Fuego y Hielo

Capítulo 2: Parte 7

📘 FLASHBACK

Año 2003

Hannah y Alex, 8 años

El papel crujía entre sus manos.
Alex lo sostenía como si fuera algo sospechoso, no un simple guion. Fruncía el ceño, pasando las páginas con desgana, mientras a su lado Hannah leía en voz baja, cada vez más rápido, como si quisiera terminar cuanto antes.
-Es aburrido -murmuró Alex.
-Mucho -respondió Hannah sin levantar la vista.
Hubo un silencio corto. De esos en los que ninguno quiere seguir leyendo pero tampoco quiere ser el primero en decirlo.
Hannah cerró el guion de golpe.
-No tiene sentido.
Alex la miró, interesado.
-¿El qué?
-Esto -dijo, señalando las páginas-. ¿Por qué el príncipe tiene que salvar a la princesa?
Alex se encogió de hombros.
-Porque siempre es así.
Hannah negó con la cabeza.
-Pues está mal.
Alex soltó una pequeña risa.
-Entonces no lo hagas.
-No puedo -respondió ella-. Soy la princesa.
Alex miró su propio papel.
-Y yo el príncipe...
Otra pausa.
Hannah lo observó de reojo.
-¿Por qué aceptaste ser el príncipe si no te gusta?
Alex abrió la boca para responder... pero se quedó en silencio.
No lo había pensado demasiado. O eso quería creer.
Bajó la mirada al guion.
-Porque... -empezó, pero se detuvo.
Porque ella era la princesa.
No lo dijo.
Se encogió de hombros.
-Porque nadie más quería.
Hannah lo miró unos segundos más, como si no terminara de creérselo.
Luego, sin aviso, sonrió.
-Cambiémoslo.
Alex levantó la vista.
-¿El qué?
-Todo.
Y ahí, en ese momento, sin grandes discursos ni planes, decidieron romper la historia.

🎭 SEGUNDA PARTE - LA FUNCIÓN

El murmullo del público llenaba el salón de actos. Desde detrás del telón, Alex se asomó apenas un centímetro. Demasiada gente.
-Hay mucha gente -susurró.
-Claro -respondió Hannah, completamente tranquila.
Alex la miró.
Llevaba un vestido blanco que parecía demasiado grande para ella, pero lo llevaba con una seguridad que hacía que no lo pareciera. El pelo medio recogido, algunos mechones sueltos cayendo por los lados.
Hannah no parecía una princesa. Parecía alguien que no necesitaba ser salvada.
Alex bajó la mirada a su propio traje rojo, incómodo y ridículo.
-Recuerda -dijo Hannah-. Lo nuestro.
Alex asintió.
El telón se abrió.
Un foco los iluminó.
Silencio.
Alex dio un paso al frente. Dudó apenas un segundo.
-Había una vez... -empezó, mirando al público- un príncipe que no sabía hacer nada.
Un murmullo recorrió la sala.
Hannah lo miró, conteniendo una sonrisa.
-Nada de nada -continuó Alex-. Ni luchar, ni montar a caballo... ni siquiera sabía cómo rescatar a alguien.
Desde un lado del escenario, el director susurró con urgencia:
-¡El guion!
Alex ni se giró y Hannah avanzó un paso.
-Y había una princesa -dijo- que sí sabía hacerlo todo.
Algunas risas se escaparon entre el público.
-Sabía luchar -continuó-. Y escalar torres. Y abrir puertas sin llaves.
El director volvió a susurrar, más nervioso:
-¡No es así!
Ellos siguieron.
-Un día -dijo Alex, entrando en el juego- el príncipe fue secuestrado.
-Por un dragón muy torpe -añadió Hannah.
-Que también necesitaba ayuda -remató Alex.
Las risas crecieron.
Hannah caminó por el escenario con determinación.
-Así que la princesa fue a salvarlos a los dos.
-Porque el príncipe se había quedado atrapado intentando escapar -explicó Alex.
-Y el dragón no sabía cómo salir de su propia cueva -dijo ella.
El público ya no intentaba contenerse.
El director, desde el lateral, se llevó las manos a la cabeza.
-¡El beso! ¡El final! -susurró desesperado.
Hannah miró a Alex.
Alex la miró a ella.
Silencio.
-¿Y ahora qué? -preguntó él, en voz baja, pero lo suficientemente alto para que se oyera.
Hannah se encogió de hombros.
-Ahora... -dijo- el príncipe aprende.
Alex sonrió, apenas.
-¿El qué?
Hannah lo miró directamente.
-Que no hace falta salvar a nadie para ser valiente.
Un silencio diferente cayó sobre la sala.
Más atento. Más real.
Alex asintió.
-Entonces... -dijo- la princesa y el príncipe se van.
-¿Juntos?
Alex dudó un segundo.
-Si quieren.
Hannah sonrió.
-Entonces sí.
Se dieron la mano.
Y sin beso, sin rescates clásicos, sin seguir ninguna norma... salieron del escenario. El público rompió en aplausos más fuertes de lo que nadie esperaba. Detrás del telón, el director no sabía si regañarlos... o aplaudir también.
Y Alex, todavía con la mano de Hannah entre la suya, pensó -sin saber ponerle nombre- que aquello había sido mejor que cualquier historia escrita.




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