Fuego en el agua

  Capítulo: El peso de una decisión

El pitido que decretó el final del circuito resonó con una vibración seca por todo el complejo de Helix. En las pantallas perimetrales, los datos biométricos dejaron de actualizarse de golpe y los cronómetros en cuenta regresiva desaparecieron de la superficie tecnológica.

Durante los siguientes minutos, los treinta y dos aspirantes permanecimos estáticos, intentando estabilizar el ritmo de la respiración. Tenía la garganta reseca por el esfuerzo; el uniforme verde oscuro estaba cubierto de greda y el sudor me recorría la espalda bajo el tejido sintético. Sentía los antebrazos entumecidos por la tracción en las barras metálicas y las piernas me pesaban como si hubiera corrido durante toda la noche. Aun así, me obligué a seguir de pie.

Los instructores de negro caminaron entre las filas sin articular una sola directriz de aliento. Se limitaban a observar, registrando anotaciones en dispositivos ópticos mientras cotejaban los datos de las pantallas con el desempeño físico que acababan de presenciar. No evaluaban el cansancio muscular; evaluaban la conducta bajo la fatiga.

Draven volvió a situarse en el centro de la tarima, frente al grupo compactado.

Resultado de la primera evaluación de adaptación: satisfactorio.

Varios de mis compañeros dejaron escapar el aire que llevaban reteniendo en los pulmones, pero el alivio duró una milésima de segundo.

No confundan una categoría satisfactoria con una sobresaliente. —El silencio regresó de inmediato al patio—. El circuito de hoy no medía su resistencia biológica. Medía su agudeza para procesar lo imprevisto.

En el monitor principal de la fachada comenzaron a reproducirse imágenes de la carrera en alta definición: cada salto, cada caída, cada error de cálculo y cada decisión táctica. Las lentes perimetrales no habían omitido un solo fragmento de nuestras acciones. La proyección avanzó a gran velocidad hasta congelarse exactamente en la secuencia donde Aria regresaba sobre sus pasos para rescatar a Noah en la fosa.

Los treinta y dos fijamos la vista en el muro tecnológico. Draven observó el fotograma estático durante un breve lapso antes de romper la monotonía:

Convocados del Sector Sylva.

Los cuatro dimos un paso al frente de manera unificada, sintiendo cómo la atención del patio entero se concentraba sobre nuestros hombros.

Explíquenme por qué decidieron hipotecar su propio registro de tiempo para rescatar a un competidor.

La directriz no admitía réplicas; era un examen directo. Ninguno respondió de inmediato. Sabíamos que, bajo la lógica del Dominio, cualquier justificación mal articulada podía convertirse en una falta en el expediente. El viento arrastró algunas hojas secas por el concreto gris mientras los marcadores continuaban encendidos, esperando nuestra réplica con la misma fijeza que el resto de los oficiales.

Draven permitió que la presión del silencio se extendiera en el patio. No reflejaba prisa; actuaba con la paciencia de quien mide con precisión cuánto tarda una estructura interna en quebrarse. Finalmente, fijó sus ojos en el muchacho que ocupaba la vanguardia de nuestra fila.

Empiece usted.

Noah tragó saliva con dificultad. Todavía conservaba costras de barro seco en las mangas del uniforme y su respiración aún no recuperaba la estabilidad.

—Yo... perdí la tracción en el lodo —bajó la mirada hacia el pavimento durante un instante—. Si ellos no hubieran regresado a la fosa, habría colapsado en el estanque.

La expresión de Draven se mantuvo inalterable.

No he solicitado una descripción de los hechos físicos. He preguntado por qué ellos decidieron regresar.

Noah volvió a guardar silencio, incapaz de formular una respuesta que no lo expusiera. El Director de Formación desplazó entonces el foco de su atención hacia la chica de la trenza.

Convocada.

Aria sostuvo la fijeza de sus ojos con una entereza que no flaqueó ante el uniforme negro.

—Porque era lo correcto.

La declaración quedó flotando en el aire frío del patio. Ningún instructor registró la anotación en sus dispositivos; ninguno asintió en señal de aprobación. Draven simplemente continuó indagando:

¿Aunque esa acción redujera sus probabilidades analíticas de obtener un mejor puntaje en la clasificación?

—Sí.

¿Aunque esa alteración pudiera costarle la permanencia en la academia?

Aria no vaciló en el tono.

—Sí.

Draven comenzó a caminar despacio a nuestro alrededor. El impacto de sus botas dibujaba un perímetro exacto sobre el concreto liso antes de detenerse frente a Daren.

¿Y usted?

Daren administró el aire una vez antes de contestar, manteniendo la espalda alineada.

—No regresé por Noah.

Un leve murmullo de sorpresa se propagó entre los aspirantes de los otros sectores. Daren continuó la explicación sin alterar la parsimonia de su voz:

—Regresé porque registré que Aria iba a ejecutar el rescate. Si ella intentaba extraerlo sola de la succión, la pérdida de tiempo para el sector habría sido el doble de prohibitiva. Coordinar la fuerza era la decisión más eficiente.

Los labios de Draven sufrieron una contracción imperceptible de apenas unos milímetros. Era la primera muestra parecida a una aprobación gestual que le presenciaba desde el traslado, pero carecía de empatía; era la reacción del analista que acaba de verificar una variable interesante en su ecuación.

Finalmente, giró el cuerpo hacia mi posición y sentí las treinta y una miradas restantes incrustarse en mi espalda como un peso físico.

Kael Veyron. —Aguardó unos segundos, midiendo el impacto—. ¿Cuál es su argumento?

No aparté los ojos de su rostro.

—Porque ya éramos cuatro antes de que sonara el silbato de inicio.

Draven permaneció impasible bajo la luz artificial.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.