Fuego en mis venas (radwulf #2)

CAPÍTULO XXI

Esa noche cené solo, en el amplio comedor del Palacete. Con una mano llevando guisado a mi boca y la otra sosteniendo una carta de Nuhya, mi Comandante Mayor asentado en Kuejt. Las palabras “herencia sin reclamar” cerraron mi garganta, impidiendo que pudiese continuar comiendo.

Me obligue a digerir que mi primo, Jabez, estaba exigiendo como propias todas las pertenencias de mis padres. Incluyendo la casa, la florería de mi madre, el embarcadero y el pequeño bote de mi padre. Todo lo que me quedaba de ellos, y que había evitado maratónicamente cuando estuve en Kuejt con Hazel.

La amarga incredulidad agitó mi estómago.

—General. —Me habló Wills, arrancándome de los agridulces recuerdos.

—¿Si? —Alcance mi copa de vino, y le di un sorbo mientras él llegaba a mi lado y agitaba unas hojas.

—Tengo el informe preliminar de la salida con Lady Amace.

Su sonrisa al decir “Lady Amace”, me aseguro que no olvidaba mi enfado por su forma tan familiar de hablar con y sobre Macy.

—¿No deberías llamarla “excelencia”? —gruñí.

—A ella no le gusta. —Se justificó, encogiéndose de hombros como si no fuese la gran cosa.

Le arrebate las hojas de la mano, resistiendo el impulso de golpear su cabeza, cual padre regañando a un terco hijo.

—¿Cómo fue el encuentro con Gullner y su esposa? —pregunté.

—¿Qué? ¿No puede leer mi informe? —berreó.

No lo golpees, podrías dañar su cerebro todavía más.

—¡Te lo estoy preguntando, Wills!

—Ya-ya, no se exalte mi General. —Su sonrisa quitaba cualquier arrepentimiento que pudiese fingir—. El señor Gullner y la señora Camelh, recibieron a Lady Amace con mucha alegría y cariño. Charlaron durante horas, Lady Amace se veía contenta, les contó sobre sus días en Real y las cosas de las que se ha estado encargando en Duhjía. Entre otras muchas cosas y personas de las que se rodea…

—No resumas tanto, idiota —le corté—. ¿Algo puntual que creas debo saber?

Mi pregunta pareció tomarlo por sorpresa.

—Bueno… —desvió la mirada rascando su cabeza con una mano.

—¿Qué es? —insistí, al ver que titubeaba más de lo que estaba dispuesto a soportar de su parte.

—Ya lo escribí en mi informe…

—¡Wills!

—Ya-ya, no se altere. La cuestión es… que Lesson desapareció por algunas horas.

Sus palabras giraron en torno a mi cabeza mientras sostenía el aliento, pidiendo silenciosamente a Deiw que mis oídos hubiesen escuchado mal.

—¿Cómo que desapareció? —inquirí lentamente.

—Cuando llegamos con la pareja y Lady Amace ingresó a su morada, él dio media vuelta y se alejó sin decir a donde.

Contuve el impulso de desquitar mi frustración con Wills. Él imbécil de Lesson debía darme una muy buena explicación de qué estúpido pensamiento pasó por su cabeza para dejar a Macy. Cerré los ojos y presioné mi frente con toda la palma de mi mano, queriendo partirme la cabeza por las punzadas que comenzaban a recorrer mi cráneo

—¿Se siente bien? —preguntó Wills, con un tono molestamente preocupado.

—Solo retírate —mascullé.

—Está bien, si necesita algo…

—Fuera.

Le escuché suspirar y caminar lejos, pisando la madera con pasos más bien ligeros, hasta que se mezclaron con las pisadas y voces de algunas doncellas.

Abrí los ojos y con mi estómago todavía agitado, observé el guisado a medio comer sabiendo que más temprano que tarde, sin importar sus excusas, Lesson tendría que decirle la verdad a Macy… O yo terminaría abriendo la boca en el peor momento.

Me obligué a dejar la cama cuando Gale hizo las cortinas a un lado, dejando entrar la luz de la mañana. Aunque todavía sentía un Phewn sentado sobre mi cabeza, el día no esperaría por mí. Así que lentamente me deslicé hacia el borde de la cama, mientras Gale tendía sobre el baúl a los pies de la misma, las ropas que rápidamente escogió para que yo usara ese día. Lo vi moverse por la habitación sin perder el ritmo, y luego ir hacia el cuarto de baño, desde donde escuché el replicar del agua.

Maldije por lo bajo.

Ya vestido, con el cabello todavía húmedo por el baño, me dirigí al comedor en donde ya se hallaba Macy. Deslumbrante y bella, sin signos de haber estado todo el día anterior en Quajk.

—Buenos días, Macy —le saludé de la forma más gentil que pude, ganándome una sonrisa que casi me quitó el aliento.

—Buenos días —respondió.

Me senté con algo de torpeza a su derecha, mientras las doncellas llegaban trayendo consigo las bandejas con el desayuno. Comida que dejaron sobre la mesa. Observaba entonces a Macy, hipnotizado por el revoloteo de sus pestañas y las curvas de sus labios…

¡Concéntrate!

—Hum… ¿y cómo te fue ayer? —le pregunté, desviando mi atención al té y el panecillo que dejaron frente a mi, lo que agradecí con un murmullo.

—Bien. No hubo contratiempos —contestó en un tono nervioso que jalo mi atención de vuelta a su persona.

—¿Segura? —pregunte antes de poder morder mi lengua—. Quiero decir…

—Fue un viaje tranquilo —dijo, enterrando su tenedor en un trozo de fruta.

Agradecimos a las doncellas y estas se retiraron, dándonos una privacidad que en ese momento no deseaba. Me sentía demasiado intranquilo, ansioso y nervioso. Pero me esforcé en aparentar calma.

—Sólo… cuéntame. ¿Cómo fue? ¿Pudieron charlar?

—Sí, nos recibieron con alegría. Dijeron que estaban preocupados por mí e intenté explicarles que estoy bien, aunque no sé si quedaron del todo convencidos —dijo—. Les hablé de todos, del Rey y la Reina, de cómo he ido trabajando en esto de ser Virreina, entre otras cosas. Y... eso. Podre visitarles después, ¿no?

Su breve explicación me recordó al idiota de Wills, sobre todo omitiendo la ausencia de Lesson. Pero, manteniendo la mayor indiferencia posible, di un sorbo a mi sumo y le respondí.

—Sí —asentí, y tras dejar el vaso sobre la mesa le miré a los ojos—. Sin embargo, no has mencionado el hecho de que controlaste tu magia.




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