Fuego y Hielo

Capítulo 2: Parte 2

Connor

Connor balanceaba las piernas sentado en el banco, sin poder estarse quieto. A su lado, Chloe lo miraba de reojo con una sonrisa divertida mientras él hablaba sin parar, atropellando casi las palabras por la emoción.
-Y entonces apareció, así, de repente -decía, gesticulando-. Y habló conmigo como si me conociera de toda la vida. Te lo juro, Chloe... es la persona más guay que he conocido nunca.
Hizo una pequeña pausa, pensativo.
-Bueno... después de mi madre.
Chloe soltó una risa suave.
Frente a ellos, el mural ocupaba toda la pared. Bienvenidos a North Harbour se leía en grandes letras, rodeadas de una explosión de colores que no seguían ningún orden lógico y, aun así, encajaban a la perfección. Era caótico, pero bonito. Como si alguien hubiera decidido que el desorden también podía tener sentido.
Connor lo miraba de vez en cuando mientras hablaba, como si algo en ese mural le llamara la atención sin saber muy bien por qué.
-¿Y cómo se llama? -preguntó Chloe.
-Alex.
El nombre le salió con una especie de orgullo.
En ese momento, una voz los interrumpió.
-¿Chloe?
Los dos giraron la cabeza.
Un chico se acercaba hacia ellos con una sonrisa fácil, vestido con un uniforme blanco de taekwondo. Chloe se levantó de un salto.
-¡Dylan! -exclamó-. ¡Cuánto tiempo!
Se abrazaron con naturalidad.
-Desde el verano pasado, ¿no? -dijo él.
-Sí... -Chloe sonrió-. A ver si llega ya el cuatro de julio y hacemos algo.
-Eso está hecho.
Connor los observaba en silencio, curioso, hasta que Chloe se giró hacia él.
-Dylan, él es Connor, mi primo.
-Hola -dijo Connor, incorporándose un poco.
-Hola -respondió Dylan, con una media sonrisa.
Connor lo miró de arriba abajo, deteniéndose en su ropa.
-¿Y eso que llevas?
Dylan bajó la vista, como si acabara de acordarse.
-Ah, esto... es de taekwondo.
-¿Sabes pelear?
-Más o menos -respondió él, encogiéndose de hombros-. Me ha enseñado mi tío.
Connor inclinó la cabeza, interesado.
-¿Tu tío?
-Sí.
-¿Y es bueno?
Dylan sonrió, esta vez con un punto de orgullo.
-El mejor.
Connor frunció ligeramente el ceño.
-¿Cómo se llama?
-Alex.
El silencio que siguió fue breve, pero lo suficientemente largo como para que Connor abriera los ojos un poco más.
-¿Alex?
-Sí -repitió Dylan-. ¿Por qué?
Connor sonrió despacio.
-Creo que conozco a tu tío.
Se miraron un segundo, compartiendo algo que ninguno terminaba de entender del todo.
Después, casi al mismo tiempo, los tres desviaron la mirada hacia el mural.
Los colores parecían moverse con la luz.
Connor entrecerró los ojos.
-Es chulo.
Dylan asintió.
-Mi padre dice que es como un castigo o algo así.
Connor no apartó la vista.
-Pues a mí me gusta.
Y, por alguna razón, no supo explicar por qué.

Comisaría

La sala de reuniones empezó a llenarse poco a poco, el murmullo de voces mezclándose con el sonido de sillas arrastrándose.
Hannah llegó a la puerta al mismo tiempo que Alex.
Casi chocaron.
Se detuvieron a escasos centímetros.
Durante un segundo, ninguno dijo nada.
Alex alzó ligeramente una ceja... y, con una media sonrisa, hizo una pequeña reverencia exageradamente educada, dejándola pasar.
Hannah no respondió. Simplemente entró.
Él la siguió.
Alex se dirigió directamente al fondo de la sala y se dejó caer en una silla con esa postura suya, relajada hasta rozar la insolencia. Hannah, en cambio, ocupó la cabecera de la mesa, erguida, controlada, completamente en su papel.
Cuando la sala terminó de llenarse, el silencio se fue imponiendo poco a poco.
Hannah comenzó a hablar.
-Sé que algunos ya me conocéis -dijo, recorriendo la sala con la mirada-, pero eso no significa que vaya a bajar la guardia.
Su voz era firme, segura.
Mientras hablaba, Alex empezó a tamborilear suavemente con los dedos sobre la mesa. Un gesto casi imperceptible, rítmico.
Y entonces se detuvo de golpe.
Frunció el ceño.
¿Qué cojones...?
Metió la mano en el bolsillo de la camisa y sacó un pequeño cuaderno. Lo abrió sin pensar demasiado y empezó a garabatear algo rápido, como si la idea pudiera escaparse en cualquier momento.
Hannah continuó.
-Actualmente tenemos dos casos abiertos. El primero: una cadena de robos en joyerías.
-Demasiado limpios -murmuró Alex, casi para sí.
Hannah se detuvo.
-¿Perdón?
Alex alzó la vista, tranquilo.
-Que son demasiado limpios. No dejan rastro porque no lo necesitan.
El silencio se tensó un instante.
Hannah sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario antes de continuar.
-El segundo caso -prosiguió- tiene que ver con varias denuncias por acoso. Mujeres que aseguran sentirse seguidas por un hombre.
-No es una sensación -volvió a murmurar Alex-. Es un patrón.
Hannah apretó ligeramente la mandíbula.
-Repítelo.
-Que no es sensación -dijo él, esta vez en voz normal-. Si varias coinciden es porque es verdad, alguien está midiendo los tiempos.
Hannah lo observó un instante.
Seguía escuchando.
Seguía analizando.
Y eso la irritaba más de lo que debería.
Respiró hondo y continuó con la reunión, pasando a explicar la organización del equipo, las dinámicas de trabajo y lo que esperaba de todos durante su estancia allí.
-Aquí se trabaja en equipo -añadió-. Y eso implica coordinación, respeto y...
-Confianza -interrumpió Alex, apoyando la espalda en la silla-. Algo complicado si partes de la desconfianza.
Hannah lo miró directamente.
-La confianza se gana.
-Y la autoridad también.
Michael suspiró desde un lateral.
-¿Otra vez?
Pero ya era tarde.
-¿Tienes algún problema con que esté aquí? -preguntó Hannah, sin rodeos.
El ambiente se tensó.
-Ninguno.
-Entonces acláramelo -insistió ella-. ¿El problema es que sea tu superior... o que sea mujer?
El cambio en Alex fue inmediato.
La sonrisa desapareció.
-No te equivoques -dijo, más serio-. Si estás en ese puesto es porque eres la mejor.
Silencio.
Real.
Hannah no supo qué hacer con eso.
No con él.
No así.
Parpadeó una vez, rompiendo el momento, y cerró la carpeta con un gesto seco.
-Se acabó la reunión.
Se giró sin añadir nada más y salió de la sala.
Las conversaciones empezaron a retomarse en voz baja.
Alex no se movió.
Seguía sentado, con el cuaderno abierto entre las manos.
Bajó la mirada.
Observó lo que había escrito.
Y por primera vez desde que había entrado en esa sala...
no sonrió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.