Fuego y Hielo

Capítulo 2: Parte 3

Hannah

Hannah abrió la puerta del coche con un movimiento automático y dejó caer el bolso en el asiento del copiloto. El móvil lo siguió un segundo después. Cerró de un golpe suave y, por un momento, se quedó completamente quieta.
Entonces dejó caer la cabeza hacia atrás.
El techo del coche se volvió lo único que veía.
Y su corazón.
Demasiado rápido. Demasiado fuerte.
Cerró los ojos y soltó el aire lentamente, como si intentara convencerse de que podía controlar algo que claramente no estaba bajo su control.
Se inclinó hacia el asiento de al lado, cogió el móvil y, sin pensarlo demasiado, buscó una canción.

🎶 "Donde Baja el Ruido" — North Harbour 🎶

La música empezó suave, casi como un susurro.
Los primeros acordes llenaron el interior del coche, envolviéndola poco a poco. Hannah no se movió. Solo escuchó.
Se le enreda el mundo en la respiración...
Sus dedos, aún tensos, empezaron a relajarse muy despacio sobre su regazo. La mandíbula dejó de apretarse. El aire entró un poco más profundo.

"late demasiado fuerte el corazón..."

Una exhalación más larga.

"Luces que no paran de parpadear..."

Su respiración se acompasó con la música sin que se diera cuenta. El pecho dejó de doler. No del todo, pero lo suficiente.
Cuando llegó el estribillo, Hannah abrió los ojos.

"Donde baja el ruido y puedo respirar..."

Tragó saliva. Algo en esa frase se le quedó enganchado.

"...donde el pecho aprende a no gritar."

Sus hombros descendieron un poco más.

"No hay prisa en el tiempo, no hay que demostrar... que a veces perderse también es descansar."

Cerró los ojos otra vez.
Y por primera vez desde que había entrado en aquella sala... no pensó en Alex.
El segundo verso llegó como una marea más tranquila. Sus manos se aflojaron del todo, apoyadas sobre sus piernas. El nudo en el estómago dejó de ser un nudo.
Más bien... una sombra.

"Y si el miedo vuelve a llamar... no le cierres... déjalo pasar."

Respiró hondo.
Y lo hizo.
Cuando la canción llegó al último estribillo, el coche parecía otro lugar. Más silencioso. Más amplio.

"Donde baja el ruido... puedo respirar..."

Y esta vez... era verdad.
La canción terminó.
El silencio volvió, pero ya no pesaba.
Hannah abrió los ojos lentamente. Se incorporó. Su respiración era estable. El pulso, más lento.
No estaba bien.
Pero estaba mejor.
Mucho mejor.
Giró la llave.
El motor cobró vida.
Y entonces...
La pantalla del móvil se iluminó.
Una llamada entrante.
Hannah miró el nombre.
Ian.
Cerró los ojos un segundo.
—Lo que faltaba para terminar el día... —murmuró.

Bar de Will

El bar de Will estaba lleno del murmullo habitual de final de jornada. Conversaciones a media voz, el sonido de vasos chocando, risas dispersas. En una de las mesas, Michael, Monty y otros tres policías compartían cervezas después del turno.
En la barra, Alex estaba sentado solo, con un botellín entre los dedos y el ceño ligeramente fruncido. No parecía estar escuchando nada... pero lo estaba oyendo todo.
Will limpiaba vasos detrás de la barra.
A unos metros, Claire ocupaba una silla alta, con sus auriculares enormes, un libro abierto en las manos y unas gafas de sol que no tenían ningún sentido a esas horas.
—Yo solo digo que esto va a cambiar —comentó uno de los policías—. Se nota.
—Y para bien —añadió otro—. Tiene carácter.
—Y presencia —dijo un tercero—. No se le escapa una.
—Sabe lo que hace —continuó otro—. Se nota que ha trabajado fuera.
—Y no se deja pisar —remató Michael.
—Ni un poco.
Alex dio un trago a su cerveza.
—Qué ilusión.
—No, en serio —insistió uno—. Es de las mejores que han pasado por aquí.
—Claro, claro —murmuró Alex—. Un encanto.
—A mí me parece un sueño —dijo Monty.
Alex soltó una risa breve, sin humor.
—Una pesadilla, más bien.
Claire levantó la vista de su libro.
—Estás nervioso.
Alex giró la cabeza despacio mirando a su sobrina.
—Eres muy joven para estar aquí a estas horas.
Claire se encogió de hombros.
—Tengo trece años. Y estoy de vacaciones.
Alex resopló.
Y entonces lo vio.
El bote.
Detrás de la barra.
Billetes dentro.
Un cartel:
Fuego y Hielo
Su expresión cambió.
—¿Otra vez estáis con eso?
Se giró hacia todos.
—¿En serio?
Miró a Will.
—Eres mi hermano. Se supone que tienes que estar de mi lado.
Se levantó de golpe.
—Olvidaos de eso.
Se detuvo en la puerta.
—Eso pasará cuando el infierno se congele.
Pausa.
—Jamás.
Y salió.
El silencio que dejó fue incómodo.
Monty fue el primero en reaccionar.
—¿A qué ha venido eso? Nunca le había visto así con nadie y mucho menos con una inspectora.
Michael suspiró.
—Porque no es "una inspectora".
Y entonces lo contaron.
Las discusiones. Las competiciones. La forma en la que siempre chocaban.
Cuando terminaron, Monty volvió a mirar el bote.
—¿Y eso?
—Historia del pueblo —dijo Will, apoyándose en la barra.
Entre unos y otros fueron completando el relato.
—Tenían ocho años —empezó uno.
—Una obra de teatro —añadió otro.
—La princesa de hielo y el príncipe de fuego.
—Un rollo —dijo Michael.
—Y la cambiaron —continuó Will—. Improvisaron todo.
—Fue un caos —añadió alguien.
—Pero el mejor caos —dijo un anciano.
Will sonrió.
—Ahí empezaron a llamarlos Fuego y Hielo.
—Y las apuestas —añadió el anciano.
—¿Apuestas? —preguntó Monty.
—Cuánto tardarían empezarían a salir juntos.
Monty negó.
—Mejor que no se vuelvan a ver nunca. Visto lo visto.
El anciano sonrió.
—Están hechos el uno para el otro. No hay mas que verlos. Son como un imán. Cuando uno se aleja, el otro lo busca.
Will señaló el bote.
—Este es el segundo. El primero llegó a cinco mil dólares.
Risas.
—Si yo fuera Alex... —dijo el anciano— esa chica ya habría tenido tres hijos suyos.
Monty negó.
—Estoy deseando ver cómo el infierno se congela.
Claire cerró su libro.
Se levantó.
—No la subestiméis.
Will la miró.
—¿Perdona?
—Que no la subestiméis.
Se bajó las gafas.
Sus ojos verdes brillaron.
—Si no están juntos... es porque ella no ha querido.
Silencio.
Claire sonrió.
—Si fuera al revés... el infierno se habría congelado hace mucho tiempo.
Se dio la vuelta y salió del bar.
Con calma.
Con seguridad.
Pensando solo una cosa:
Tenía muchas ganas de conocer a Hannah Jones.
Porque alguien, por fin, había despertado a su tío del letargo.
Y aquel verano... iba a ser muy divertido.




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