Fuego en mis venas (radwulf #2)

CAPÍTULO XVI

Di una mirada al espejo, encontrando mis ojos en medio de una imagen que no me pertenecía. ¿Cómo hacerlo? El sencillo pero elegante traje, mezcla de rojo, blanco y negro, me hacía ver como un noble. No que fuera algo horrible, pero incluso la forma en que estaba peinado mi cabello… apenas contuve el impulso de revolverlo.

—General —dijo Gale, llamando mi atención.

Voltee, e hice una mueca. El chico me extendía un par de botines marrón oscuro con hebillas, algo que no me apetecía ni un poco tocar. Sin decir ni una palabra, fui hasta en baúl a los pies de mi lecho y saque un par de botas negras, altas, con cordones gruesos que ate ignorando los murmullos enfurruñados de Gale.

—La señora Beena se enfadará con usted —dijo al fin, tendiéndome un pañuelo blanco de seda.

Entrecerré los ojos sobre el pedazo de tela, y luego paseé mi mirada desde su rostro hacia el trozo de tela y viceversa, cruzando mis brazos sin la menor intención de ponerlo en mi cuello.

—Por favor, General…

—No. —Corté sus berridos, cogiendo mi espada que ate a mis caderas mientras me dirigía a las puertas—. Ni que estuviera tan loco como para llevar eso en mi cuello.

Ya había tenido suficiente. Bastante fue soportar la intrusión de la señora Beena en mi guardarropas, no tenía intención de colocarme cosas molestas. Hazel me pidió tener paciencia, pero mi tolerancia tiene límites.

Me detuve junto a los ventanales esperando a Macy, viendo hacia el luminoso exterior. No pude suprimir la pequeña sonrisa que las murmuradas quejas de Gale provocaron, y que escuche casi perfectamente mientras él se alejaba enfurruñado por el pasillo. El chico quería tanto convertirse en soldado, pero su débil corazón lo impedía. El recuerdo de aquel día, cuando le convencí de ayudar sin poner su vida en peligro, todavía me estremecía.

—No me sirve un soldado que morirá durante su primera batalla.

¡Clim! —Me gruñó Hazel, dando un paso al lado del niño.

—Eso sería un gran desperdicio de recursos y tiempo —continúe, ignorando apenas el intenso enfado en sus grises ojos—. Prefiero entrenar con Jona y arriesgarme a la ira de su madre. Al menos él tiene más posibilidades de sobrevivir a su primera batalla, y seguro que derriba un buen puñado de monstruos antes de caer.

Las risas de Wills y unos cuantos más ante mis duras palabras, intensificaron la vergüenza que brillaba en el rostro del niño.

¡Basta! —chilló Hazel—. ¡Están siendo terriblemente crueles! ¡Señor Frün, dígales algo!

El maestro se limitó a darnos una tranquila mirada, sentado a un lado de la gran y rocosa habitación en que habíamos estado entrenando, antes de que Gale intentase enfrentar a Kai con una espada corta que hacía temblar sus brazos.

Discúlpeme, Milady. Temo que concuerdo con Clim en esta ocasión. La ira de Nerina es un riesgo más aceptable que tener un soldado de tiempo tan limitado —dijo, acallando las risas.

Pude saborear el disgusto y la indignación con que Hazel dirigió su mirada a cada soldado. Algo que comprendía, y aunque acepto que mis palabras fueron crueles, eran una realidad. Un soldado que moriría por su propio cuerpo no es útil, por donde sea visto. Jona, el hermano menor de Wills, por otra parte… si, de escoger entre ellos, sin duda.

Antes de que Gale corriera lejos, como vi que era su objetivo cuando secó sus ojos y frunció el ceño dándome una mirada orgullosa, las palabras salieron de mi boca sin pensarlo dos veces.

—Si quieres ser de utilidad, esfuérzate en algo que no arriesgue tu vida. Soldados no es lo único que se necesita para enfrentar a los Monstruos del Abismo.

Se detuvo a mitad de dar un paso dirigiendo sus ojos a los míos, dejando entrever un poco de curiosidad pese a que continuaban empañados con dolor y su ceño fruncido no cedió ni un ápice.

Precisamente —dijo el maestro—, necesitamos herreros, armeros y mozos entre otros oficios de apoyo para la armada y los refugiados. —Se puso de pie con ayuda de su bastón—. Todos, veinte vueltas.

Los quejidos por el obvio castigo fueron inevitables, pero de todas formas se movieron obedeciendo al maestro. Ahí donde se veía viejo y lisiado, aún era capaz de patear nuestros traseros. Literalmente.

—Dijiste que necesitaré un mozo cuando sea General —dije a Hazel. Ella asintió dejando ir su ira, aunque no olvidándola—. Ahí lo tienes.

Me aleje corriendo, uniéndome a los demás, queriendo deshacerme de la incomodidad por lo que acababa de hacer. Lo que no dude Hazel comprendería, pese a la vaguedad de mis palabras y lo mordaz que había sido. Una mirada en su dirección, y le vi caminando con él fuera del lugar, sonriéndole y hablándole a Gale con un entusiasmo que conozco bien.

Las puertas se abrieron y volteé, pestañeando fuera de los recuerdos… y dirigí mi atención a Macy. Su cabello suelto y rizado a su espalda, con pequeñas flores entremedio, enmarcaban sus delicadas facciones. Un suave rosa en sus labios, destacaba entre el azul cielo del vestido, que abrazaba y caía por su figura como una segunda piel.

Mi corazón latió desenfrenado y mi garganta se secó, abrumado por su presencia, sin terminar de asimilar lo hermosa que se veía.… y entonces noté que ella me observaba con intensidad. Podría jurar que la misma con que yo le veía.

Maldición…

Un deseo profundo rugió en mi pecho.

—¿Vamos? —inquirí apenas.

Sus ojos dieron con los míos, sorprendida, y sus mejillas se encendieron.

—Eso es, algo de color en sus mejillas —dijo Cyna, inclinándose hacia ella para pellizcar una de sus mejillas.

Si, claro…

Macy se apartó de su alcance, frunciendo el ceño y sus labios…

Mierda.

—Está bien así —dije, alcanzándola y jalándole hacia mi.

Enlazando su brazo con el mío, le guie hacia el jardín central, luchando contra el estúpido impulso de probar sus labios.




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