―¿Volverás al trabajo? ―pregunto en cuanto me abre la puerta de su auto.
―No. Terminó mi turno ―responde. Asiento y me abrocho el cinturón mientras él rodea el auto para subir―. ¿A dónde quieres ir?
Lo pienso un poco en tanto pone el auto en marcha y se coloca el cinturón de seguridad.
―En realidad me gustaría descansar un poco. Podemos ir a mi departamento si no te molesta ―sugiero esperando que acepte―. He visto mucha gente por hoy.
―Está bien. Por mí no hay problema.
Durante el trayecto le platico sobre las cosas que Amina me contó. Pregunta sobre el baile que mencionó y también se lo explico. Resulta que llegó justo cuando estaba formulando mi pregunta sobre los orgasmos. Me dio algo de pena, pero me aseguró que no pasaba nada ya que era un tema muy natural.
Tras estacionar su auto, ambos nos dirigimos hacia el edificio corriendo puesto que comienza a llover.
—Quítate esto ―Me atrevo a decir al tiempo que le ayudo a quitarse el blazer de su uniforme―. Puedes resfriarte.
—Gracias. Creo que no dejará de llover por ahora —señala girándose hacia mí.
—Eso parece ―respondo extendiendo su blazer sobre uno de los sofás.
—Estaremos un buen rato aquí.
—No tengo problema con eso. A menos que decidas salir como el otro día en medio de la lluvia...
—No lo haré.
―Bien. Ya regreso, iré a ponerme algo seco ―Él asiente y me encamino a la habitación―. ¡Ponte cómodo!
Después de ponerme un pantalón de franela y una blusa ligera de manga larga, regreso a la sala y lo encuentro preparando té. Me acerco aceptando la taza que me ofrece.
―He invadido nuevamente tu cocina.
—Descuida. Puedes hacerlo siempre que implique aportar algo a mi estómago ―señalo recargándome de espaldas en el borde de una encimera.
―Te tomaré la palabra. No quiero quejas después ―advierte con diversión.
―No las habrá.
―Hoy te vi cuando llegaste al Mall ―Lo miro esperando que diga más.
―¿Cómo...? ―Intento formular la pregunta.
―Las cámaras ―aclara antes de que mi cabeza me lo ponga obvio.
―Ya. Olvide que eres omnipresente en el Mall ―bromeo.
―Raymond me llamó anoche.
―Lo sé.
―Por tu sorpresa, supongo que no me esperabas.
―No, pero volver a verte mejoró mi noche en muchos aspectos.
―Esperaba que así fuera. Cuando Raymond te mencionó, no lo pensé dos veces.
―Raymond es un estuche de monerías. Me vio hecha un lío y supongo que trató de ayudarme.
―¿Lo logró?
―¡Sí! ¡Absolutamente! No esperaba verte de nuevo para ser honesta, pero saber que estabas allí en el bar y no en el evento con Susan, me hizo sentir definitivamente mejor. Egoísta de mi parte, pero si debo serlo para que no estés con ella, no me importa.
―Escuché la conversación que tuvieron anoche en el bar ―confiesa de repente―. No lo planeaba de esa manera, pero parece que Raymond sí.
―Lo imaginé ―confirmo sonriendo ante la gran y atrevida hazaña de mi amigo―. Conozco a ese chico y sé lo ingenioso que puede llegar a ser.
―Todo lo que dijiste, ¿es verdad?
―Sí ―confieso―. Recuerdo todo lo que dije anoche y no voy a negarlo.
―Bien. Porque temía estar poniéndome celoso en vano. Tu ex. —dice apretando los labios en una linea, a modo de puchero como si le molestara mencionarlo—. Él te presentó como su esposa y no lo desmentiste.
—Cierto. Cometí el error de no aclararlo, pero ante todo soy educada ―Me explico―. No creí conveniente comenzar una escena frente a todos conociendo cómo de insistente es él. Quería evitar mi incomodidad y la de ustedes, es por eso que opté por retirarme.
—Es un alivio escuchar eso. Temí que estuviera diciendo la verdad.
—¿Qué? ¡No! ―Me apresuro a decir—. No tengo idea de por qué hizo eso de presentarme como su esposa. La verdad es que, su actitud pretenciosa me hizo sentir bastante incómoda. Solamente pensaba en salir de allí. Encima no quería quedarme para ver las atenciones exageradas que tenía Susan contigo.
―Me queda claro que no te gusta verme con ella. Y, ¿sabes? a mí tampoco me gusta verlos contigo.
—Supongo que estás incluyendo a Shane.
—Sí. Shane ―repite con desagrado su nombre― Se notan sus intenciones.
―Lo sé. Me las dejó claro hace como dos meses aproximadamente. En cuanto a Samuel, no sé qué decir. Lo quiero fuera de mi vida, pero siempre llega con algo nuevo.
―Siempre llegará con algo nuevo para recuperarte.
―No lo va a conseguir.
―Pero lo intentará. Hará cualquier cosa para alejarte de mí. Será una dura pelea.
―No. No, David. Esto no es una competencia. Yo sé muy bien lo que quiero, y él no está contemplado, ni tampoco influenciará en mis decisiones.