Fue en un café

18 El secreto egipcio

Anoche David me dejó en el departamento y realmente no tuve que esperar a Mina, porque le envíe un mensaje para saber a qué hora llegaría, y resulta que ya estaba en el departamento. Raymond realmente solo pasó a dejarla.

Tengo un poco de dolor de cabeza; resaca.

—¿Y qué tal anoche? —pregunta Mina tomando de mis manos la jarra de la cafetera para verter un poco de café en su taza—. No dijiste nada, te fuiste a dormir en cuanto llegaste.

—Creo que bien. No hablamos gran cosa.

—No puedo creer que estoy volviendo a ver esta faceta de enamorada en ti, Regina. Lo que te dije es en serio. Date la oportunidad, te la mereces. Ustedes van a poder con todo lo que sea que venga de la mano de Albert. Tienes qué dejar de tenerle miedo y soltar los grilletes, o jamás serás libre.

—Eso quisiera, pero tengo mucho miedo, Mina. Sabes cómo es mi padre.

—En fin... ¿Te irás ya a trabajar?

—No, pedí vacaciones urgentes. ¿Quieres que vayamos a comer?

—Sí, suena a que es una buena idea. Tienes que platicarme más de Raymond.

—Oye, es verdad. Tus ojitos no saben esconder nada, Mina. ¿Pasó algo anoche?

—No —dice un poco apenada y con un ligero rosado en sus mejillas—. Pero me parece muy lindo. ¿Tiene novia?

—¡Ja! Si Raymond tuviera, no te habría tratado como lo hizo, porque créeme, no fue por educación solamente —Mina no dice nada, solamente sonríe ilusionada.

[...]

Después de que ambas nos alistáramos, le entregué a Mina una copia de mis llaves y nos encaminamos al Mall para comer en el mismo sitio al que me invitó Shane.

—Deberías hablar con Jeremy —sugiere mi amiga retomando la conversación después de haberme puesto al día con lo que ha sucedido estos dos años en mi ausencia en Pennsylvania.

—¿Lo has visto? —pregunto sintiéndome muy culpable por él.

—Lo vi en una ocasión, pero no pude hablar con él. Iba acompañado de tu padre.

—¿Y como lucía? ¿Hace cuanto fue eso?

—Seis meses, aproximadamente. Y se veía como si no tuviera voluntad propia. Tienes que hablar con él, explicarle la situación, aunque creo que él mejor que nadie lo entendería.

—Sea lo que sea Margaret, Jeremy no le daría la espalda jamás. No quiero que piense que lo quiero poner en contra de ella.

—No lo hará —dice colocando su mano sobre la mía, dándome apoyo—. Jeremy es un gran chico, y sabe cómo apoyarlas a ambas desde su propio margen sin quedar mal con una o la otra. Llámalo y averigua con él lo que está sucediendo. A estas alturas no creo que Albert pueda usar algo en su contra si ya sabe dónde estás —No alcanzo a responderle si hablaré o no con mi hermano, porque Raymond llega a donde estamos. Nos saluda muy alegre, humor que crece

Esta vez soy yo la que orquesta un encuentro entre él y mi amiga, lo cual salió mucho mejor de lo que esperaba porque él no tiene que regresar a la tienda, y les doy su espacio para que sigan conociéndose.

Camino al primer piso deteniéndome frente al aparador de una nueva tienda.

El Secreto Egipcio se llama, se ve interesante.

—¡Regina! —Escucho la voz de Rose a mi espalda y me giro para saludarla como de costumbre―. ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Qué tal estuvo la noche?

—No estuvo tan mal, pero debes saber los detalles. ¿Vamos por un café? —Sin oportunidad a responder se disculpa atendiendo una llamada. En cuanto cuelga, me sonríe, y nota que vacilo al caminar—. Descuida, Regina. Si es por Susan, descansó hoy.

―De acuerdo.

Ambas caminamos al local y entramos pidiendo el café.

―Señorita Regina —saluda Shane acercándose a mi aprovechando que Rose realiza la orden—. Creí que no te vería al menos durante una semana por estos lugares.

―No podría vivir sin mi dosis de café con las chicas.

―Ya veo —dice bromeando con tono fingido de ofensa—. Café uno, Shane cero.

―Shane...

―Estoy bromeando. Tengo que atender unos asuntos, disfruten su café, Señoritas ―Rose sonríe levantando una ceja en un gesto de cuestionamiento en cuanto Shane nos deja solas.

―¿Qué fue eso? ―cuestiona intrigada―. ¿De qué me he perdido?

―Estamos conociéndonos. Somos amigos.

―Vaya, y tú no querías.

―No. Yo no quería darle alas. Se lo dejé claro y ahora somos amigos.

―Interesante. Por cierto, pude hablar con Jude cuando terminó el evento.

―¿Sobre qué?

—En que no conocía esa faceta de Susan ―revela confundida.

―Supongo que Jude podía intuirlo. Por eso siempre se ha sentido una tensión terrible entre ambas.

―Te puedo asegurar que David la pasó muy mal.

―¿Por qué razón lo pasaría mal?

―Mencionó algo sobre ti después de que te fuiste.

―Aquí tienen sus órdenes señoritas ―interrumpe uno de los chicos colocando los vasos sobre la mesa y se retira al agradecerle.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.