Fuego y Hielo

Capítulo 1: Parte 5

El encuentro

Connor caminaba sin rumbo. Las manos en los bolsillos.
La cabeza baja.
El puerto bullía de vida a su alrededor, pero él no lo veía.
Solo pensaba en una cosa. Su padre. No sabía quién era.
No sabía dónde estaba. No tenía un nombre. Ni una foto.
Nada. Bueno... casi nada.
Se sentó en un banco, en el aparcamiento del puerto.
Miró a su alrededor. Y sacó una bolsita pequeña de terciopelo azul.
La sostuvo entre los dedos. Como si fuera lo único que tenía en el mundo. Lo único que lo conectaba con alguien que ni siquiera conocía.

Alex

El agua aún resbalaba por su cuello cuando salió del baño de su velero. Se secó el pelo con una toalla, sin demasiada paciencia.
El móvil vibró sobre la mesa. La pantalla se iluminó. Elena.
Alex lo miró. Un segundo. Dos. Lo suficiente. Bloqueó la pantalla.
Se vistió rápido.
-Vamos, Tobías.
El perro ya estaba listo. Siempre lo estaba.
El aparcamiento del puerto apareció frente a ellos. Alex caminaba rápido. Llegaba tarde. Otra vez.
-Genial -murmuró.

El robo

Connor seguía mirando la bolsita. No la había abierto. No hacía falta. Sabía lo que había dentro. Sabía lo que significaba.
De repente sintió un tirón rápido y brusco.
La bolsita desapareció de sus manos. Connor parpadeó. Un segundo, dos... vió su mano vacía. Hasta que lo entendió.
-¡Eh!
Fue demasiado tarde. El ladrón ya corría.

Alex

Lo vio todo. El movimiento. El tirón. El niño.
-Tobías.
El perro se tensó al instante.
-Quédate con él.
No hizo falta más. Tobías se quedó junto a Connor en actitud firme y protectora.
Alex ya estaba corriendo. El ladrón no llegó lejos. Le alcanzó antes del final del aparcamiento.
Un giro, un agarre y un movimiento limpio. Hizo una llave de Taekwondo.
El cuerpo del ladrón golpeó el suelo con un sonido seco.
-Se acabó.
Las esposas hicieron clic.
-¡No he hecho nada, tío!
-Claro que no.
El tono de Alex era peligroso. Lo levantó de un tirón.
-Vamos.

De vuelta

Connor no se había movido. Tobías estaba a su lado. Olfateando, vigilando y moviendo ligeramente la cola. Pero muy atento.
Alex se acercó con el ladrón.
-Cállate -gruñó cuando empezó a hablar de más.
Le golpea en la nariz con el brazo. Se quedó en silencio. Mejor así.
Fue entonces, cuando su atención se centró en el niño. Era bajito y de complexión pequeña. Parecía tener 6 o 7 años. Tenía el pelo castaño y un flequillo desordenado. Pero no era eso lo que le llamó la atención. Eran sus ojos enormes y marrones. Y llenos de algo que no encajaba con su edad. Miedo... sí. Pero también calma. Demasiada.
Alex frunció ligeramente el ceño y sacó la bolsita.
-¿Es tuya?
Connor asintió. Sin apartar la mirada. Pero no estaba mirando la bolsita. Estaba mirándolo a él. Como si... Como si fuera un dios.
-¿Cómo has hecho eso?
Alex parpadeó.
-¿El qué?
-Lo de tirarlo al suelo.
Alex esbozó una media sonrisa.
-Es Taekwondo.
Connor abrió un poco los ojos.
-Yo hago yudo.
-Vaya! Eso está genial. Yo también lo practico. Antes más que ahora.
-Pero eso no lo había visto nunca.
-Son disciplinas distintas.
Connor asintió procesando la información muy rápido. Fue cuando vio las esposas.
-¿Eres policía?
Alex dudó una fracción de segundo.
-Sí. Y él también -dijo señalando al perro.
-Mi mamá también lo es.
-¿Sí?
Connor asintió.
-Hemos venido hace poco.
Se miraron y Connor estiró la mano.
-Connor.
Como un adulto. Alex la miró y la estrechó. Su mano pequeñita cabía perfectamente dentro de la suya más grande.
-Alex.
Le dió un apretón firme. Connor sonrió. Una sonrisa amplia desdentada y luminosa.
-Eres muy guay.
Alex soltó una pequeña risa baja e inesperada. Hacía mucho que nadie le producía una risa tan sincera.
-No se lo digas a nadie.
Tobías decidió intervenir. Se acercó a Connor. Le empujó suavemente y empezó a lamerle la cara.
-¡Eh! ¡Para!
Connor soltó una carcajada limpia y sonora. De esas que no se pueden fingir. Risa de cascabeles. Alexse quedó quieto. Mirándolo. Escuchándolo.
Hacía años que no oía una risa así. Como si hubiera olvidado que existía.
Y algo dentro de él... Jamás olvidaría esa forma de reír. Qué hacía que algo cálido le llenara por dentro. Se movió. Sin saber por qué. Sin entenderlo. Pero sin poder ignorarlo.




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