―sugiero.
—No, tía. Déjaselo a mamá.
—Claro que no, Víctor. Tu madre siempre ha dicho: Primero los deberes, así que vamos, si ayudan terminaremos más rápido —Finalmente caminan junto a nosotros y comenzamos a limpiar.
Tomo una bolsa al igual que Víctor. Olivia va depositando basura en la bolsa que yo sostengo mientras David hace lo mismo con el otro adolescente.
—No sean tímidos —dice Víctor llamando nuestra atención, cortando el tenso silencio que hay en el ambiente.
—Como que necesitan motivación, Vic ―menciona su hermana.
—Eso parece. David, ¿qué te ha parecido la tía Regina?