Fue en un café

15 ¿Mala jugada?

Aún no termino de procesar lo que pasó anoche.

En realidad, casi no pude dormir y es que.., ¡por todos los cielos! No pude pensar en otra cosa que no fueran sus besos.

Nada que no fuera o viniera de él.

Me siento tan feliz.

Me siento con más vida.

Quiero volver a verlo.

¡Diablos!, me siento como una adolescente enamorada.

Ha pasado tan rápido que, no sé en qué momento dejé de pensar las cosas, es decir, anoche..., anoche no sentí miedo estando con él.

¿Será David lo que yo merezco? Mi cabeza está hecha un caos, no paro de pensar en él.

El sonido de mi celular me hace volver a la realidad para alimentar más estas emociones, porque es una llamada de él.

Sin ninguna intención de dejarlo esperando, respondo al segundo tono.

―¿David? ―pregunto lo que es obvio dibujando una sonrisa en mi rostro, ansiosa de escuchar su voz.

―Regina. Dime que lograste dormir ―indaga casi en tono de súplica.

―Para ser sincera, no ―confieso tratando de sonar tranquila―. ¿Y tú?

―Tampoco. Pasé toda la noche pensando en ti.

―Vaya. Yo también.

―¿Comemos juntos?

―Por supuesto. Me encantaría.

―Esperaba que dijeras eso. Salgo del trabajo a medio día y paso por ti, ¿qué dices?

―Que estaré esperándote.

―Bien. Se me hará eterna la mañana. Debo dejarte ―dice repentinamente con algo de prisa―, o Liam llegará tarde a la escuela.

―Sí, descuida. Conduce con cuidado.

Antes de que la llamada se corte, logro escuchar de fondo un: «¡Corre papá, la verás más tarde!», y una sonrisa escapa de mis labios. ¿Ya le habrá hablado de mí?

[...]

―¡Cuéntame! ―ruega Jude al otro lado de la línea―, estamos al tanto de todo.

―¿En serio, Jude?

―¡Pero claro! ―Me siento en el sofá con una taza de café humeante―. Verás, Olivia le prestó sus servicios como niñera y anoche cuando fuimos por ella soltó todo lo que David le platicó.

―¿Y exactamente que le platicó?

―Que estuvieron juntos. Iban a cenar, pero la lluvia les arruinó los planes. Y que dieron un paso, pero no especificó cuál. Así que, suéltalo, Regina. ¡Estoy ansiosa por saber!

―Solamente puedo decirte que, la pasé excelente en su compañía.

―¡Fabuloso! Ese hombre está que muere por ti, amiga. Tienes que darle una oportunidad.

―Lo estoy pensando seriamente, créelo.

―Te creo, pero no lo pienses tanto. Ahora cambiando no mucho el tema. Susan nos comentó que ayer te vio con el chico de la cafetería.

―Ah, si... Eso. Pues me invitó a desayunar y acepté solamente para dejarle las cosas claras y ahora somos amigos.

―¿Y David los vio?

―Sí. Susan se encargó de recalcar que estábamos saliendo. Pero no, no fue así. Es un chico grandioso y no veo nada de malo en ser su amiga.

―Únicamente quiero que tengas cuidado con Susan. Sabes que ella no me agrada del todo, pero la tolero por Rose.

―Lo sé. ¿Y los chicos?, ¿qué tal se han portado?

―Por el momento muy bien, ¿qué hicieron con ellos?

―Fue un trato. Muy serio, por cierto.

―¿Y tu ex? ―Justo antes de responderle, el timbre suena.

―Espero que no lo hayas invocado. Tocan a la puerta, debo abrir.

―Okay. Oye, por cierto ―continúa y mientras lo hace me encamino a la puerta―. El esposo de Rose nos invitó a cenar hoy a un hotel. Es un evento de beneficencia para recaudar fondos y donarlos a los niños con cáncer. Sé lo mucho que te gusta ayudar, ¿quieres ir?

―Por supuesto. Estaré allí, envíame el nombre del hotel y la hora.

—¿No prefieres que pasemos por ti?

―No te preocupes, llegaré por mi cuenta. Los veré allá.

―Ok. Nos vemos entonces.

Las lágrimas empiezan a salir de mis ojos. No pensé que así de emotivo podía ser el volver a ver a alguien que en verdad quieres.

Nos abrazamos y tras unos momentos que dedicamos a expresar con ese contacto, en vez de palabras, nos miramos limpiando nuestros rostros.

—Te extrañé.

—Yo también. Entra, no te quedes ahí parada —Mi amiga hace caso y me sigue a la sala arrastrando la valija pequeña que trae con ella.

—Iba a buscar primero el hotel, pero justo al aterrizar no pude contener las ganas de correr a verte.

—¿Hotel? ¡Qué va! Pero por supuesto que te quedas conmigo. No necesitas un hotel, Mina. Lo sabes.

—¿Por qué, Regina? ¿Por qué solo te fuiste? ­—cuestiona con extrañeza.

—No quería que mi padre te presionara para hablar ¿Qué fue lo que supiste? —inquiero en cuanto nos sentamos en el sofá.




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