Fuego en mis venas (radwulf #2)

CAPÍTULO XV

Los días posteriores, se sintieron tan sofocantes como aquel. Debido a los preparativos para la boda y el posterior viaje que debíamos realizar, no tenía tiempo para intentar hablar con Lexuss, ni mucho menos con Macy. Así mismo, y por más que desease decirle la verdad… ¿Cómo hacerlo? Apenas le había dirigido palabra alguna.

No he sido más que un idiota brusco con ella.

Entonces, esa tarde, Jair corrió hacia donde me hallaba, sentado en una banca a pocos pasos del Salón Amarillo en que Amace acompañaba a Noemia, Mara y Lorret. Las encargadas de trenzar el lazo de unión para Hazel y Ambon.

—General —dijo, deteniéndose jadeante a mi lado.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Hay-hay un problema con los campesinos al norte de la ciudad —comenzó, tomando aire mientras se enderezaba—. Alegan que no se están respetando las limitaciones, y que algunos ni siquiera tienen los permisos correspondientes para comenzar a cultivar…

—¿No estaba Kai a cargo de ello? —inquirí medio gruñendo.

—S-si —balbuceo—, precisamente… el Mayor Kai me envió a decirle…

—¡Que se encargue! ¡No tengo tiempo para hacer su trabajo! —gruñí, despidiéndolo con una sacudida de mano.

—Pe-pero Gen-general —balbuceo.

—¡¿Qué?!

Encogiéndose un poco, como suelen hacer la mayoría de los Tenientes y Cadetes ante mi enfado, tomó aire y me explico tan rápido y claro como le fue posible.

—El Mayor Kai se estaba haciendo cargo de la situación, señor. Pero entonces algunos campesinos se volvieron violentos, y el Mayor… el Mayor salió lastimado en la trifulca, por lo que ahora los soldados del área delimitan el sector en conflicto esperando órdenes.

Fregué mi nuca maldiciendo mentalmente, mientras meditaba un momento sobre a quién enviar al lugar, puesto que no podía simplemente ir y solucionar el conflicto. No sin llevar a Macy conmigo, y eso… no era opción.

Los nobles se dividían entre los disconformes por su nombramiento como virreina, y aquellos que intentaban acercársele con evidentes intenciones de conseguir algún beneficio. Exponerla a las miradas de la población… Dioses.

Agh. Que tensión…

—Entiendo, sin embargo, no puedo encargarme de esto. Alcanza a Lex… Lesson en mi despacho y dile que acuda de inmediato —le dije, controlando el tono de mi voz cuanto me fue posible.

—Sí, General.

Le vi correr lejos, justo cuando Gale aparecía desde esa misma dirección, con su habitual sonrisa forzándome a olvidar el enfado.

—General, el sanador que su majestad llamó al palacio acaba de llegar. —Me informó—. Y solicitó examinar a Lady Amace esta misma tarde.

Estupendo.

Solté un suspiró, cansado. Tanto de estar irritado con el mundo como luchar contra el absurdo deseo de apartar a Macy de todo.

—Bien. Gale, ¿puedes traerme un poco del correo sobre mi escritorio? —le pregunté finalmente.

—Enseguida, General —asintió, y fue a por ello.

Durante la hora siguiente y un poco más, intenté concentrarme en la monotonía de los informes, pasando de pequeños conflictos surgidos en un rincón de Radwulf, a medidas tomadas por tal y cual situación. Cosas habituales y… aburridas. Empero, mi atención fue atraída a las puertas del Salón Amarillo.

¿Qué…?

Hazel se hallaba ahí, e ingresó reuniéndose con las demás. Una reunión de “mujeres” que me causaba gran curiosidad. Fui entonces hacia el salón del trono, encontrando al rey charlando con Lord Meir. Me acerqué, y pronto les contaba algunos de esos sucesos que acababa de leer en las misivas; Agresiones, violaciones y asesinatos sin conexiones aparentes. Asuntos más que desagradables y, sin duda, preocupantes.

—Dis-disculpen.

Jair, otra vez, se presentó de improviso y agitado.

—¿Qué sucede? —le pregunto Ambon.

—Esto, verá… —titubeó, dándome una mirada extraña—, el-el maestro…

—¿Qué ocurre con Lesson? —insistí, ocultando a medias mi impaciencia.

—El maestro todavía no se dirige al norte de la ciudad. Ni siquiera sé dónde fue después de que le transmití su orden —dijo de golpe.

Tras un segundo de procesar sus palabras, fui incapaz de evitar que la temperatura de la habitación aumentase.

¡Grandísimo idiota!

Ignorando las palabras de Lord Meir, quien me pedía calma, me dirigí hacia el Salón Amarillo, sintiendo una figura cuyo calor no había estado ahí antes de reunirme con el rey. Sin duda, el idiota.

Abrí las puertas de golpe, localizándole junto a Macy.

Ignorando la evidente molestia de Noemia, crucé la estancia y me detuve frente a él. Con mis brazos cruzados, deslicé mi mirada desde Noemia, pasando por los curiosos ojos de Macy, hasta Lexuss. Su sonrisita “inocente” avivando mis ganas de darle un puñetazo.

—¿Qué quieres, Clim? —Me gruñó Noemia.

—No te incumbe Noemia. Lesson. Ahora —dije cortante, sin quitar mis ojos del idiota.

—¿Qué? —murmuró, deslizándose más cerca de Macy.

—No comiences… —gruñí, entrecerrando mis ojos sobre él.

—No sé qué te ocurre —dijo, colocando su brazo sobre los hombros de ella.

No pude contener el gruñido que tal acción provocó. Deseaba gritarle un par de cosas, pero no era el momento ni el lugar.

—Lesson —insistí—. Ve. No puedo ir a menos que lleve a Macy, y ella tiene que presentarse con el señor Kant esta tarde.

—¿Qué? —murmuró ella, atrayendo mi atención.

¿No debí llamarle “Macy”?, pensé, tardando un largo segundo en percatarme de que en realidad se veía confundida… Oh.

—Su majestad pidió que el mejor sanador de Tallneh viniera al Palacio. Él ha ordenado una revisión médica completa para usted... y pues, Kant llegó hace una hora. Pidió conocerla esta misma tarde —le expliqué de mala gana.

—¿Esta tarde? —preguntó Noemia, exasperándome.

—Deja tu idiotez, Lesson —insistí—. Ve. Ahora.

Cual niño pequeño, se aferró a Macy poniendo mala cara.




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