Fue en un café

26 Malas noticias

—¿Podrías dejar eso en su lugar? ―pido, tratando de no dejar ver lo importante que es esa esfera para mí.

—Solamente es una baratija, si algo le pasa se puede reemplazar ―menciona tan pasible como siempre.

—¿Qué haces aquí?

—Ya lo has preguntado. Contéstame algo, Regina. ¿Por qué tengo que venir personalmente por ti, cuando debería estar en casa, organizando el funeral de tu madre?

—¡¿Qué?! ―exclamo sintiendo que el cuerpo me tiembla aún más.

¿El funeral de mi madre? Ella... ¿Cómo lo dice así?, sin ningún sentimiento. Mi padre siempre fue frío, pero no creí que la insensibilidad formara parte de eso.

—¿Te sorprende? ―cuestiona con la mirada fría, penetrante y firme sobre mí.

—Mamá..., ella...

—Irás al funeral ―ordena sin dejar que termine de hablar.

―Claro que iré al funeral, yo...

―Por supuesto que sí. Espero que te haya quedado claro ―interrumpe una vez más, y no me atrevo a decir nada.

En realidad, sigo como en shock.

Mi mamá falleció y no siento que esta sea la manera de recibir la noticia. No hay ni un por qué y sé que si lo pregunto no me lo dirá. No se le ve afectado siquiera.

―El vuelo sale mañana a las siete de la mañana ―anuncia levantándose del sofá para dejar la esfera sobre la mesita de centro.

―Con una llamada bastaba, no tenías que venir ―Me mira causándome escalofríos, después analiza mi departamento caminando lentamente.

—¿Qué es esta pocilga, Regina? —pregunta con decepción.

―¿En serio tienes que ser así?

―No te eduqué para esto ―dice señalando con desdén el lugar y regresa para quedar justo frente a mí―. ¿Mercantil? ¿Acaso quieres matarme de un disgusto, Regina?

―Es un trabajo digno ―defiendo.

―¡¿Digno?! ¡Por dios, Regina! ¡Es una burla!

―Papá...

―¡Es una vergüenza! ―me interrumpe―. Mi hija no va a permanecer más tiempo metida en este cuchitril de mala muerte.

—Me gusta este sitio.

—No lo estoy preguntando.

—Iré al funeral, pero regresaré.

—Eso ya lo veremos, Regina. He seguido tu juego desde hace dos años, esperando a que solamente sea cuestión de tiempo y recapacites, pero ya fue suficiente. Se terminó mi paciencia. Deja de portarte como una niña y comienza a actuar como la adulta que eres. No voy a quedarme más tiempo, termina tu relación con ese hombre que no te conviene.

—¿Pero qué...? ―inquiero mirando a Samuel que únicamente se encoge de hombros.

—No ibas a creer que no estaría al tanto de lo que haces, ¿o sí? Margaret no estará en el funeral. Es el momento perfecto para que vuelvas y no estoy consultándote las cosas. Samuel y tú van a volver porque ustedes siguen casados. Así se harán las cosas. Así deben ser.

—No ―digo con todo el valor que me es posible reunir en este momento.

—¿Qué? ―cuestiona, como si no hubiese escuchado bien.

—Dije que no volveré con Samuel. No tenías derecho a anularlo. Deja de controlar mi vida.

—¿Tu vida? ¡Yo te formé! ¡Yo te eduqué! ¿Tu vida? Eres lo que eres gracias a mí. Lograste y tuviste lo que a otros les habría costado décadas conseguir. Y ahora vas y lo desperdicias, dejándolo como si no significara nada. Estás desperdiciando tu talento y tu potencial. Has logrado grandes cosas siendo la mujer que yo formé. Escondida en este lugar no eres nadie, Regina. ¡Nadie!

—Soy feliz aquí.

—¿Feliz? Ser feliz conformándote con tan poco no te dará el éxito que yo te he dado con mi educación y disciplina. Esta pocilga es un insulto, no debiste irte para comenzar. Tu sitio es allá con Samuel en la firma, a su lado. No aquí jugando a la casita con ese hombre, solamente estás perdiendo el tiempo. No aporta nada útil a tu vida.

—No busco ningún beneficio de David.

—He dicho que vas a regresar. No pretenderás que, ese pobre niño quede completamente huérfano, ¿o sí?

—No puedes ser capaz, no te atreverías.

—¿Quieres ponerme a prueba, hija?

—Creo que ya entendió... ―interviene Samuel.

—¡No te metas en esto, Samuel! ―grita enojado girándose hacía él―. Te dejé una sola tarea y no la pudiste llevar a cabo. Eres un inútil. De ti depende que ella este mañana mismo pisando Pittsburgh, Pennsylvania. O sabes lo que te espera. No quiero saber que estás de nuevo en ese hotel. Te quedarás aquí como debe ser. ¡Como su maldito esposo!

Me quedo inmóvil tras esas últimas palabras y le veo salir del apartamento seguido de sus escoltas como si nada hubiese pasado.

Me hierve la sangre del coraje e impotencia por no enfrentarlo como debería hacerlo, me suelto a llorar, pero Samuel me abraza.

Siempre fui una mujer con determinación, directa y firme, pero con mi padre nunca fue así. Me he dejado pisotear y no está bien, nada de eso está bien.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.