Fuego en mis venas (radwulf #2)

CAPÍTULO XXVII

Dos días después, nuestra comitiva se internaba por las calles de Real. Unas calles más transitadas y alegres, en las que al fin se podía respirar el aroma de las flores y el pan recién horneado. Algunos niños y niñas nos saludaban, mientras brincaban y corrían a nuestro alrededor.

Dista decir que eso ponía nerviosos a los caballos. No les grites, me recordaba a cada pequeño sobresalto.

Montando a Sath, a la izquierda del carruaje en que viajaba Macy, era demasiado consciente de cada débil sonido y movimiento del interior. Debí mantener la compostura. Debía, sobre todo, ignorar las miradas que ella me daba cada tanto…

Hasta que Lesson, sobre su corcel, se interpuso entre nosotros.

—Milady, bienvenida a Real —le dijo a Macy, con un molesto tono caballeresco—. Como Maestro del ejército, le puedo asegurar que esta temporada podrá disfrutar de las más variadas actividades y los más exquisitos…

Llegue a mí límite. Saqué mi pie del estribo y le di un golpe en la pierna, tan alto y fuerte como pude.

—¡Auch!

—Déjate de tonterías —gruñí.

—Gruñón.

Ella comenzó a reír, mientras Cyna y Lyssa se asomaban y reclamaban la atención de Lesson. Podía escucharla tan claramente, a pesar de la distancia, las voces y los ruidos de la ciudad.

Las puertas principales del palacio estaban abiertas a nuestra espera, por lo que ingresamos directamente entre el pequeño grupo de soldados que cerraron las puertas al final de la comitiva, y ayudaron a descargar los carros mientras Macy y yo ingresábamos. Fuimos guiados hasta una de las principales salas “para invitados”, donde debimos esperar y descansar antes de ir a nuestras habitaciones.

En lugar de sentarme y beber algo, como Macy hacia, pasee frente a los ventanales que daban hacia un jardín, inquieto. Quería sumergirme de lleno en el trabajo, no tomar un descanso que no sentía necesitar.

Las puertas se abrieron de golpe y, antes de poder procesarlo, Hazel se abalanzó contra mí, envolviendo mi cintura con sus delgados brazos.

—¡Alteza, por favor! —dijo Lorret, ingresando junto a Mara y detrás de Hazel.

—¿No podías cabalgar más rápido? —murmuró, con el rostro oculto contra mi pecho.

—Oh, Dioses. Disculpe a la reina, milady —dijo Mara, excusándose con Macy.

—... no me dejan sola —continuó Hazel—. Y tengo tanto trabajo, nadie me dijo que sería tanto

Alzó el rostro y gruñó un “no sonrías”, que me hizo sonreír más. Sus quejas eran ridículas y sin sentido.

—Compórtate, no estamos solos —murmuré.

Sólo entonces pareció recordar a Macy, quien todavía estaba sentada en medio del salón, observándonos. Me soltó y volteo, dirigiéndose a ella.

—Lo-lo siento —balbuceo, con una angustia que quitó todo rastro de diversión de mi.

Observe entre ella y Macy, intentando dilucidar la razón detrás de sus titubeantes pasos.

—Y-yo... —murmuró Macy.

—Disculpe mi arrebato, Lady Amace —insistió, con un tono más seguro—. Estoy un poco... un poco…

—¿Susceptible? —intervino Lorret.

—¿Emocional? —agregó Mara.

La alegría con la que ellas se expresaron, me hizo fruncir el ceño.

—No necesitas disculparte, Hazel —dije, mientras rascaba mi nuca y me forzaba a sonreír—. Macy no está molesta, ¿verdad?

Vi a los ojos de Macy, rogando estar en lo cierto y que ella me ayudara a aplacar aquello que perturbaba a Hazel. Que no parecía ser el “trabajo”.

—Por supuesto —asintió—. Comprendo que extrañaba a Clim.

Agradecí silenciosamente su pequeña sonrisa. Yo era muy consciente de que mi relación con Hazel podría mal interpretarse, pero no me había importado realmente hasta ese momento… Cuando noté un pequeño tic en su mejilla.

—Oh, pero estoy verdaderamente apenada. No se supone que les recibiera así…

La voz de Hazel se apagó en un tono acongojado. La alcance y abrace, llevándola con el mayor tiento hasta el sofá frente a Macy, pero vi sus lágrimas y el pánico se abalanzó sobre mi.

¿Qué está mal?

Me puse de rodillas y seque las lágrimas que corrían por sus mejillas.

—¿Qué sucede? ¿Algo va mal? —murmuré.

Su única respuesta fueron unos gimoteos, hasta que Macy se acercó y le tendió una taza, la cual Hazel recibió con una tambaleante sonrisa. Bebió pequeños sorbos durante algunos minutos, mientras yo murmuraba vanos intentos por calmar su congoja. Frases como “todo estará bien”, salieron de mis labios con algo de titubeo, comenzando a sentirme molesto con Ambon.

¡¿Acaso no cuida bien a su esposa?!

Cuando estuvo más compuesta, regresó su atención a Macy tomando aire.

—Lo siento —dijo, y me indicó que tomara asiento a su lado palmeando el sofá.

Incapaz de dejarlo pasar me puse de pie, cruce los brazos e impaciente le pregunté;

—¿Qué ocurre? ¿Peleaste con Ambón?

Dejó la taza sobre la mesita frunciendo los labios cual niña regañada, mientras Mara y Lorret soltaban risitas a un lado.

—No —dijo con una pequeña sonrisa—. Al parecer, me encuentro más sensible por... mi condición.

—¿Condición? —murmuré, y un escalofrío recorrió mi cuerpo por el eco de mis palabras en voz de Macy.

Hazel no pudo evitar reírse de la situación. Le di un vistazo a la avergonzada figura de Macy, quien miraba su regazo con las mejillas rojas y el cuerpo tenso.

—Si... —dijo Hazel, calmando su risa con un suspiro—. Bueno, resulta que estoy embarazada.

¡¿Qué?!

Semejante noticia no debía ser una sorpresa, teniendo en cuenta que desde hace diez años Hazel dormía junto a Ambon, lo inaudito era que no hubiese ocurrido antes.

—¿Tan pronto? —le pregunté intentando ocultar lo irónico que me parecía el asunto.

—¿Qué insinúas? —inquirió con molestia—. Es completamente normal y... y…

—¿Esperado? —Sugirió Lorret.

—¿Emocionante? —Agregó Mara, riendo.

Las burlas no hicieron más que acentuar el color en sus mejillas.




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