FLASHBACK
—Año 2002-
Alex y Hannah, 7 años
Alex
Alex arrastraba la bolsa de deporte por la acera. El cinturón del kimono casi desatado se le iba soltando mientras caminaba. No lo arregló. Le daba igual. Iba mirando al suelo, dándole patadas a una botellita.
—Otra vez no ha venido...
Frunció el ceño. No lo entendía. Antes sí iba, siempre iba. Antes... Antes jugaban juntos a todo: en el recreo, en clase, después del cole. Eran inseparables.
Hannah era su muy mejor amiga, la mejor de todas. Pero ahora no. Ahora siempre estaba ocupada. Siempre con libros. Siempre diciendo que tenía que estudiar.
—Qué rollo...
Alex bufó. Para él, estudiar era fácil. Demasiado. Le aburría.
No entendía por qué a ella le gustaba tanto.
Y había otra cosa. Algo que ni siquiera le había contado. Su mayor secreto.
Había empezado a tocar la guitarra. Al principio era raro, difícil. Pero ahora... Ahora no podía dejar de pensar en ello.
Todo el tiempo. Melodías, acordes y sonidos que no sabía explicar. Que le venían a la cabeza sin parar. Incluso cuando caminaba. Incluso ahora mismo.
Quería contárselo. A Hannah. Porque a ella se lo contaba todo. O lo hacía antes. Pero ahora ya no sabía si podía.
Se detuvo un momento y pensando.
-...¿Y si estudio más?
La idea le hizo torcer la boca.
-¿Y si así me hace caso otra vez?
No le gustaba estudiar. Pero tampoco le gustaba que no jugara con él.
Hannah
Hannah estaba sentada muy recta en su pupitre. Las manos juntas sobre la mesa. Esperando.
A su lado, Eleanor Martínez movía el pie sin parar.
-Estoy nerviosa —susurró.
Hannah negó ligeramente con la cabeza.
-No hay motivo.
Lo tenía claro. Había estudiado, había repasado, había hecho todo bien. Siempre lo hacía. Iba a ser la mejor. Como siempre. Pero aun así...
Miró hacia atrás. Sin girarse del todo. Solo un poco. Lo suficiente.
Alex estaba allí. Sentado unos pupitres más atrás, mirando por la ventana. Como si nada. Como si no le importara nada.
Hannah bajó la mirada. Le echaba de menos. Mucho. El otro día... Parecía enfadado. Pero no entendía por qué.
A ella le gustaba estudiar. Le gustaba aprender cosas nuevas. No estaba haciendo nada malo.
Solo... Solo tenía que esperar. A Navidad. Entonces todo volvería a ser como antes. Seguro. Porque Alex era su muy mejor amigo.
La puerta de la clase se abrió y la señorita Fletcher entró.
-Bien, chicos.
Los niños se callaron.
-Vamos a decir las notas del examen.
Llevaba los exat en la mano.
Hannah se preparó. Se puso recta en una postura perfecta.
—Hannah Jones...
Un pequeño segundo.
—Un 9'5. Excelente examen.
Hannah sonrió. Lo sabía. Claro que lo sabía.
Siguió diciendo las notas. Uno a uno.Sin importancia.
Hasta que...
-Alexander Mallory...
Hannah levantó la cabeza.
-10. Enhorabuena. Hoy has sido el mejor de la clase.
La clase guardó enmudeció de sorpresa. Pero no dentro de Hannah. Dentro de Hannah todo estalló. Y vio todo rojo. Todo.
"No. -pensó-. No podía ser. No él."
Se giró despacio. Muy despacio. Hasta encontrarlo. Si había algo que Hannah odiara más en el mundo, eso era perder.
Alex pensó que ella lo estaba mirando. Por fin. Después de días, después de semanas.
Y entonces... Sonrió. Esa sonrisa de lado. La que hacía que más se le marcará su hoyuelo en la mejilla.
Como si supiera algo, como si hubiera ganado.
Y en ese momento... Algo cambió. Para siempre.
El día que Hannah Jones odió a Alex Mallory, por primera vez... Él simplemente, sonrió.