Fuego y Hielo

Capítulo 1: Parte 1

Parte 1

El sol caía de lleno sobre el asfalto, haciendo que todo vibrara ligeramente delante del coche. Las ventanillas bajadas. El aire cálido entrando a ráfagas.Y el olor a sal empezando a notarse incluso antes de ver el mar.
Desde el asiento de atrás, el sonido constante de un videojuego llenaba pequeños silencios.
-¡No, no, no...! -murmuró Connor, inclinando la consola-. ¡Corre, corre, corre!
Hannah sonrió sin apartar la vista de la carretera.
-Vas a marearte.
-No -respondió él automáticamente-. Estoy en una carrera.
-Ya lo veo.
Un segundo.
-¿Falta mucho, mamá?
Ahí estaba.
Natural. Sin esfuerzo.
Hannah miró por el retrovisor.
-Diez minutos.
-Has dicho eso antes.
-Y lo seguiré diciendo hasta que lleguemos.
Connor suspiró dramáticamente, dejando caer la cabeza hacia atrás.
-North Harbour parece aburrido.
-Todavía no has llegado.
-Pero no hay nada.
-Porque aún no ves el mar.
Connor levantó un poco la cabeza, interesado... pero solo un poco.
-¿Hay helados?
-Sí.
-¿De los buenos?
-De los muy buenos.
Eso sí captó su atención.
Apagó la consola.
-Vale.
Hannah soltó una pequeña risa.
-En verano esto está lleno -añadió-. Turistas, música, gente por todas partes...
Connor apoyó la barbilla en el respaldo del asiento delantero.
-¿Y en invierno?
Hannah dudó un segundo.
-En invierno... es tranquilo.
-Eso es aburrido.
-Eso es silencio.
Connor la miró como si no estuviera convencido.
-Prefiero el verano.
-Normal.
Y entonces...
La radio cambió de canción.
Unos acordes conocidos llenaron el coche.
Hannah reaccionó al instante.
-¡NO!
Connor dio un pequeño bote.
-¿Qué pasa?
Pero ella ya estaba subiendo el volumen.
-¡CALLA!
Y empezó a cantar.
"Volver no es rendirse, es saber dónde arder,
donde el alma descansa sin dejar de correr.
Llevo el mundo en las botas, pero el norte en la piel,
porque casa es el fuego que me vuelve a encender.
Y si me pierdo mil veces, mil sabré regresar,
no hay cadena en el viento, no me puede atar.
Ser libre es el camino... pero también volver. Porque Casa es el grito que me hace renacer."
Fuerte. Sin vergüenza. Como si el coche fuera solo suyo.
Connor la miró con cara de absoluta sorpresa.
-Mamá...
Ella le señaló con un dedo, sin dejar de cantar.
-¡TÚ TAMBIÉN!
Connor no lo dudó ni medio segundo
-¡"Es el grito que me hace renacer"!
Desafinando. Gritando y riéndose. Había crecido escuchando esa canción.Cuando se repitió el estribillo, ya estaban los dos completamente metidos en la canción. Fue un desastre maravilloso.
Cuando terminó, Connor se dejó caer contra el asiento, todavía riendo.
-Otra vez.
Hannah negó con la cabeza, sonriendo.
-Ni de broma.
-¡Otra vez!
-Que no.
-¡Otra vez!
-Connor...
-Vale -cedió él, cruzándose de brazos-. Pero porque yo quiero.
Hannah soltó una risa breve.
Más ligera.
Más viva.
Connor señaló la radio.
-Hacia mucho que no la escuchaba
-Hace mucho que no se escucha North Harbour.
Connor frunció el ceño.
-¿Por qué?
-Sí, siguen en activo... -aclaró Hannah-. Pero hace años que no sacan canciones nuevas.
-¿Entonces?
-Siguen viviendo de las antiguas. Giras, reproducciones... esas canciones fueron muy grandes.
Connor asintió, impresionado.
-Pues hicieron bien.
Hannah sonrió levemente.
-Sí... lo hicieron.
Hannah bajó un poco el volumen.
-Las canciones eran de alguien que nadie conocía.
Connor se inclinó hacia delante entre los asientos.
-¿Cómo que nadie?
-Firmaba como Jay Fisher. Pero nadie sabía quién era de verdad.
Connor abrió los ojos.
-¿Como un superhéroe?
Hannah sonrió.
-Algo así.
-¿Y tenía poderes?
-Escribía canciones que todo el mundo cantaba.
Connor asintió, convencido.
-Eso cuenta.
Hannah negó con la cabeza, divertida.
-Ganó un concurso cuando yo tenía doce años. Y a partir de ahí se hizo famoso.
-¿Y sigue vivo?
-Nadie lo sabe.
Connor se quedó en silencio un momento.
Procesando.
-Eso es un poco raro.
-Bastante.
Hannah miró al frente.
-Pero lo más raro es que donó muchísimo dinero a este pueblo.
Connor volvió a asomarse a la ventana.
-¿Para qué?
-Para arreglar cosas. Casas, el paseo, el puerto...
Connor miró el paisaje con nuevos ojos.
-Entonces este sitio existe gracias a él.
-En parte, sí.
Connor sonrió.
-Me cae bien.
Hannah lo miró por el retrovisor.
-A mí también.
El coche tomó la última curva.
Y entonces apareció.
El mar.
Azul, brillante, enorme.
Connor se incorporó de golpe.
-¡MAMÁ!
-¿Qué?
-¡ESO ES ENORME!
Hannah sonrió.
-Te lo dije.
Connor pegó la cara a la ventana.
-Vale... esto no es aburrido.
-No.
Hannah volvió a mirar al frente.
Y por un instante...
Pareció que algo en ella se suavizaba.
-No lo es.




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