Alex
El golpe seco de sus zapatillas contra la tierra marcaba el ritmo: uno, otro, otro más.
El aire le quemaba los pulmones, pero no bajaba el ritmo. No sabía correr despacio. Nunca lo había hecho.
Tobías avanzaba unos metros por delante, ágil, atento, girando la cabeza de vez en cuando.
Como si comprobara que Alex seguía ahí. Siempre lo hacía.
Alex llevaba gafas de sol, camiseta oscura pegada al cuerpo y pantalones cortos.
Los auriculares escupían guitarras y batería. Mucho ruido.
Lo suficiente como para no pensar. O intentarlo. Pero no funcionaba. Nunca funcionaba.
FLASHBACK - Última llamada de Bradford
El móvil vibró. Alex miró la pantalla.
Bradford.
Frunció el ceño, pero contestó.
-Dime.
Silencio al otro lado. Había ruido de fondo. Viento.
-Alex...
La voz de Bradford sonaba... distinta: más baja y más tensa.
Alex se incorporó ligeramente.
-¿Dónde estás?
-Escúchame -cortó Bradford-. No tengo mucho tiempo.
Eso no le gustó. Para nada.
-¿Qué pasa?
Un segundo de silencio. Demasiado largo.
-Tenías razón.
El mundo se detuvo.
-¿Sobre qué?
-El caso... no está cerrado.
-Eso ya lo sé. ¿Qué has encontrado?
Respiración al otro lado.
Irregular.
-No es solo una desaparición.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
-Explícate.
-Hay nombres que no deberían estar ahí.
-¿Qué nombres?
Otro silencio más prolongado.
-Si te digo esto, no hay vuelta atrás.
Alex apretó la mandíbula.
-Bradford...
-Prométeme que no vas a contarlo.
-No lo haría.
-Promételo.
La urgencia en su voz... No era normal.
-Lo prometo -cedió.
Un suspiro al otro lado.
-No confíes en nadie.
-Eso tampoco es nuevo.
-Alex... -su voz bajó aún más-. Esto es más grande de lo que crees.
Un golpe seco y más ruido.
Como si algo hubiera caído.
-¿Bradford?
Silencio.
-¿Bradford?
Respiración agitada.
Lejana.
-Si algo me pasa...
No terminó la frase.
-No digas eso. Dime dónde estás.
El viento volvió a colarse en la llamada.
Y entonces.., La línea se cortó.
Presente
El ladrido de Tobías lo sacó de golpe.
Alex parpadeó, volviendo al presente demasiado rápido.
Se quitó uno de los auriculares, respirando hondo.
Como si pudiera expulsar el recuerdo. No podía. Nunca podía.
-Vamos -murmuró.
Tobías salió disparado.
El bar
El cartel de madera crujía ligeramente.
-¡TIO!
Su sobrino Dylan apareció corriendo.
Alex apenas tuvo tiempo antes de que el niño se le abalanzara.
-¡Eh! ¡Cuidado, que estoy sudando!
Dylan se apartó riendo.
-Das asco.
-Gracias, campeón.
Le revolvió el pelo.
-¿Has crecido o me estoy encogiendo?
-Las dos cosas.
Alex se llevó una mano al pecho.
-Traidor.
Tobías se acercó moviendo la cola.
-¡Tobías! -dijo Dylan, agachándose.
-Te lo dejo cinco minutos -añadió Alex-. Cuídalo.
-Siempre lo cuido.
-Eso dices... pero luego le enseñas cosas raras.
-No son raras.
-Hablas con él como si te contestara.
Dylan lo miró serio.
-A veces lo hace.
Alex parpadeó.
-...vale, me voy.
Entró en el bar. Ruido. Voces cruzadas. El tintinear del cristal.
Y allí... Su sobrina, Claire. Tenía 13 años y llevaba unos auriculares enormes y unas gafas de sol. En sus manos, llevaba un libro abierto.
-Buenos días, criatura del bosque.
Ella levantó la vista apenas.
Lo miró y volvió al libro. Alex asintió.
-Siempre un placer.
Ella levantó el dedo índice en un gesto obsceno.
-Mira quién aparece.
Will salió de detras de la barra.
-Hermanito.
Alex se acercó.
-Qué cariñoso.
-Tienes mala cara.
-Es mi encanto.
Will le pasó una botella de agua.
-¿Has dormido?
-Lo justo.
Will lo observó.
-Sigues con lo de Bradford?
Alex bebió y se quedó callado.
-Fue raro -dijo Will.
-Fue más que raro.
-Se cerró el caso.
Alex apoyó la botella.
-Mal hecho.
Will suspiró.
-Alex...
-Me llamó -soltó.
Eso hizo que Will se quedara quieto.
-¿Cuándo?
-Antes de morir.
Silencio.
-¿Y?
Alex negó levemente.
-Dijo que tenía razón.
Will frunció el ceño.
-¿Sobre qué?
-Que el caso no estaba cerrado.
Más silencio. Más pesado.
-Eso cambia cosas -murmuró Will.
-Sí.
El móvil vibró sobre la barra.
Alex bajó la mirada.
Elena.
La pantalla iluminó su cara durante un segundo. Will lo vio pero bo dijo nada. Alex tampoco.
El móvil siguió vibrando. Una vez y otra. Y luego se detuvo.
Alex lo cogió.
Lo miró un segundo más. Como si dudara, como si algo tirara de él. Pero no... Bloqueó la pantalla y lo guardó. Como si no importara y como si fuera fácil ignorarlo.
-¿Quién era? -preguntó Will, sin presionar demasiado.
-Nadie.
Mentira. Pero una de las que se dicen sin pensar.
Will lo sostuvo con la mirada un instante. Sabía que no era cierto. Pero tampoco insistió.
-Pues yo lo que veo es otra cosa.
María apareció, como siempre.
Y le revolvió el pelo.
-¡Eh!
-Estás horrible.
-Gracias.
-Tengo una chica para ti.
-No.
-Es perfecta.
-No.
-Es guapa.
-No.
-Es lista.
-No.
-Tiene paciencia.
Alex la miró.
-Eso ya da miedo.
Will soltó una risa. María se inclinó hacia él.
-Necesitas que alguien te derrita ese corazón negro que tienes.
Alex sostuvo su mirada un segundo.
Y respondió, tranquilo:
-Este corazón funciona perfectamente.
María sonrió.
-Eso ya lo veremos.
Alex dejó la botella vacía sobre la barra.
-Luego vuelvo -murmuró.
-Eso dices siempre -respondió Will.
-Y siempre vuelvo.
-Es un milagro.
Alex sonrió de lado y se giró hacia la puerta.
-No hagas ninguna tontería -añadió Will.
-Llegas tarde para eso.
El sol lo golpeó de nuevo al salir. Estaba más alto ahora y hacía más calor.
Dylan seguía en la puerta, sentado en el suelo con Tobías.
-¿Ya? -preguntó.
-Ya.
-Ha sido rápido.
-Soy eficiente.
Dylan rodó los ojos.
-Claro.
Alex silbó suavemente.
-Vamos.
Tobías no se movió. Era extraño.
-Tobías.
El perro seguía quieto con el cuerpo tenso, las orejas levantadas y la mirada fija hacia la carretera.
Alex frunció el ceño.
-¿Qué pasa?
Tobías avanzó un par de pasos. Olfateando el aire con intensidad. Como si hubiera captado algo importante.
Dylan se levantó.
-¿Ha visto algo?
-No...
Alex lo observó. Algo no encajaba.
No era una reacción normal.
Era una reacción profesional canina. De las que no fallaban.
-Tobías.
El perro giró levemente la cabeza mirando la carretera, el pueblo. Algo había llegado. O alguien. Alex siguió su mirada, pero no vio nada; solo el calor del verano elevándose sobre el asfalto.
-Vamos -insistió.
Esta vez, Tobías obedeció.
Pero tardó un segundo más de lo normal.
Y antes de girarse del todo... Volvió a olfatear el aire.